Usted está aquí: lunes 20 de agosto de 2007 Política División en el PRD abre la vía al diálogo con Calderón

Logra NI eliminar propuesta de no debatir “con quien usurpa la Presidencia”

División en el PRD abre la vía al diálogo con Calderón

Opositores amenazan con recurrir al TEPJF para declarar ilegales los acuerdos

ALMA E. MUÑOZ, ROBERTO GARDUÑO

El décimo congreso nacional extraordinario del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se dividió, al grado de que las corrientes opositoras a Nueva Izquierda amenazaron con recurrir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en busca de que se declaren ilegales los acuerdos asumidos durante el encuentro realizado los últimos cuatro días. El diferendo abre la puerta para el futuro inicio del diálogo con Felipe Calderón Hinojosa.

Los hechos ocurrieron luego de que Nueva Izquierda (NI), Alianza Democrática Nacional y Movimiento por la Democracia rechazaron –por 660 votos contra 447– una propuesta de adición a los lineamientos políticos del partido, que manifestaba “el rechazo a debatir con quien usurpa la Presidencia de la República”.

Cuando los congresistas ya habían aprobado en lo general la propuesta de línea política, y habían eliminado del documento la proposición para que el Frente Amplio Progresista y la Convención Nacional Democrática se constituyeran en el instrumento generador de iniciativas y actividades que guiaran el quehacer del PRD, Jesús Zambrano, quien presidió la mesa del congreso, dio a conocer que se debatiría una adición al texto para rechazar definitivamente el diálogo con Felipe Calderón Hinojosa.

Se pretendía que al apartado “sustitución del llamado Informe presidencial por un debate parlamentario y republicano entre poderes, sobre el estado de la nación, en el marco de un nuevo régimen político”, se le agregara: “manteniendo nuestro rechazo a debatir con quien usurpa la Presidencia de la República”, avalado por el presidente nacional del partido, Leonel Cota Montaño, Izquierda Democrática Nacional, Izquierda Social y Unidad y Renovación, entre otros grupos.

Zambrano informó que el planteamiento sería discutido porque pasó al pleno como propuesta de minoría, aunque el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, quiso sorprender a los congresistas al señalar que su propuesta ya había sido consensuada la víspera.

El senador Pablo Gómez subió a tribuna para argumentar su rechazo a dicha propuesta, y dejar claro que el partido no ha buscado un debate con Calderón. “El único que ha mostrado interés en debatir con él es Andrés Manuel López Obrador; lo dijo en una entrevista para la W (con Carmen Aristegui)… Nosotros no queremos un debate con Calderón, no por miedo a perder, sino porque él propone maniobreramente, para tratar de legitimarse”, la realización del mismo.

En respuesta, Martí Batres Guadarrama, secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Distrito Federal, replicó a Gómez. “Compañeros, no nos quieran hacer trampa, se está presentando una propuesta que es la sustitución del llamado Informe presidencial por un debate parlamentario. Lo que aquí está en juego es esa vieja visión de la izquierda de que la política se hace alrededor de la institución presidencial, abstrayéndose de la realidad nacional y del contexto histórico”.

Asimismo, consideró que la intención de ir a debatir con Calderón significa un subterfugio que no afecta a la derecha, sino a la izquierda.

“Calderón no quiere debatir con Andrés Manuel, él quiere ir a la Cámara de Diputados con toda la fuerza institucional a retratarse con todos los legisladores del PRD para que le reciban su Informe, debatan con él y le den la mano.

“sí es la democracia, nos dirán, y nos colocarían como un comparsa a modo, como quiere Calderón. Esta propuesta nos divide, genera encono y malestar en nuestras filas y debilita el resolutivo que ya habíamos tomado por unanimidad de que bajo ninguna circunstancia dialogaremos con Calderón.”

Enseguida tomaron la palabra el coordinador de los senadores perredistas, Carlos Navarrete, en contra de la adición, y Fernández Noroña, en defensa de la misma. Jesús Zambrano abrió una pausa de 10 minutos para organizar la votación. “Tenemos que actuar con claridad, porque este es un tema muy delicado”, justificó. Los escrutadores aún no sumaban el total de los votos en pro y en contra, y los promotores del cambio al texto ya se daban por derrotados al observar el comportamiento de la asamblea.

El presidente de la mesa dio a conocer el conteo, que sumó 660 votos en contra y 447 en favor. En ese momento Leonel Cota, con el rostro enrojecido, bajó del estrado donde se ubicaba seguido por Fernández Noroña, quien desde la mesa le hizo una seña a Martí Batres manifestándole que abandonaran el salón.

“Panistas, panistas”, comenzaron a gritar los detractores de Nueva Izquierda, y la réplica no se dejó esperar: “¡Fuera Bejarano, fuera Bejarano!” En un momento, ambos coros se sumaron a los gritos de “unidad, unidad”, y “PRD, PRD”.

Fernández Noroña se dirigió a la mesa donde se encontraba Jesús Ortega y le reclamó: “Nos vamos, nosotros nos vamos”. En respuesta, el líder de Nueva Izquierda dijo: “¡Pero es una votación, hombre!” Y el vocero se enfiló en busca de Batres y de Armando Quintero repitiendo: “Nos vamos, nos vamos”.

En ese momento, del otro lado del salón, Dolores Padierna dialogaba con Alejandro Encinas. La lideresa de Izquierda Democrática Nacional le sugería al ex jefe de Gobierno: “Vámonos, no la vamos a sacar”. Pero su interlocutor la frenó: “Una, Dolores, vamos por una, vamos por paridad y nos retiramos”, refiriéndose a la votación para dividir 50/50 las posiciones de dirección del partido y las candidaturas.

Malú Micher se sumó a Padierna y reiteró a Encinas: “No la vamos a sacar, vámonos, Alejandro”. Este insistió: “Sí la sacamos y hay que decirles que adelanten la votación de paridad”.

Jesús Ortega fue informado de la demanda de la esposa de René Bejarano a Encinas, y comentó: “¡Si se va Alejandro sería un suicidio!” El aludido decidió motu proprio permanecer hasta el final en el congreso.

Los inconformes con la votación se dirigieron a la sala de prensa para explicar su enojo y, algunos, romper sus votos frente a los reporteros. Batres, Armando Quintero, Padierna, Benito Mirón, Clara Brugada, entre otros delegados, anunciaron que recurrirán al tribunal electoral para que anule todos los acuerdos asumidos por la asamblea.

Martí Batres resumió el motivo de su protesta: “La decisión que se acaba de tomar hace un momento es profundamente grave, rompe el congreso y echa atrás todo lo que habíamos avanzado. Es una decisión peligrosa que evidencia una intención política que no estamos dispuestos a avalar”.

La actitud de la corriente Nueva Izquierda, insistió, “violenta el resolutivo que acabamos de aprobar en el sentido de que el partido no es propiedad de ningún grupo político, no es propiedad de ninguna corriente y nadie tiene derecho a violentarlo de esta manera”.

En el salón, en tanto, Graco Ramírez se paseaba entre los congresistas considerando que el abandono fue “una provocación para reventar a nuestro partido”.

Alejandro Rojas Díaz Durán, del Frente Político de Izquierda –al cual pertenecen quienes perdieron la votación y se retiraron de la plenaria– se acercó obsequioso a Ortega para fungir como “correo” de un diálogo epistolar entre Encinas y el dirigente de Nueva Izquierda.

Nueva Izquierda asumió que aquel suceso no convenía al mayoriteo que consiguió en prácticamente todas las votaciones y el senador Carlos Navarrete fue el encargado de adicionar la propuesta que ya había sido votada y con ello atemperar los ánimos en la sesión.

“El décimo congreso nacional se pronuncia por rechazar el debate en la sesión del próximo primero de septiembre, propuesto por Felipe Calderón. Los legisladores, senadores y diputados del PRD no aceptarán la presencia en la tribuna del Congreso de quien no cuenta con la legitimidad que sólo da una elección limpia.”

Aun así, la inconformidad prevaleció, porque los opositores a Nueva Izquierda consideraron que el argumento que circunscribe el diálogo a un nuevo régimen político obedecerá a la aprobación de la reforma del Estado, con lo cual se abriría la puerta definitiva al diálogo con Calderón.

 
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