Usted está aquí: lunes 6 de agosto de 2007 Espectáculos Jazz

Jazz

Antonio Malacara

Mestizaje sonoro contemporáneo

Fandango, Duende y Taraf

LAS TRES ORILLAS del Atlántico (Alebrije, 2006). El fandango mexicano, el duende español y el taraf marroquí. La idea central es crear una suerte de puente valvular que evite obstáculos y desmemorias, para reconectar (al menos en la percepción colectiva, porque de hecho nunca han estado desconectadas) las venas musicales de árabes, españoles y mexicanos. Esta es una delicada exploración sonora, un mestizaje contemporáneo impregnado de suaves aromas y afortunados encuentros, que van más allá de los timbres instrumentales del ud (antecedente inmediato del laúd), la guitarra, la jarana o el contrabajo, centrándose en el ser de una fiesta que empezó hace más de 13 siglos.

MOROS Y CRISTIANOS improvisando entre arroz y frijoles, entre ecos de músicas milenarias, aunque en los resultados finales resalte inevitablemente el sabor de los sones jarochos y abajeños (ni modo), aunque en temas como Granada y Tangerina se asomen claramente las costas europea y africana, que en los momentos de Encuentros y La espera surjan los colores antillanos o las aristas de Rafael Mendoza y hasta de Guadalupe Trigo. Probablemente los puristas nunca pondrían este disco en los apartados del jazz, pero la improvisación y el bagaje de los músicos protagonistas lo solucionan de inmediato.

EN LA DIRECCION musical y los teclados está el maestro Gerardo Bátiz, quien actualmente acompaña y dirige los rumbos de Malena Durán; Juan Cristóbal Pérez-Grobet (El Quinto Elemento y Cecilia Toussaint) se encarga del bajo y contrabajo; Armando Montiel, siempre enorme, le da a las percusiones; Angel Chacón, peruano avecindado en el DF, está en guitarras, jarana y vihuela; mientras que Abdel Majid Moutana, marroquí residente en Barcelona, es el encargado del ud. Mucho muy recomendable.

Proyecto Tacos

SABOR A TROPICO (Edición de autor, 2007). Después de un primer proyecto discográfico de drum'n'bass, este grupo de Puerto Vallarta, Jalisco, cambia algunos músicos en sus líneas y envía un nuevo compacto de enorme frescura y auténtico Sabor a trópico, aunque permanecen girando en el broken beat. Antonio Huerta El niño, es responsable directo de la existencia de la banda, del piano y
de las composiciones.

SIN DEJAR DE ser atractiva, lúdica y disfrutable, su propuesta resulta menos experimental de lo que ellos mismos argumentan. Claro que ahí están los scratches y los efectos electrónicos de DJ Tacos fundiéndose con las congas, el bongó y el güiro de Raúl Herrera y José Luis Rosales, pero esto no los coloca ni en la vanguardia ni en el porvenir. Más bien se trata de música sencilla y directa para estimular el baile y el buen humor, cualidades que, evidentemente, se celebran y se agradecen de principio a fin.

ES POR OTRO lado que Proyecto Tacos se ubica en el terreno de la originalidad y las aportaciones estéticas; se trata de la inclusión de percusiones y alientos prehispánicos, a cargo de Ernesto Cano, en medio del drum'n'bass de Despierta conmigo o en temas huicholes como Wixarika +pa mituchi. El broken beat llega a niveles de excelencia en rolas como Entre amigos, pero de buenas a primeras surge también la autocomplacencia de Libre de nuevo y Diálogo en la oscuridad.

NO OBSTANTE, LA mayor sorpresa del disco fue el descubrimiento de Willow Brizio en la guitarra, un músico tapatío de reconocida trayectoria e indiscutible virtuosismo, que marcara un hito en la historia del rock nacional y de la música mexicana en general, cuando a principios de los años 70a lideraba el grupo 39.4. Salud.

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