Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 12 de agosto de 2007 Num: 649

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El infierno de Fante
VÍCTOR M. CARRILLO

El cine coreano y la violencia
LEANDRO ARELLANO entrevista con PARK CHAN-WOOK

Baldomero Sanín Cano, cincuenta años después
HAROLD ALVARADO TENORIO

Baudelaire, desde Campoamor
RICARDO BADA

Baudelaire y Las flores
del mal

ANDREAS KURZ

Bruno Widmann:
lenguaje y figuración

MIGUEL ANGEL MUÑOZ

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
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Cabezalcubo
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El Mono de Alambre
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Mentiras Transparentes
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Al Vuelo
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Hugo Gutiérrez Vega

LA NOVELA DE WILLIAM OSPINA (I DE II)

El gran poeta colombiano, William Ospina, incursiona en la novela y publica Ursúa, el primer tomo de una trilogía sobre los conquistadores y sus conquistas. En referencia a Ursúa hice estas notas con el objeto de alentar a los lectores a que se acerquen a este hermoso texto:

I

Todos los conquistadores perseguían un sueño y eran capaces de las mayores proezas (recordar a Doña Proeza del El zapato de raso, de Claudel) para alcanzarlo. La mayor parte sucumbió en la empresa o, ya viejos y cansados, dictaron o escribieron sus memorias (recordar la Verdadera historia de la conquista de la Nueva España, del soldado Bernal Díaz del Castillo, regidor de la ciudad de Guatemala) enriquecidas por la imaginación y, a veces, por sus conocimientos de mitología. Por todo esto, la verdad histórica se junta con la imaginación y nos resulta imposible separar la una de la otra. Ambas son válidas y, para mi gusto, me quedo con la tierra de las mujeres guerreras, con la fuente de la eterna juventud, con las fábulas de la Florida del Inca, con los viajes de Cabeza de Vaca, El Dorado, las siete ciudades de oro y las fabulaciones de este personaje digno de la mejor picaresca y de la más rica historia de aventuras que es el Ursúa de William Ospina.

II

El hermoso epígrafe de Emily Dickinson da rumbo a la singladura de Ursúa-Ospina. Ambos pueden contar todas las noches una historia diferente y embelesarnos con sus mundos de milagrería. Aquí esta Ursúa con sus manos llenas de perlas y de esmeraldas, sabiendo cómo algunos de los conquistadores perdieron los ojos en el fragor de sus aventuras. Aquí está Ursúa hablando de tesoros escondidos (pienso sobre todo en la cámara grande de Cajamarca, llena del oro de los incas), en los prodigios de la Castilla de Oro, de los remolinos del Cauca, de las estatuas de piedra ya en el reino de los incas, de la búsqueda del País de la Canela y de barcos navegando por los Andes.

III

Ursúa cuenta sus historias, pero como ya no tiene gente que lo escuche, las entrega a Ospina para que las escriba. Sobre todo la historia del hombre que libró cinco guerras antes de los treinta años, y de la hermosa mestiza que hizo palidecer de amor a todo un ejército.

IV

Ospina es una fiel biógrafo de Ursúa y su historia oscila entre la verdad más ajustada y la imaginación más calenturienta y prodigiosa. Deliberadamente no usa una prosa arcaizante o un estilo rebuscado y laberíntico. Su narración es tersa y fluye como los grandes ríos de su tierra. Parte de Navarra y recorre todo el mundo conocido y el mundo por conocer. Por eso Ospina puede ver la luz en los ojos de Ursúa cuando le cuenta todas las novedades de las tierras recién conquistadas o por conquistar.

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