Usted está aquí: viernes 29 de junio de 2007 Opinión Ruta sonora

Ruta sonora

PATRICIA PEÑALOZA

Björk, Pastilla, Ely-Porter-Amigos-Liquits-Dildo

Ampliar la imagen Una de las imágenes promocionales del nuevo material de Björk, distribuida en su sitio de Internet Una de las imágenes promocionales del nuevo material de Björk, distribuida en su sitio de Internet

Tras haber manufacturado el delicado y minimalista Vespertine (2001) y de haber parido esa obra maestra llamada Medúlla (2004), Björk regresa dando vueltas cual esfera roja, pasional como siempre. Volta (2007) es su nuevo trabajo y, como el nombre indica (“vuelta” en latín), de una canción estrepitosa pasa a una delicada y viceversa, y se la oye como quien mira una moneda girar, y ve cada uno de los lados, sin que acaben de fundirse. Sin embargo, aun el circular ejemplo, paradójicamente es su álbum menos redondo: al ser una producción viajera, que se grabó tanto en Nueva York (su actual residencia) como en Islandia, Londres, Bruselas, Jamaica, o a bordo de su barco mientras viajaba de Mali a Malta y a Túnez, musical y temáticamente el disco corresponde a la actualidad global, vertiginosa, cambiante, en que la electrónica metálica de lo urbano se entreteje invasora con la avasallada naturaleza, entidad a la que esta icónica islandesa es fiel… y en este disco no es la excepción: la intensidad tribal y de conexión con el entorno ambiental, que ha querido atrapar desde Homogenic, de 1997 (mejor logrado en Medúlla), revienta en Volta con mayor claridad.

Volta: el inventor de la pila; un río africano; la cercanía fonética a voltage (voltaje): las piezas irán encajando. Volta: retorno. Y es que Björk parece decir: “estoy de vuelta a mi lado más pop y a todas las Björks que he sido”, pues cita y actualiza sus mundos anteriores: el de la electrónica de avanzada con el de la experimentación acústica de filigrana. Menos arriesgada que en Medúlla, en sus melodías vocales ciertamente se repite (atemporal y dueña de un estilo único tal cual es), en unos cuatro temas, más en los temas suaves. La diferencia es que ahora sus letras son mucho más agresivas, profundas, reflexivas. Sin duda, los mejores tracks son los más electro-juguetones.

A) Su lado alebrestado abre con Earth Intruders, espectacular marcha post-electrónica que suena a nada que hayas oído, en que colaboran la troupe congolesa Konono No 1 (de lo mejor de 2005 según la Ruta Sonora: oigan Congotronics) y el mega-productor Timbaland. Es él quien le da el toque maestro a éste y otros dos temas, con sus teclados análogos (Björk no usaba teclados desde Post, 1995) y sus beats gorditos pero tenues y aislados, como hizo en la gran Work it, de Missy Elliot; la melodía vocal aquí remite a Cvalda del Selmasongs (soundtrack de Dancer in the dark, de Lars von Trier), y la letra, narra en su sitio web, es una alegoría provocada tras viajar a Asia y ver los desastres del tsunami: “soñé que una gran ola de gente de todo el mundo caía sobre la Casa Blanca y nos liberábamos todos”.

Esos electro-ritmos asimétricos también suenan en Innocence, cuyo coro parecería rola de Britney Spears, si no fuera porque su letra le canta a la pureza de alma como algo poderoso: “el miedo es una droga vigorosa: cuando lo superas te sientes capaz de todo”. La tercera por él producida es Hope, de suave ritmo árabe, cortesía del ejecutante de kora, Toumani Diabate, de Mali: ésta cuestiona a los bombarderos suicidas. Lo demás es producido por ella. Enorme es Vertebrae by vertebrae, con otra instrumentación recurrente en el álbum: una orquesta de metales integrada por diez mujeres islandesas; ésta suena jazzy, cual tema fílmico de los años 30, en que la personaja es una bestia que viene del bosque en la noche y se levanta con la luna, se estira y revienta sus brazos. La más delirante es Declare the independence, hard-techno con beats de Mark Bell (muy a lo LFO) que recuerda a Pluto (Homogenic), en que además parece imitar a Peaches.

B) El lado tranquilo, de estructuras intrincadas, incluye la bella Wanderlust, acerca de fundirse con el mar, liberarse. La más bonita es Pneumonia (muy Vespertine), y las que canta con Antony Hegarty (Antony and the Johnsons), Dull flame of desire y My juvenile, de amor profundo, una a su pareja, otra a su hijo adolescente, Sindri); ambas recuerdan a Anchor song, de Debut (1993). Linda es I see who you are, sexual y oriental, con Min Xiao-Fen en el laúd chino.

Lo que más gusto da en Volta, es ver de nuevo gritar a Björk, oírla punk y juvenil, el año en que cumplirá 40 otoños; aunque aún se agradece su lado fino y sutil. Quizá lo que unifica al disco es su vigor por aventurarse a ese mundo sónico de la exploración vital, espiritual, en el que es posible ser intrincada, pero accesible, avant-garde, pero pop, cosa que sólo sucede en el universo de Björk Gudmundsdöttir. Tras 25 años de carrera, aún no hay quien la iguale.

Nine Rain, Habitación Roja, Jacinto DY

Viernes 29: 1. De Los Angeles, Pastilla, con nuevo disco, A Marte. También: Eufemia, Mami Yasbeck y Averdeen. Alicia (Cuauhtémoc 91-A, Roma). 21 horas, $80. 2. Nine Rain, legendario combo experimental conducido por Steven Brown. Casa Vecina (Callejón de Mesones y Regina, Centro). 20 horas, entrada libre. 3. De España, La Habitación Roja, con nuevo disco: Cuando ya no quede nada. Antes, Turbina. Hard Rock Live (Campos Elíseos 290, Polanco). 21 horas, $250.

Sabado 30: 1. Festival El rock nos une: la belleza vocal de Ely Guerra, el carisma de Porter, el relajo de Liquits, el bailongo de Los Amigos Invisibles y el gronch de Dildo. Vive Cuervo Salón (antes Salón 21). Molière y Andrómaco, Polanco. 21 horas, $ 300. 2. Selectores de alto voltaje: Don Moy y Jacinto Di Yeah! Centro Cultural de España (Guatemala 18, tras Catedral). 21 horas, entrada libre.

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