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Contra el maquiavelismo

José Agustín Ortiz Pinchetti
jaop@prodigy.net.mx

PRD y AMLO: basta de confusiones

Una corriente de articulistas afirma que AMLO es un lastre del PRD y alienta a los perredistas a deshacerse de la carga y reconocer a Felipe Calderón y hacer fluir la política. Muchos son plumíferos, pero otros tienen fama de independientes. Ninguno ejerce análisis de hechos concretos, se reduce a machacar prejuicios.

¿AMLO tiene en un puño autoritario al PRD? El tabasqueño no interviene en el partido, pudiendo hacerlo por ser un miembro destacado del mismo. No se mezcla en la selección de candidatos en los procesos locales ni en la designación de coordinadores de las fracciones del PRD. No ha interferido en el proceso interno del partido. Sus opiniones son aceptadas por la mayoría no como consignas, sino como posicionamientos. No hay que olvidar que es el único líder importante de la oposición.

¿AMLO mantiene contra toda lógica la impugnación de las elecciones de 2006? Según sus detractores, no existe prueba del fraude. Ninguno de ellos ha refutado las opiniones de John Ackerman, José Antonio Crespo, Julio Scherer Ibarra, Jenaro Villamil, Lorenzo Meyer y una cincuentena de juristas y politólogos que han demostrado las irregularidades mayores del proceso. AMLO insiste en la ilegitimidad de Calderón no sólo para justificar su movimiento, sino para defender nuestra incipiente democracia.

¿Existe en el PRD una corriente de políticos prudentes que han logrado controlar el aparato y que se oponen a López Obrador? Nueva Izquierda no controla el partido. No es verdad que se haya entregado a Calderón. No es seguro que alcance la presidencia del partido.

Estos infundios pueden tener origen emocional; por ejemplo, el odio de Jesús Silva Herzog Márquez, que sólo le falta acusar a López Obrador de inquisidor mayor. Ni siquiera se ha tomado el trabajo de leer el ponderado y sólido discurso de AMLO en el congreso del PRD que critica con ferocidad.

Estos escritores son ignorantes, no conocen ni al partido ni a sus complejas relaciones internas, ni a las que mantiene con gobernadores de los distintos colores ni con otros partidos ni con el gobierno federal. Tampoco han entendido lo que es el obradorismo, con una propuesta de modernización política apoyada por millones. Ocultan su carácter pacífico, no violento, constructivo. No entienden su intención de rectificar el rumbo de la nación y sacarla de la postración económica, política y moral. No conocen ni la dimensión ni el arraigo del movimiento. No han asistido a las giras ni mítines. No han investigado la red obradorista que ya supera el millón de representantes. Están instalados en la negación frente a la emergencia de la mayor fuerza política de los tiempos recientes.

Ahora contesto a mi querido amigo Arnaldo Córdova: el sí, un estupendo crítico conocedor del PRD y sus tramas internas; nadie desearía la ruptura entre el PRD y el movimiento de AMLO. Yo soy de los que piensan en una confluencia. La enorme multitud de nuevos adherentes no se incorporaría al PRD porque su peso abrumador distorsionaría la vida del partido. Pero no sólo el PRD, sino los demás partidos progresistas, sindicatos, corrientes democráticas, incluso priístas y panistas, se sumarían a esta fuerza en un solo polo para afrontar a la derecha y transformar a México.

 
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