Usted está aquí: viernes 3 de agosto de 2007 Opinión Hank: ave que mancha el pantano

Jaime Martínez Veloz

Hank: ave que mancha el pantano

Quiero agradecer por esta vía a todas aquellas compañeras y compañeros que durante esta contienda electoral me acompañaron en esta lucha por un proyecto que permitió desplegar la generosidad tijuanense y formular un proyecto para construir una sociedad donde existan normas que permitan un desarrollo armónico, justo, estable y digno.

Nada en la campaña nos fue fácil. La combinación de una circunstancia nacional difícil para las tareas electorales de la izquierda, combinada con un complicado panorama local, exigieron que desplegáramos la mayor de nuestras creatividades y el mejor de nuestros esfuerzos.

En el plano local, factores ligados a una práctica deleznable de cooptación y sabotaje por parte del peor segmento del PRI nacional, comandado en el estado por Jorge Hank Rhon, torpedearon la posibilidad de concretar el acuerdo para crear la coalición electoral del Frente Amplio Progresista en Baja California. La declinación de la candidata del PT, a favor del señor de los chalecos extravagantes, despeja cualquier duda sobre el origen del boicoteo a la coalición de la izquierda bajacaliforniana.

En los tiempos previos al proceso electoral, planteamos la posibilidad de crear una alianza política entre las fuerzas de izquierda y el PRI, para enfrentar a la derecha bajacaliforniana. Propusimos como método definir primero el programa y después los candidatos y las reglas para seleccionarlos. La contrapropuesta del tricolor fue: "primero Hank y después lo demás". La respuesta de Andrés Manuel López Obrador y la dirección nacional del PRD fue inmediata, directa y contundente: "con Hank, ni a las canicas".

Ante esa definición clara y precisa, la primera acción de la fauna que acompaña la candidatura de Jorge Hank consistió en sabotear y torpedear los esfuerzos aliancistas de los sectores de la izquierda bajacaliforniana. Algunos presionados por su circunstancia personal; otros atemorizados por los chantajes, y algunos más por oportunistas, decidieron subirse al carro de la bisutería, las baratijas y la delincuencia electoral que caracteriza la campaña hankista. Algunos arribistas, en el colmo de la estulticia, llaman a dar el voto útil a un personaje, cuya fascinación por los modos y estilos de las dictaduras bananeras aspira, suspira y lo presume. Hay aves que cruzan el pantano y lo manchan: Jorge Hank Rhon es una de esas aves.

En este contexto se explica la renuncia de la candidata del PT a favor de Hank. Sus escasas y escuetas frases para intentar justificarse son patéticas, pueriles e insultan a la militancia de base de ese partido, con las cuales me identifico, quiero y aprecio.

¿Cómo explicará Mercedes Maciel Ortiz y la dirección nacional del PT a los suyos que apoyan a alguien que ha hecho de la violación a la legalidad conducta cotidiana? ¿Cómo dirá que apoya a un candidato que está a la derecha del PAN frente al cual Al Capone era un niño de pecho? No sé cómo lo harán, pero de que se las verán duras ni duda cabe.

La mayoría de los consejeros electorales actúan bajo la consigna de Jorge Hank, a quien le rinden pleitesía, sometimiento y obediencia. Más que constituirse en árbitro imparcial, se convirtieron en los cancerberos de la campaña priísta. La impunidad no es patrimonio del crimen organizado, algunos consejeros electorales no fueron la excepción: vetaban aquello que ofendiera a su patrón y eran laxos y omisos con las ilegalidades y atropellos del candidato del PRI.

La única forma de combatir a la derecha bajacaliforniana es constituyendo un movimiento amplio, incluyente, con un programa puntual y una acción coordinada en cada uno de los frentes de batalla de la realidad bajacaliforniana. Acción Nacional ha sido incapaz de formular una propuesta convincente que dé viabilidad a los asuntos del Estado. Sólo cuando sea capaz de verse a los ojos y reflexione en que su actuación, alejada de las preocupaciones sociales, dio viabilidad a la candidatura de un esperpento, el cual en cualquier otra democracia del mundo ni siquiera habría podido ser considerado.

Baja California se encuentra en la encrucijada de votar por la continuidad con el PAN, partido que perdió la brújula y desmanteló las políticas sociales del Estado mexicano, o por lo peor del país, representado en la figura de Jorge Hank. La izquierda tiene un largo camino que recorrer: reconocer errores, enmendar actitudes y formular una política coherente, articulada y convincente.

En medio de esta disyuntiva los bajacalifornianos hemos llegado al final del proceso electoral de una entidad que merece y reclama un futuro diferente y esperanzador. La violencia ya se hizo presente en choques entre miembros del PRI y del PAN, el fantasma de la nulidad electoral aletea como recurso del partido perdedor. Pero para perder el miedo es necesario salir a votar sin temor el próximo 5 de agosto.

El esfuerzo poselectoral deberá centrarse en la consolidación de un nuevo pacto social entre los bajacalifornianos que permitan a la ciudadanía recuperar los niveles de bienestar, seguridad y certidumbre, perdidos con el PAN y el PRI. De lo contrario la crisis actual tendrá salidas y expresiones alejadas del campo electoral.

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