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Javier Flores

Sobre las metanfetaminas

Las metanfetaminas son drogas sintéticas que se producen a partir de sustancias naturales (llamadas precursores), principalmente la efedrina y la seudoefedrina. Para tener una idea de la magnitud de materia prima incautada a Zhenli Ye Gon, es decir, 60 toneladas, vale la pena comparar esta cifra con algunos datos de la Unión Europea. En su informe anual de 2006 sobre el problema de la dependencia a las drogas, el reporte señala que en 2004 se incautaron en toda Europa 2.6 toneladas de precursores. Esto equivale apenas al 4.3 por ciento de lo incautado al empresario chino-mexicano.

Si suponemos que la seudoefedrina que se introducía por las aduanas mexicanas estaba destinada a la producción de drogas prohibidas, y no de medicamentos contra la gripe, resulta claro que el mercado al que estaba destinada no era el mexicano (aun en el caso de los antigripales), pues el tamaño de nuestra población, comparado con el de toda Europa, y los patrones de consumo de drogas sintéticas en México no lo justifican. Entonces puede pensarse que tenía como destino otras naciones de América. Aquí hay muchas cosas que tienen que ser explicadas de forma satisfactoria por las autoridades de nuestro país.

La explicación se requiere por los graves daños a la salud que representan estas sustancias. Las metanfetaminas actúan directamente sobre el sistema nervioso central. Sus efectos, como la reducción del sueño, la fatiga y el hambre y una sensación de bienestar general, a los que ya me he referido aquí (La Jornada, 24 de julio de 2007), y que son los que las hacen sumamente atractivas a los consumidores, se acompañan de una elevada dependencia física y sicológica.

La forma en la que actúan consiste en la elevación de los niveles de neurotransmisores, particularmente la noradrenalina y la dopamina, en diferentes regiones del cerebro. Estos transmisores son sustancias químicas que se producen normalmente en las células nerviosas y se almacenan y liberan en sus terminales, para excitar o inhibir a las neuronas vecinas. En condiciones normales, los transmisores liberados se eliminan por distintos mecanismos, entre otros por la recaptura, que consiste en que las propias terminaciones nerviosas que los liberan vuelven a tomarlos, es decir, los recuperan, con lo cual sus efectos cesan. Las metanfetaminas bloquean este sistema de recaptura, por lo que la dopamina permanece por tiempos prolongados en diferentes zonas del cerebro, produciendo los efectos señalados.

La introducción en el organismo de metanfetaminas produce una dependencia física, la cual, para decirlo en términos llanos, consiste en un estado de adaptación del organismo producido por la administración repetida de una sustancia. Se manifiesta por la aparición de trastornos físicos, de diferente intensidad, cuando se interrumpe la administración de la droga. La dependencia sicológica, por su parte, es la necesidad emocional y compulsiva de un individuo por consumir una sustancia para sentirse bien, aunque fisiológicamente no le sea necesaria. La combinación de estos dos elementos es lo que conocemos como adicción, que conduce a un deterioro físico y conductual importante en los consumidores.

Pero quizá uno de los efectos más nocivos es la prohibición. No solamente porque conduce a la creación de negocios multimillonarios que involucran a políticos y empresarios, y a pleitos entre bandas con un resultado anual de cientos o miles de muertos y el incremento de la inseguridad, sino porque al mantenerse la distribución de drogas en la clandestinidad propicia que éstas sean adulteradas. El vendedor callejero no sabe realmente qué es lo que está vendiendo. A él le dan algo que puede estar originalmente alterado para aumentar la ganancia de quien lo provee. Al mismo tiempo, el distribuidor al menudeo puede alterar todavía más el producto para multiplicar sus ganancias.

No hay manera de garantizar una ética en un negocio que es esencialmente ilícito. El consumidor no sabe lo que está ingiriendo. Esto puede tener, y tiene, resultados fatales. Muchas de las vidas que cobra la dependencia a estas drogas se explica por la adulteración. No puede haber un control de calidad en un negocio prohibido. Para ilustrar lo anterior, y volviendo al reporte de la Unión Europea, la pureza media de las metanfetaminas oscilaba entre 43 por ciento en Eslovaquia y 50 por ciento en la República Checa en 2004, es decir, más de la mitad de la metanfetamina que se vende en las calles del mundo es en el mejor de los casos basura, y en el peor, veneno.

Por eso la legalización de las drogas es la única solución al problema del narcotráfico y al tratamiento y control de las adicciones. Por eso el gobierno mexicano tiene que explicar por qué, por las aduanas de nuestro país, han pasado cantidades monumentales de precursores de drogas ilícitas.

 
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