Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 22 de julio de 2007 Num: 646

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Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Homero Manzi: el poeta que añoraba la "luz de almacen"
ALEJANDRO MICHELENA

La voz del otro, voz propia
DANIEL ORIZAGA DOGUIM

La resistencia civil pacífica
ELENA PONIATOWSKA

Elena Poniatowska: al Zócalo en tren
Entrevista ADRIANA CORTÉS KOLOFFON

Las olas del espacio-tiempo
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ

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Columnas:
Jornada de Poesía
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Paso a Retirarme
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Hugo Gutiérrez Vega

ARQUITECTURA RURAL DE JALISCO

La Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco publicó recientemente un libro sobre la arquitectura rural de las cinco regiones principales del estado occidental. Se titula Tierra, piedra y sol para referirse a los elementos que influyen sobre una arquitectura que respeta y se ajusta a las condiciones del clima y a los materiales de la región. Por estas razones, el libro que contiene fotografía de Gilberto Larios Chávez y poemas de Jorge Souza en acertada conjunción, nos muestra los paisajes, las construcciones, las ruinas y algunos personajes de la costa, las cañadas, los valles, los altos y el norte de ese mosaico de culturas, climas y visiones del mundo y de la realidad que componen (mientras la cultura comercial descompone) el variopinto rostro de Jalisco.

Como este bazarista es jalisquillo, en la presentación del libro solicité a los chilangos que escucharan con cautela las alabanzas y encomios a las que somos tan afectos los tapatíos. Para ilustrar estos excesos de entusiasmo les recordé un chiste producto de la autocritica regional: Muere un tapatío y es llevado ante la presencia de San Pedro, el señor de las llaves. El buen anciano que negó tres veces, pero fue perdonado por su mucho amor, pidió al neodifunto sus generales y, al llegar a la ciudad de nacimiento, solicitó más precisión: "¿La de España o la de México." Al escuchar la respuesta pidió al tapatío que se esperara, cerró la puerta, reunió a los ángeles, arcángeles, tronos y dominaciones y les ordenó que hicieron un limpieza total del Paraíso. Terminada la encomienda, abrió la puerta y pronunció las siguientes palabras: "Pues pásele a ver si le gusta."

El libro me regresó a la infancia, a Ciénega de Mata (recuerdo los murales charros de Icaza que adornaban el comedor), la hacienda de la que un mi tío muy querido fue administrador. Recordé, además, los ranchos de mis tíos, Santa Cruz y El Maguey y al rancho de mi bueno y fracasado abuelo, La Cajas, situado en las inmediaciones de la Mesa Redonda. Me puse a pensar en el canto de Leopardi: "Vagas estrellas de la Osa Mayor/, no creía volver de nuevo a contemplaros/ desde la terraza de la casa paterna."

En las fotografías se muestra la implacable lógica y la belleza de las construcciones rurales: los largos corredores, las macetas, el noble adobe, el ladrillo rojo, las jaulas con pájaros... cenzontles, jilgueros, periquitos de amor, canarios, cardenales, cotorros y guacamayas. Francisco González León me entregó un poema para ilustrar estas sencillas bellezas: "Buena señora que el alma añora/ ¿qué es de tu gato y tus antiparras/, en qué almoneda lucen ahora/ sus azulejos aquellas jarras/, en qué alacena duerme la taza?/ dile a mi pena que es de la casa de Doña Juana Nepomucena." Esa buena señora entregó a González León una de sus mejores imágenes: "Aún brilla el brillo de tus agujas que me bordaron el pensamiento."

Jorge Souza hace un excelente contrapunto con los claroscuros de las fotografías de Larios. Veamos uno de sus poemas: "Esta arcada en penumbras vio su rostro y supo del amor que en mi alma ardía."

Cuando el libro llega a Bolaños se hace patente el poema que el padre Plascencia dedicó a la ruinosa ciudad minera:

Bolaños la urbe de las tapias caídas,
que en tiempo de los reyes
fueron de cal y canto,
y que ahora se acuestan
para que así, derruidas,
salgan los alacranes
a beber su quebranto.

Hay en la fotografía del arquitecto Larios reminiscencias de los paisajes rulfianos: los muros derrumbados, el sol de plomo, la tierra seca... los rumbos de El Llano en llamas, las tristezas de la Media Luna, la hacienda de Pedro Páramo.

Hay algunos personajes: el viejo lechero, el burro paciente y generoso, los campesinos de menguada esperanza. Dice Souza: "Este camino viene de muy lejos, en un instante pasa y... se ha perdido."

Caminos que no van a ninguna parte, hermosas puestas de sol en Tenacatita, haciendas en los valles, las cañadas, los altos y el norte que termina ahí donde el mapa de Jalisco le asesta una puñalada al sur de Durango. Todo esto forma el cuerpo de un hermoso libro de fotografías, poemas, tierra, piedra y sol.

jornadasem@jornada.com.mx