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José Cruz, el mejor exponente del grabado de pepita en vidrio, expone en Fonart

"En las artesanías, simbiosis entre creatividad y misticismo"

"Algunos extranjeros que ven mi trabajo piensan que son obras de la ex Checoslovaquia", dice

Con diminutas piezas del tamaño de una semilla moldea figuras en jarrones o focos

JORGE CABALLERO

Ampliar la imagen José Cruz, en su taller de Xochimilco José Cruz, en su taller de Xochimilco Foto: Cristina Rodríguez

A los ocho años de edad José Cruz Guillén comenzó a aprender el grabado artesanal de pepita en vidrio. Cuatro décadas después está considerado como el mejor exponente en la elaboración de esta delicada y fina artesanía, única en el mundo. Dice: "No tengo competencia. Turistas extranjeros (alemanes, franceses, austriacos) que pasan por mi tienda ven mis artículos y no creen que yo los haya hecho. Incluso, me han dicho: 'ese lo vi en la ex Checoslovaquia'; entonces los invito a observar cómo hago mi trabajo y así se desengañan".

En entrevista con La Jornada, realizada en su taller de Xochimilco, el artesano explica en qué consiste el grabado artesanal que trabaja: "Se le puso este nombre porque se parece a la semilla del melón, y consiste en formar con ella figuras en piezas de vidrio, desde un vaso hasta un gran florero. Las pepitas tienen que ser ovaladitas, delicadas y estéticas. Lo importante de su elaboración está en hacer bien las figuras mediante esta técnica, no grabar el vidrio de forma malhecha, de modo que parezcan cacahuates, -como les decimos a los trabajos pésimos".

Cruz Guillén comercia su trabajo en su tienda ubicada en la Plaza San Jacinto, colonia San Angel, donde se pueden adquirir desde un largo frutero grabado con un ramo de alcatraces, una detallada Virgen de Guadalupe de 40 centímetros, adornando un florero, o un foco con una diminuta águila imperial mexicana, hasta una enorme águila juarista en un jarrón de 70 centímetros de altura. El trabajo de Cruz Guillén es adornar, decorar y engalanar el gélido y diáfano vidrio para dotarlo de vida y movimiento con esta añeja técnica .

Explica: "Hacer de forma deficiente el grabado de pepita en vidrio y ofrecerlo como una elaboración genuina es una falta de respeto hacia el cliente. Muchos artesanos que desconocen cómo hacerlo, utilizan como argumento para su infame trabajo que el cristal de la pieza es muy delgado, lo cual es una mentira, pues cualquier grosor se puede grabar con la técnica referida: hasta en un foco casero he grabado un maguey o un girasol".

De acuerdo con sus investigaciones, "este grabado tiene su origen en el siglo XV, en Holanda; de ahí pasa a Alemania, después lo adoptan los españoles, quienes lo introducen a México, en la época de la Colonia. En 1524, el señor Rodrigo de Espinosa funda la primera fábrica de vidrio soplado en Puebla; De Espinosa trae un grupo de artesanos de España quienes enseñan a los indígenas mexicanos. Cuando ellos aprenden a soplar el vidrio comienzan a imprimirle su talento y huella a cada uno de los artículos; soy un convencido de que aquí tenemos un don especial para hacer manualidades. A partir de ese momento surge el grabado de pepita en vidrio en México".

Obra del Nuevo Mundo

Y agrega: "El grabado se convirtió en algo muy mexicano, es una tradición desarrollada y enriquecida netamente por los indígenas. Es similar a la del cristal cortado; se utilizaba la misma técnica, pero es diferente en su acabado".

El entrevistado informa que para hacer el grabado artesanal se utiliza "una piedra de óxido de aluminio que se coloca en un motor para hacerla girar; hay dos moldes pétreos: el redondo y el triangular. El primero es estrictamente para el grabado de pepita y el segundo, para rayar. En el mercado existen piezas grabadas en vidrio, pero se hacen de forma industrial, no artesanal".

A lo largo de varios años, Cruz Guillén ha experimentado con esta técnica y ha creado diseños únicos, como un árbol mimetizado con la figura de una mujer y otro, con la de un hombre. Refiere: "No me quedé únicamente con la tradición ortodoxa del grabado de pepita en vidrio sino que me atreví a dar un paso más, pues antes sólo se hacían diseños lineales, verticales, horizontales o inclinados, pero sin curvaturas".

Al respecto informa: "La técnica de grabado de pepita en vidrio es muy hermosa, pero hacer una curva para el grabado de un diseño era muy difícil y para mí fue todo un reto. Mi padre y mi tío, que fueron mis mentores, hacían diseños lineales, así que me pasé muchas horas en vela y comencé a experimentar con curvaturas en vasos, jarras, copas, floreros y vidrio plano, donde es más difícil trabajar... con el tiempo fui mejorando la técnica y logré diseños con curvas, relieves y profundidad; claro, sin desvirtuar el modo original de hacerlos. Ahora grabo con figuras de animales y flores, como alcatraces o girasoles, águilas, magueyes, nopales, y también escudos de armas".

A propósito de las figuras que elige para adornar, Cruz Guillén confesó: "Cuando alguien crece con este trabajo empiezan a fluir mentalmente los diseños. Al tomar una pieza de vidrio mi imaginación e intuición me dicen cuál le quedaría bien. Conforme comienzo a tallar y grabar, le agrego cada vez más detalles, pues la misma pieza me lo pide, ya sea un vaso o un jarrón grande. Existe una simbiosis entre la creatividad, la pieza, el trabajo y el misticismo que tenemos los artesanos. Muy pocos tenemos este don, porque hay quienes se dicen artesanos pero no tienen esa capacidad y hacen trabajos inertes, muertos".

En este punto de la plática, hace otro agujero en el tiempo y recuerda: "Un tío y mi padre pusieron un taller de grabado artesanal de pepita en vidrio; ellos comenzaron a enseñarnos a mis primos y a mis hermanos, y con el transcurrir de los años todos tomaron su camino. Yo suspendí mis estudios en la Facultad de Filosofía y Letras porque teníamos mucho trabajo; hasta quedar prácticamente al frente del taller. Tuve que decidir entre seguir estudiando o dedicarme a esta artesanía, y no me arrepiento de la elección porque ha sido muy satisfactorio. El reto que me puse fue ser el mejor en el grabado artesanal de pepita en vidrio a nivel internacional... y creo que lo he logrado".

En el ocaso de la charla, Cruz Guillén habló sobre los obstáculos y recompensas de su trabajo: "El mayor problema al que nos enfrentamos todos los artesanos mexicanos es el marchanteo, el regateo que todos hacen a las artesanías.

"Pero, por otro lado las satisfacciones son muchas. La primera es darte cuenta de que no es necesario que los extranjeros reconozcan tu trabajo y también que la idea de que ellos valoran más la artesanía mexicana que los nacionales es un mito. Las más grandes son las bendiciones que me da la gente: 'Que Dios proteja tus manos'. Esas palabras me llenan totalmente".

José Cruz Guillén expondrá 80 piezas del grabado artesanal de pepita en vidrio, a partir del 12 de julio y hasta el 8 de agosto en la tienda del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), ubicada en Avenida Patriotismo 691, colonia Mixcoac. Mayores informes en el teléfono: 5093-6000, extensiones 67579 y 67580.

 
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