Usted está aquí: miércoles 29 de agosto de 2007 Opinión Cuba: entre Yemayá y San Antonio

José Steinsleger

Cuba: entre Yemayá y San Antonio

“¡Caballero… qué sufrido se lo ve! ¿Y cómo está la familia? ¿Un cafecito?” En su precaria vivienda de Arroyo Naranjo, Gladys recibe a sus conocidos con similar cortesía. No me importa. Aunque ahora cobre en euros, su energía es tan contagiosa que a todos los hace sentir como el rey del mambo.

Los hijos, bisnietos de esclavos, conservan la ternura. A fin de año, el mayor se gradúa de ingeniero. Saboreando el “cafecito”, nos ponemos al día. Gladys me platica de sus penas y de la fe que debemos tener. En un rincón, cubierta por un velo transparente, Yemayá me guiña un ojo desde su altar.

Revisando el libro que llevo conmigo (La guerra secreta: Operación ZR/Rifle, del general retirado Fabián Escalante Font), Gladys desorbita los ojos: “Pero, muchacho… ¡se te va a incendiar la cabeza!” Tomando con discreción los pastelitos que compré en el camino, los hijos abandonan la diminuta sala de recepción.

Gladys se pone a quemar incienso. Dirigiéndose al altar, murmura algo inaudible y toma una deslucida baraja de naipes españoles. Los mezcla con lentitud, y ordena: “Piensa en algo y cota”. Pienso en algo y corto. Reúne el mazo y devuelve las cartas que acomoda prolijamente en hileras. Sin despegar la mirada de los naipes, suspira y dice:

–Fidel vivirá… ¿oíte?

–¿Cómo sabías que…?

–Ahora vamo’ a lo tuyo.

Corto. Gladys repite la operación. Negativamente, mueve la cabeza. Recoge una vez más y baraja: “¡Cota!” Al tercer intento, explica que tres veces han aparecido el 9 de espadas, la sota de bastos, el 6 de oros y el 6 de copas. Me quiero morir: sucesos a peor, la dama de la pasión, dificultades y melancolía. Gladys me regaña: “no cumplite”.

¿Será la edad? Lo único científicamente probado es que con los años nos volvemos más prudentes, menos crédulos, más… ¿pendejos? En el vuelo de regreso, leo los datos analizados por el fundador de los servicios de la seguridad cubana: de 1958 a 2000, su departamento conjuró 634 atentados contra Fidel Castro. Quince atentados por año, más de uno por mes.

Escalante analiza los casos más sonados. No todos, pues muchos jamás serán conocidos. ¿Y si en lugar de 634 hubiese apuntado 50 sin “c” (sin cuenta)? Porque este número, difícil de cotejar, estimula la adrenalina de quienes frente a cualquier dato irrefutable de la revolución sufren incontenibles ataques de bruxismo, el tan molesto rechinado nervioso de los dientes.En días recientes, un escritor bien “aceitado” por el marketing literario español hizo el mismo cálculo, pero concluyó distinto: “… me cuesta trabajo –escribe– creer en esa conjura obsesiva, en la existencia de una intriga permanente, mensual…”

Obsesión, intriga… ¿de quiénes? Limitándose a confesar su incredulidad, el escritor adopta el tono plañidero que ensaya cuando lo entrevistan: que él nunca escribiría “nada que le haga daño a Cuba”, y que “… antes de eso, mejor me corto la lengua y los brazos…” ¡Ave María! Pero sus amigos, atribulados, ya no se atreven a preguntarle si el trago mañanero es el primero del día o el último de la noche anterior.

Cuando murió su padre, grandísimo poeta, Cintio Vitier escribió que entre sus méritos figuraba el no haberse envanecido. “Su lección de humildad –dijo– fue una lección de responsabilidad. Su culto de la forma fue su mayor culto a la patria y a los héroes. En ninguna página salida de sus manos hallaremos nunca una gota de chapucería.”

Pero el hijo, abroquelado en la cómoda insidia del cinismo liberal, también se burla de un cristiano piadoso: el catalán Antonio María Claret, arzobispo de Santiago (1851-57), quien puso su actividad pastoral bajo la protección de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba (¡Ochún!).

Al escritor le seduce una profecía atribuida al prelado (santificado en 1916) que, con sospechosa precisión, coincide con hechos de la revolución: el joven que sube a las montañas con las armas en la mano y después de un tiempo baja con una espesa barba para instaurar una dictadura de 40 años, traicionando sus ideales… etcétera.

Poniendo las suyas en remojo, el lenguaraz aclara que la iglesia descree del vaticinio, pero que uno de los documentos que pudo consultar “fue publicado varios años antes del desembarco del yate Granma” (sic). Y como es de ley en este tipo de comentarios, omite que el santo estuvo a punto de morir apuñalado, a causa de sus sermones y metáforas antiesclavistas.

A la grey de las plantaciones, San Antonio preguntaba: “Si un horno especial fuera encendido… y entonces algunos hombres colocaran frente a ti todo tipo de bienes que el corazón humano pueda desear, y añadieran la oferta de un reino próspero. Si todo esto te fuera prometido a cambio de que sólo por media hora te introdujeras en el horno ardiente, ¿qué escogerías?”

Gladys tenía razón. Qué memoria. Cinco años atrás me sugirió que reuniese cinco yemas de huevo, miel de abeja, canela en polvo, un plato blanco hondo y un velón amarillo. Pero después, olvidé por completo qué debía hacer con estos ingredientes. Hombre de poca fe, no cumplí.

 
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