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Raciel Garrido Maldonado

Acciones contra la contaminación

El problema de la contaminación en la ciudad de México es parte de la herencia de las administraciones priístas que tuvieron como consecuencia el crecimiento desordenado de la ciudad. En ese tenor podríamos inscribir al transporte público, a la invasión de los cauces naturales de los ríos, a la falta de atención al drenaje profundo de la ciudad, a la anarquía en la construcción de viviendas, a una demanda inatendida de combustibles más limpios, y al crecimiento del parque vehicular en la medida en que se privilegió el uso del automóvil en detrimento del transporte colectivo.

Es paradójico cómo ante las alternativas para disminuir el efecto invernadero en esta ciudad, que se han propuesto en las últimas administraciones, como por ejemplo el programa Hoy no circula, segundos pisos y Metrobús, en su momento han sido denostadas por la oposición, sin presentar propuestas viables para tener un ambiente más sano, buscando sólo el botín político. En ese sentido, a menos de un año de arribar a la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard ha instaurado una política ambiental de largo alcance con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población.

Es así que se tiene prevista la ampliación de las rutas del Metrobús, la construcción de nuevas líneas del Metro, el uso de vehículos alternativos al automóvil, como son las bicicletas los fines de semana. Uno de los programas que suena muy interesante es el uso de alternativas energéticas para el transporte público.

Respecto de los combustibles, los países desarrollados están proponiendo la utilización de los llamados "combustibles verdes", que darían una solución a corto plazo en materia energética. Pero la utilización de combustibles verdes, obtenidos a partir de insumos orgánicos como maíz y caña de azúcar, constituye una solución engañosa que tratan de imponer los países desarrollados, ya que dicha alternativa, en países emergentes como el nuestro, derivaría en la agudización de problemas sociales dado el abandono del campo. Como afirma el doctor Mario Molina Pasquel, premio Nobel de Química, el beneficio en la utilización de estos biocombustibles no es tan grande, ya que para su producción hay que utilizar energía fósil, amén de las grandes extensiones que se requieren para la siembra de maíz y caña de azúcar.

El gobierno federal, por medio de la Ley de Promoción y Desarrollo de Bioenergéticos, ha asumido de manera dócil, una vez más, las políticas que se le imponen desde el exterior. El esquema que se propone y que está sustentado en un documento que se intitula Potenciales y viabilidad del uso de bioetanol y biodiesel para el transporte en México, nos plantea un esquema con dos variables que prácticamente marginaría a un gran número de mexicanos, ya que se deben reducir costos de producción y elevar la productividad tanto de caña de azúcar como de maíz, tomando en consideración que la tonelada de la primera en México cuesta tres veces más que en Brasil y el del maíz ronda los 120 dólares, lo que resultaría en la instalación de 45 destilerías destinados a la producción del biocombustible, con base en caña de azúcar, en aproximadamente 2.25 mil millones de dólares.

En este contexto, el problema ambiental de la ciudad de México plantea mejorar la tecnología para el transporte público utilizando, para tal fin, el uso de autos eléctricos, para lo cual se elabora un programa piloto que convertirá a los autos de combustión interna en eléctricos. Este programa comenzará con el reciclaje de 200 unidades compactas, cuya transformación tendrá un costo de entre 120 o 140 mil pesos por unidad, que se saldará con el ahorro de combustible que se obtenga. Otro beneficio colateral será la creación de empleos, ya que se propone instalar 20 talleres en la ciudad para empezar la reconversión. La ventaja inmediata es que los vehículos reconvertidos ahorrarán 80 por ciento de gasolina y 90 por ciento en su mantenimiento.

Ojalá este programa sea respaldado por la ciudadanía y por sus diversas instancias de gobierno.

 
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