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El Museo Nacional de San Carlos exhibe más de 200 creaciones del artista italiano

Primera magna exposición de la gráfica de De Chirico en México

La selección incluye las imágenes misteriosas que caracterizan a su “pintura metafísica”

MERRY MACMASTERS

Por primera vez se exhibe en México una muestra sustancial dedicada a la obra gráfica del artista italiano Giorgio de Chirico (1888-1978), la cual es poco conocida en el país.

Las creaciones ofrecen “reflejos” de esas imágenes tan misteriosas y evocadoras que lo hicieron famoso con su pintura llamada metafísica.

Considerado uno de los pintores clave del arte en el siglo XX, en 1993 el Museo de Arte Moderno presentó la exhibición Giorgo de Chirico, obra selecta, integrada por 38 óleos.

Fundador de la escuela metafísica

Ahora el público mexicano podrá descubrir una faceta más del autor en la muestra titulada Giorgio de Chirico: el pasado perpetuo. Obra gráfica, la cual se presenta en el Museo Nacional de San Carlos (Puente de Alvarado 50, colonia Tabacalera).

Se trata de una colección de alrededor de 220 piezas, realizadas entre 1928 y 1975, de una producción total que superó las 400 obras. Asimismo, destaca la exhibición del libro Calligrammes (1930), que contiene 66 litografías de De Chirico sobre poemas de Guillaume Apollinaire, quien a principios del siglo XX destacó la genialidad de la obra del italiano nacido en la ciudad griega de Volos.

Las litografías se pueden ver en forma individual en un video. Además, se muestran 12 manuscritos de Jean Cocteau para su libro Mythologie (1934), que corresponden a 10 grabados de la serie Baños misteriosos, de De Chirico.

El artista alcanzó la fama por las obras que realizó en un periodo relativamente juvenil, inmerso en la llamada pintura metafísica, de cuya escuela fue fundador.

El director del Instituto Italiano de Cultura, Pier Augusto Petacco, explica que De Chirico, sin embargo, fue activo también en otras décadas del siglo XX y tuvo producciones ligadas “al surrealismo, a los movimientos italianos del Novecento y de Valori Plastici que reivindicaban un regreso a las formas y los ideales de la cultura y arte clásicos, en especial el grecorromano”.

De acuerdo con Petacco, el pintor sostuvo una posición artística que también produjo muchas discusiones, lo cual le atrajo tanto amigos como adversarios, siempre reivindicando los valores del clasicismo, del pasado, del regreso a los grandes mitos de la civilización mediterránea, de la griega y romana.

En sus obras, entonces, es posible ver estas imágenes tan misteriosas, tan evocadoras co-mo las ruinas de templos, de columnas griegas, en medio de paisajes marinos, junto con caballos o con líneas de casas o plazas de Italia.

Sobre la relevancia que la crítica reconoce a la obra de De Chirico, el diplomático señaló que fue uno de los primeros artistas, de las incipientes décadas del siglo XX, que introdujo una manera totalmente diferente de pintar, de expresarse por medio del arte, no sólo el tener como sujeto a la realidad, como símbolo de lo divino, o la realidad de lo natural de la época del impresionismo, sino en especial pintando lo que está más allá de la realidad.

Por eso, la pintura fue llamada metafísica: expresa directamente conceptos, ideas, visiones, sueños, y descarta la importancia de ser puro reflejo de la realidad.

La Escuela Metafísica, apuntó, es una vía que marcó las trayectorias de todos los movimientos vanguardistas de la pintura del siglo XX, de todas las revoluciones artísticas que se hicieron. Más que intelectual, la pintura de De Chirico, concluyó Petacco, tiene que ver con el simbolismo, con los sueños, con la imaginación, con todo lo que se produce.

Fidelidad a un pensamiento

Para Fernanda Matos, directora del Museo Nacional de San Carlos y curadora de la muestra junto con Vittorio Sgarbi, a pesar de las críticas, De Chirico siguió trabajando con toda honestidad. No le importó tanto lo que pasaba,y lo que se dijera, sino que se mantuvo fiel a su propia forma de pensar, que fue siempre muy cercana, muy ligada a Nietzsche.

La muestra, explicó Matos, se inicia con tres autorretratos, “un tema relevante en su obra”, porque en ellos se encuentra esa visión de sí mismo que se verá reflejada a lo largo de toda su obra.

En uno, De Chirico se presenta con Mercurio, mensajero de los dioses, conocedor del secreto de las cosas. En otro, se viste como un caballero del siglo XVII. En el tercero, está ataviado como un señor muy convencional de la segunda mitad del siglo XX.

La muestra Giorgio de Chirico: el pasado perpetuo. Obra gráfica concluirá exhibición el 8 de octubre.

 
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