Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 15 de julio de 2007 Num: 645

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

De islas y ballenas
NATALIA NÚÑEZ SILVESTRI

La decisión
MANOLIS ANAGNOSTAKIS

Giordano Bruno y el arte de la memoria
MARÍA LUISA MARTÍNEZ PASSARGE

Las claves de la obra de Borges en su vida
CARLOS ALFIERI entrevista con EDWIN WILLIAMSON

Las muchas Fridas
GABRIEL SANTANDER

El Berlín de Frida
ESTHER ANDRADI

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Columnas:
Galería
RODOLFO ALONSO

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Natalia Núñez Silvestri

De islas y ballenas

Las islas Coronado también
son una especie en peligro ¡protégelas!

Mirando al suroeste se ve el contorno de las islas. A veces quedan dentro de la franja brumosa del horizonte y se juzgan lejanas, de otro mundo, como si fueran a desaparecer en un instante ­es el efecto luminoso del crepúsculo­; ese destierro aparente se combina con la sensación de que al estirar la mano podría cualquiera tocarlas, y evaporar, al contacto de ese gesto arrebatado, tanta belleza.

Minúsculo en la enormidad, un helicóptero cruza el cielo.

El sol estalla contra el babor de un trasatlántico, y otro helicóptero y otro más como parvadas de gaviotas y pelícanos. El mar emite su rugido salvaje, constante, creciente. Recuerdo del rugido salvaje de la ciudad, ¿es un camión? Por un instante el recuerdo convence. Pero no, son las olas, las palabras del mar.

La bruma se monta sobre la playa rebalsada por la marea; una línea de arena seca alarga el paso hacia el sur y las islas se esfuman como fantasmas. Otro pájaro de aspas rígidas cruza las alturas, delatando su naturaleza alterada, los ojos brillantes ­uno rojo el otro blanco­ y su sordera intermitente pretendiendo callar el sonido de la tarde. No lo logra.


Protesta de Greenpeace en Tijuana por el rescate de las Islas Coronado

Hay días que las islas se sumergen como ballenas en el Océano Pacífico, se ocultan; ya nadie adivina sus coordenadas. Al norte, al final de la playa mexicana, la serpiente de graffiti se zambulle en el mar, viene de tierra adentro, bordeando la zona franca de las ciénagas y la cárcel, de las neblinas densas en las noches sin luna, por donde el paso forastero encaja huella y pierde o gana la vida. La serpiente de lámina, la de las cruces de los muertos y las muertas, la de escamas oxidadas y engranes de milagritos, es el testimonio del olvido, pero también de la vida. Las Coronado no están, se han marchado. La lejanía es un trazo tendido de atmósfera, de anochecida ausencia. Y las Islas, como las ballenas, encallan en las costas del planeta, inquebrantable gesto de justicia poética; kamikazes de la naturaleza que advierten el peligro de derramarse el mundo.