Usted está aquí: lunes 20 de agosto de 2007 Política Chichén Itzá, en peligro por el turismo masivo

Iván Restrepo

Chichén Itzá, en peligro por el turismo masivo

Pasada la euforia mediática para apoyar un negocio internacional y declarar por votación inducida la zona arqueológica de Chichén Itzá como una de las nuevas “maravillas” del mundo, vienen los problemas que se causarán a esa importante herencia maya. Oportunamente los especialistas vinculados con la conservación señalaron los peligros de que un turismo masivo, poco respetuoso de las edificaciones y el medio que visita, causara daños en la “maravilla” que descubrió un europeo de los tiempos modernos. Advirtieron sobre la falta de recursos para rescatar y conservar otras áreas arqueológicas también importantes ubicadas en la península de Yucatán. En los estados que la integran (Yucatán, Campeche y Quintana Roo) existen por lo menos 25 sitios mayas sobresalientes. De ellos, tres son Patrimonio Cultural de la Humanidad: Chichén Itzá, Uxmal y Calakmul. Además, la región cuenta con diversas áreas naturales protegidas, parques nacionales y áreas de protección de flora y fauna en mar y tierra. Una es Patrimonio de la Humanidad: la Reserva de la Biosfera de Sian ka’an, codiciada por los capitales internacionales vinculados con la hotelería. Las observaciones de los especialistas fueron ignoradas.

Uno de los aspectos negativos que inciden sobre el patrimonio cultural es la deposición ácida, producto de la contaminación atmosférica, que deteriora los sitios arqueológicos. Lo anterior reviste más importancia en el caso que nos ocupa, pues son los pilares que sustentan el masivo turismo de playa y el cultural que cada año visita la península. Sus principales áreas turísticas (Cancún, la Riviera Maya y Cozumel) captan la tercera parte de las divisas que ingresan a México por turismo, pero apenas una parte insignificante de esos ingresos se dedica a la conservación de un patrimonio natural, histórico y cultural invaluable.

Por el crecimiento industrial y urbano esperado en la península de Yucatán las dos próximas décadas, es necesario tomar medidas para proteger ese patrimonio. Y un aspecto clave es evitar daños potenciales al ambiente.

Investigaciones realizadas por instituciones académicas de alcance nacional, como el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, muestran los efectos nocivos que la deposición ácida ocasiona en Palenque, Tulum, El Tajín y la fortaleza de San Juan de Ulúa.

Los contaminantes emitidos por diferentes actividades urbanas e industriales son transportados por la atmósfera y transformados en especies ácidas que pueden depositarse e impactar negativamente a los monumentos de las áreas arqueológicas, a los cuerpos de agua, la flora y la fauna.

Como los planes gubernamentales apuntan a convertir irresponsablemente unos 400 kilómetros de costa de la península en corredor turístico y de inversión inmobiliaria internacional y como tarde que temprano se hará presente Petróleos Mexicanos con una nueva línea de exploración, explotación y transporte de hidrocarburos, la contaminación atmosférica parece inevitable. Por eso la necesidad de tomar medidas a fin de que las pretendidas ventajas que suponen una mayor afluencia de turistas y la presencia de Pemex en la península no resulten en problemas mayores a los que ya se tienen por negligencia y corrupción de las instancias oficiales y grupos privados. No en vano Quintana Roo es la entidad campeona en delitos ambientales y donde la ocupación de la zona costera es salvaje.

Recientemente el Centro de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional, unidad Mérida, presentó al Conacyt un megaproyecto que contempla extender los estudios sobre contaminación a la zona arqueológica de Chichén Itzá. Se tendría la participación de la sección de contaminación ambiental del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, con probada trayectoria en este tipo de trabajos. Proyectos como el citado seguramente mostrarán la necesidad de tomar medidas a fin de que el desarrollo en esa región sea sustentable, con responsabilidad social y ambiental.

 
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