Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de junio de 2007 Num: 641

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Heridas de un manual
de estilo

ANTONIO CAJERO

Yorgos Sarandaris
K. KAVAFIS

Contra el escepticismo histórico
CARLOS ALFIERI entrevista con ROGER CHARTIER

Rojo y negro: notas
sobre el anarquismo

MANFARIEL ADALÍ

Jaume el anarquista
RUBÉN MOHENO

Estela de Finnegan
(una versión anotada)

J.D. VICTORIA

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
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El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
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Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


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"No quedaba" de otra

Como detritos fílmicos y nada más deberían ser consideradas algunas películas de las que puede uno encontrar en exhibición esta semana –y la pasada, y la anterior, y la anterior a la anterior, así como la siguiente y la que le sigue a ésta–, con las cuales no es difícil confirmar una de tres: que los distribuidores tienen un pésimo gusto cinematográfico, que tienen un muy mal olfato comercial, o bien que no eligen lo que distribuyen. Vaya nada más un par de títulos para ejemplificar la insuperable grima que provoca la presencia simultánea de tantísima mediocridad.

Imagine usted a un puñado de raperos-peleoneros, que han hecho de las calles el escenario de sus disputas pueriles, convocados a la unión súbita en virtud de que quieren ganar un concurso reivindicatorio de quién sabe qué, para después verlos muy contentos luego de que comprendieron la importancia de ayudarse unos a otros. El resultado puede llamarse Baile urbano (Stomp the Yard) y haber sido perpetrado por Sylvain White, pero lo mismo podría titularse Deslizando la gloria (Blades for Glory) y haber sido pergeñada por Josh Gordon y Hill Speck, y no tratarse de raperos a los que les toma casi dos horas de pietaje pasar de ser falsamente "duros" a edulcoradamente buenaonda, sino de un par de patinadores carismáticos pero chocantes –y según el guión aquí no hay paradoja, créamelo–, que a regañadientes tienen que competir juntos en pos de la gloria aludida en el ridículo título de la cinta. El resultado es el mismo: en aras de alcanzar el éxito –entendido al estilo estadunidense, desde luego–, se vale cualquier traición a lo que se supone es uno mismo, siempre y cuando se disfrace de comprensión mutua y solidaridad.


Imagen del cartel de la película Camino a Guantánamo

Y si el gusto cinematográfico se muestra en toda su flaqueza, no es nada comparado con lo que –supongo– debe estar haciéndole perder a quien adquirió para exhibir este par de tristes desechos, por lo que el objetivo primario de todo distribuidor –sacar ganancias– no se cumple. A menos, claro, que intervenga aquí una de las tres confirmaciones antes aludidas, es decir, que nadie escogió esos bodrios sino que venían en paquete con otras cintas, ésas sí capaces de reportar utilidad, y "no quedaba" de otra más que exhibirlas.

PERO"SÍ QUEDABA"

El palo ya está dado; vale decir, ya se desperdiciaron salas de cine para exhibir –otra vez– los deshechos del peor Hollywood. No obstante, y por eso el hecho resulta todavía más enojoso, la cuestión es que –afortunadamente– resulta falso que no quedaba de otra, como viene a demostrarlo la presencia en cartelera de al menos tres propuestas que sí merecen ese apelativo.

Ganadora del Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín el año pasado, Grbavica: la revelación de Sara (Grvabica, 2006), de coproducción múltiple entre Bosnia-Herzegovina, Croacia, Austria y Alemania, es una intensa ficción naturalista que aborda la realidad contemporánea de los deudos de la guerra en Sarajevo. A través del relato de la tensa y compleja relación de la adolescente Sara con su madre, la directora Jasmila Zbanic consigue transmitir varias cosas a la vez: la impotencia frente al entorno social adverso que resulta de la devastación; la imposibilidad de comprender las necesidades del otro, incluso si éste es el ser humano más próximo; así como la búsqueda, denodada y sin mayores recursos que la necesidad misma, de establecer lazos de comunicación y apoyo mutuo.

Camino a Guantánamo (Road to Guantanamo, Inglaterra, 2006), docuficción dirigida por Michael Winterbottom y Mat Whitecross, quizá fue uno de los elementos a partir de los cuales el ex secretario de Defensa estadunidense Colin Powell recientemente se decidió a declarar lo obvio: que ese centro de iniquidad, tortura y anulación de todos los derechos humanos debe desaparecer no mañana sino hoy. A través de recreaciones de hechos y de entrevistas con cuatro jóvenes ingleses de origen pakistaní que por hacer nada fueron a dar a la base militar que Estados Unidos mantiene en Cuba, la cinta demuestra sin ambages el grado de locura impune al que ha llegado el seudogobierno de Baby Bush.

Por su parte, la coproducción peruana-española Madeinusa (2006), de Claudia Llosa, es un crispado relato acerca de una campesina adolescente que busca, sin conseguirlo ni siquiera con la que ella cree es la solución, escapar de un entorno que la confina a ser comparsa de los hombres. El interés de la trama alcanza para dejar de lado una factura más bien elemental.