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Alejandro Nadal

Boeing: tecnología de frontera

En medio de festejos y un formidable despliegue publicitario, Boeing dio a conocer esta semana su nuevo avión de pasajeros, el 787 Dreamliner. La nave tiene capacidad para 330 pasajeros y está construida con materiales compuestos y titanio en 65 por ciento. Por eso es más ligero y eficiente en el consumo de combustible que sus competidores, lo que también permite a Boeing anunciarlo como un avión amistoso con el medio ambiente. Como dicen los publicistas de la compañía, el avión es un sueño situado en la frontera tecnológica.

La industria aeroespacial es importante por muchas razones, entre otras por los efectos de arrastre sobre toda la industria manufacturera y por el potencial de generación de divisas. La planta principal de Boeing en Seattle es el pináculo de una pirámide de más de 900 empresas proveedoras de todo tipo de componentes: desde motores (Rolls Royce o General Electric), giroscopios y computadoras, cables, pistones para controlar las superficies aerodinámicas, sistemas de iluminación y compuertas, hasta el recubrimiento de los asientos. Cada pedido de un Dreamliner tiene efectos multiplicadores en esta cadena, generando empleos e impulsando una parte nada despreciable de la industria manufacturera.

El precio de catálogo de cada aparato es de 200 millones de dólares y Boeing calcula construir alrededor de 2 mil aviones en las próximas dos décadas. La compañía de Seattle ya ha recibido 677 pedidos de unas 47 líneas de aviación y espera recuperar el liderazgo en esta industria frente a su archirrival: el consorcio europeo Airbus Industrie.

El empleo de materiales compuestos permite ahorrar hasta 20 por ciento de combustible, ventaja importante tomando en cuenta las emisiones de gases invernadero de los más de 77 mil vuelos diarios en todo el mundo. Además, el uso de materiales más resistentes a la fatiga, que no sufren oxidación, permitirá a este avión mantener niveles de humedad más altos en la cabina, reduciendo la deshidratación y el cansancio de los pasajeros.

Pero Boeing no sólo está preocupada por lo que sucede en los cielos del mundo y la comodidad de los pasajeros que tendrán acceso al vistoso Dreamliner. También le interesan las criaturas del desierto, y sobre todo una especie particularmente tenaz en sus esfuerzos por atravesar las zonas áridas de Norteamérica.

El año pasado, Boeing ganó la licitación para construir un escudo de vigilancia electrónica en la frontera con México. El sistema está diseñado para vigilar y sellar toda la frontera sur de Estados Unidos, frenando el flujo migratorio y, por supuesto, la infiltración de "terroristas". El contrato para los primeros 45 kilómetros forma parte de la Iniciativa para Fronteras Seguras (SBINet) del Departamento de Seguridad Nacional.

El proyecto de Boeing consiste en una red de torres de 30 metros de alto, con cámaras LORROS (para reconocimiento diurno y nocturno de largo alcance) que cubren un círculo de 15 kilómetros de radio. Las cámaras proporcionan la imagen y coordenadas geográficas del objetivo, mismas que son transmitidas en tiempo real a un puesto de control (véase la página del fabricante, www.kollsman.com). El sistema se complementa con sensores terrestres de movimiento capaces de detectar pasos y bicicletas (con suerte también podrán localizar tejones, armadillos y otras amenazas para la seguridad nacional). Contratistas privados se encargarán de operar el sistema, mientras que las aprehensiones son responsabilidad de la Patrulla Fronteriza.

Pero Boeing sólo ha construido nueve torres y el proyecto se encuentra rezagado. La primera entrega, prevista para este mes, no se va a cumplir. En el último año las estimaciones de costos del sistema SBINet saltaron de 2.5 a 8 mil millones de dólares, provocando sorpresa en los comités de fiscalización del congreso. Ahora el SBINet ha sido clasificado por el gobierno en una categoría de alto riesgo para el manejo presupuestal debido a su peculiar sistema de administración: Boeing es el contratista principal, pero también supervisor de los más de 100 proveedores del sistema. Como saben los contribuyentes, ser contratista y supervisor del contrato no es una buena combinación.

Durante 15 años, Boeing ha mantenido una áspera disputa con Airbus por la cuestión de los subsidios. Sin duda el consorcio europeo es una empresa pública rodeada de proveedores privados. Eso ya se sabe. Pero la historia de Boeing también está marcada por el dinero público: los contratos para las fuerzas armadas han sido su principal fuente de subsidios. Por eso Boeing es uno de los principales protagonistas en la industria de armamentos, fabricando versátiles cazabombarderos (como el F-22), misiles tácticos, y hasta el súper preciso misil crucero Tomahawk.

Sellar una frontera de 3 mil kilómetros para apresar a miles de indocumentados es imposible. Pero Boeing no necesita tecnología de punta para que no se le escapen los dólares del sistema SBINet. Estos recursos serán la aportación indirecta de los indocumentados para el gigante de la industria aeroespacial. De verdad, nadie sabe para quién trabaja.

 
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