Usted está aquí: martes 24 de julio de 2007 Cultura Recorrido en un libro por la vida y obra del grabador Francisco Díaz de León

Entrevista con Víctor Manuel Ruiz Naufal, autor de La fugacidad retenida

Recorrido en un libro por la vida y obra del grabador Francisco Díaz de León

Conjugó la sensibilidad del artista con el oficio de maestro artesano, dice

Pendiente, “valorar” su quehacer creativo

El autor proyecta colaborar en una muestra del artista

FERNANDO CAMACHO SERVIN

Ampliar la imagen La vida galante, tinta sobre acuarela y papel, perteneciente a la serie Cinco minutos de vida licenciosa, 1933, de Francisco Díaz de León. Imagen tomada del libro escrito por Víctor Manuel Ruiz Naufal y publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes La vida galante, tinta sobre acuarela y papel, perteneciente a la serie Cinco minutos de vida licenciosa, 1933, de Francisco Díaz de León. Imagen tomada del libro escrito por Víctor Manuel Ruiz Naufal y publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

El trabajo del grabador mexicano Francisco Díaz de León (1897-1975), quien conjugó la sensibilidad del artista con el oficio del maestro artesano, todavía no ha sido valorado.

Por tal motivo, el historiador Víctor Manuel Ruiz Naufal se dio a la tarea de realizar el libro Francisco Díaz de León: la fugacidad retenida, editado por la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), en el que repasa la vida y obra del creador aguascalentense.

En dicho volumen, de reciente aparición en librerías, el autor hace un recorrido por los aspectos más importantes de la biografía de Díaz de León, e incluye algunas de sus ilustraciones más representativas, cuyos temas principales son el erotismo femenino y la exaltación del apacible estilo de vida de la provincia mexicana, que va perdiendo terreno frente a la modernidad.

“Francisco Díaz de León –explicó Ruiz Naufal en entrevista– fue uno de los grandes maestros del grabado en México en el siglo XX, junto con Carlos Alvarado Lang, y uno de los artistas que logró dominar todas las técnicas de la impresión”, desde la xilografía y el linóleo hasta las más complejas, como el aguafuerte y la litografía.

Pedagogo excepcional

Una de las virtudes de Francisco Díaz de León fue la de saber compartir sus secretos con quienes deseaban aprenderlos. Prueba de lo anterior fue su labor al frente de la Escuela de Pintura al Aire Libre en Tlalpan y la Escuela de Artes del Libro, espacio que fundó y dirigió en 1938, y en cuyos talleres participaron creadores como Rufino Tamayo, José Chávez Morado y Olga Costa, entre otros. Desde ahí impulsó la idea de que las artes llegaran a todos, sin importar la clase social.

Esta característica fue puesta de relieve por el crítico de arte Paul Westheim, quien alguna vez definió a Díaz de León como “un artista arraigado y un pedagogo excepcional que tiene el raro don de enseñar el oficio”.

Aunque el grabado se utilizó con frecuencia para manifestar posiciones políticas, él se mantuvo al margen de ello.

“Su obra –añadió Ruiz Naufal– inspira silencio, tranquilidad. Te hace evocar el sonido de las hojas y el viento. Era apolítico, pero no reaccionario, porque conoció a gente del Taller de Gráfica Popular”.

De formación autodidacta, Francisco Díaz de León introdujo al país algunas de las técnicas e influencias más importantes de su tiempo, entre ellas el Bauhaus y el arte popular de Inglaterra, así como la obra de diversos ilustradores japoneses y estadunidenses.

Técnica menospreciada

Para Ruiz Naufal, el grabado es una técnica a la que históricamente no se le ha dado el lugar que merece; una suerte de género menor, a la sombra del óleo y el dibujo, porque “el color siempre atrae más”.

Pero a diferencia del que puede verse en los museos, el grabado es un arte de divulgación masiva por excelencia; “llega a más personas y ahí está su trascendencia social”.

Se trata de un recurso “devaluado, a pesar de que en él se alcanza un nivel de maestría y preciosismo que a veces ni la pintura de caballete logra. En el grabado se deben realizar placas que sinteticen en espacios reducidos, a veces de unos cuantos centímetros, todo un discurso”, afirma el autor de La fugacidad retenida.

Tras la realización de su libro, la tarea pendiente para Ruiz Naufal sería colaborar en el montaje de una exposición que permita a las personas apreciar la obra de Francisco Díaz de León.

 
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