Usted está aquí: martes 14 de agosto de 2007 Opinión Gracias por la ceguera

Pedro Miguel

Gracias por la ceguera

Los gobiernos de Cuba y Venezuela han desarrollado, durante varios años, la Operación Milagro, un programa para dar atención oftalmológica a personas de escasos recursos de varios países del continente, incluido el nuestro. Para 2005 médicos cubanos habían realizado unas 100 mil operaciones quirúrgicas para tratar cataratas, desprendimiento de retina, carnosidades y estrabismo a otros tantos pacientes de Venezuela, Panamá, República Dominicana, Haití, Uruguay, Bolivia y México, sin cobrarles un centavo y sin hacer publicidad. Sin embargo, "en localidades marginadas de la montaña y el desierto del país, la gente está más que enterada: en Cuba curan las enfermedades de los ojos sin cobrar nada; todo, hasta el viaje en avión a la isla, es gratuito", reseñaba La Jornada el 7 de mayo del año pasado. Hasta julio pasado 238 mexicanos habían viajado a Venezuela para recibir atención quirúrgica por cataratas y en el marco del programa humanitario se habían instalado consultorios en Coahuila y Michoacán con capacidad para atender a miles de pacientes al mes.

A principios de julio una fuente de la cancillería mexicana citada por Reforma dijo que estaba en estudio la incorporación del "plan chavista" (la Operación Milagro) en los acuerdos de cooperación bilateral con Venezuela, y adelantó incluso que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa proponía enviar a ese país a especialistas en problemas de autismo. El informante agregó que "la legislación impide" cumplir con la petición de la embajada venezolana de exentar los impuestos aeroportuarios y personales a los pacientes que viajaban a Caracas y que primero había que incorporar el programa "a los acuerdos que tenemos firmados". Por esos días el programa humanitario generó un revuelo en las filas de la derecha legislativa y mediática, encabezada por Carlos Abascal. Se dijo que la ayuda médica formaba parte de una "infiltración ideológica" y una panista de Coahuila aseguró que los promotores de Operación Milagro eran "proclives al comunismo".

A finales de julio La Jornada dio a conocer que el régimen calderonista había impedido el aterrizaje de un avión venezolano que venía a recoger a 10 niños y 80 ancianos de Ecatepec para llevarlos a Caracas, donde serían sometidos a diversos tratamientos para afecciones cardiacas y oculares. El pretexto fue que la línea aérea Conviasa, que operaba los vuelos, no tenía oficinas ni representación legal en el país.

El 9 de agosto, en Morelia, Calderón Hinojosa anunció la puesta en marcha de un programa de cirugía de cataratas denominado Volver a Ver para Atender, dijo en sus propias palabras, a "muchos mexicanos que carecían de recursos [y que] incluso tenían que salir del país, participar en programas de apoyo y de beneficencia organizados por otras naciones, lo cual evidenciaba el tamaño de la carencia que teníamos en México". El operativo tiene como meta operar 120 mil pacientes al año, pero en México un millón 600 mil personas -según cifras del secretario de Salud, José Angel Córdova- padece la afección, y la mitad de ellos sufre de ceguera. Es decir, incluso si Volver a Ver... fuera algo más que un boletín de prensa, tomaría 13 años atender a los afectados, y seis o siete devolver la vista a quienes la han perdido. Se infiere, entonces, que las actividades de Operación Milagro en nuestro país siguen siendo necesarias. Ah, pero Calderón habla en pasado de los "que tenían que salir del país", y es de temer que Volver a Ver sea el anuncio disfrazado de una prohibición de facto al programa cubano-venezolano. No hay ley que le impida a un ciudadano mexicano viajar a La Habana o a Caracas para operarse de algo, pero el calderonismo ha recurrido ya a las trabas burocráticas para dificultar al máximo posible esa clase de traslados. Muchos podrán decir "gracias por la ceguera, señor presidente", y la expresión no será sólo metafórica.

Se habla de "normalización" con Caracas y las reglas más elementales de cortesía y los buenos modales hacían obligado un reconocimento a Venezuela y a Cuba por la asistencia médica gratuita a miles de mexicanos. Si hubiese habido una pizca de buena fe, Operación Milagro habría debido ser objeto de cooperación oficial, no de sabotaje, y el gobierno mexicano habría podido establecer, a cambio, programas de asistencia médica para autismo o para apendicectomías o para problemas de sordera o para sacar uñas encarnadas, en México, en Venezuela y, con un poquitín de generosidad, también en otros países. Se prefirió, en cambio, inventar un pastiche malintencionado del programa cubano-venezolano, no para atender un problema de salud pública sino para tapar "el tamaño de la carencia que teníamos (¿teníamos?) en México".

Dicen algunos que la mala fe y la mezquindad no estorban para gobernar, y que hasta pueden llegar a ser necesarias; el problema es que a veces se notan a leguas, incluso si el observador sufre de cataratas.

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