Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 2 de septiembre de 2007 Num: 652

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Relamparismos
ALONSO ARREOLA

Cómo se volvió una mala persona
ELENI VAKALÓ

555 años del nacimiento
de Leonardo Da Vinci

HÉCTOR CEBALLOS GARIBAY

Un deuda con Aguascalientes
MARCO ANTONIO CAMPOS entrevista con RUBÉN BONIFAZ NUÑO

El escritor
IGNACIO SOLARES

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR


Directorio
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Germaine Gómez Haro

México en la Bienal de Venecia

Por vez primera en la historia de la Bienal de Venecia, en su edición núm. 52, México participa con un pabellón oficial representado por el artista electrónico Rafael Lozano-Hemmer (México, DF, 1967). La exhibición titulada Algunas cosas pasan más veces que todo el tiempo reúne en el hermoso palacio gótico Soranzo Van Axel, seis instalaciones interactivas que han dado mucho de que hablar, tanto en la prensa internacional como en los pasillos de la prestigiada muestra. A pesar de estar ubicado fuera de los Giardini y Arsenale –sedes oficiales de la Bienal – el Palacio Van Axel, situado entre las laberínticas callejuelas cercanas al Puente del Rialto, ha sido uno de los pabellones más visitados, según aseguran las fuentes de la mostra. Hay que reconocer la acertada elección de Lozano-Hemmer como representante de nuestro país en este importante evento, y la loable conjunción de esfuerzos de los organismos oficiales ( SRE , CNCA , INBA , Consejo de Promoción Turística) y el sector privado (Fundación Jumex, Fundación BBV /Bancomer, Patronato de Arte Contemporáneo y Galería OMR) para llevar a cabo la realización de esta compleja y magnífica muestra, la cual, a mi parecer, no ha recibido en México la difusión que merece, más allá de una serie de chismografías en la prensa en torno a la procedencia y canalización de los recursos económicos.

Lo cierto es que el intenso peregrinaje por los centenares de obras provenientes de setenta y seis países que conforman la Bienal , curada por el célebre crítico e historiador Robert Storr bajo el título Piensa con los sentidos. Siente con la mente, depara pocas sorpresas y no consigue articular el atractivo discurso planteado en el concepto teórico del proyecto. Más bien, el visitante acaba percibiendo la apoteósica cantidad de obras –buenas, regulares y malas– como una interminable serie de objetos aislados de un contexto. Quizás por eso una de las muestras más propositivas y refrescantes sea, para nuestro orgullo, la del pabellón mexicano.

Rafael Lozano-Hemmer es uno de los jóvenes artistas mexicanos que ha alcanzado mayor proyección internacional. Su formación inicial como físico-químico en la Universidad de Concordia en Montreal, donde reside desde 1990, lo ha llevado a explorar toda suerte de vericuetos en los territorios de la ciencia y la tecnología, hasta convertirse en un artista interdisciplinario que hace uso de los medios más sofisticados para realizar instalaciones interactivas, esculturas cinéticas, intervenciones en espacios públicos a partir de proyecciones de vídeo y sonido, fotografías, conexiones de internet y celular, sensores y otros artilugios con el fin de crear lo que él denomina sus “antimonumentos de agenciación aliénigena”.

Las seis instalaciones que se presentan en esta muestra dan cuenta del ingenioso, laborioso y altamente refinado trabajo de este artista que consigue involucrar al visitante en la interacción con sus piezas hasta hacerlo sentir “parte” de ellas, como bien dice el historiador Víctor Stoichita: “No estamos ante una obra, estamos en una obra. Somos la obra.” El espectador pasa de ser mero observador a colaborador activo: sin su participación la obra no es posible, es decir, no existe. Uno de los trabajos que me pareció más atractivo es el Almacén de corazonadas : el visitante entra a un gran espacio donde penden unas hileras con cien focos incandescentes y es invitado a sujetar, con las dos manos y durante quince segundos, un sensor que detecta su pulso y lo transmite al primer foco que se enciende y se apaga siguiendo su ritmo cardíaco. Al mismo tiempo, los otros noventa nueve focos vibran de acuerdo a los latidos del corazón de los participantes previos, lo que provoca en el espacio una sensual atmósfera lumínica que da la sensación de una melódica danza de claroscuros.

Lozano-Hemmer ha sido acreedor de numerosos premios y distinciones en los más relevantes foros culturales internacionales. No es descabellado pensar que tiene muchas probabilidades de llevarse un galardón en esta Bienal. Sus portentosas instalaciones e intervenciones públicas –también conocidas como subesculturas y arquitectura relacional – tienen el poder de tocar a la vez los sentidos y las fibras racionales a partir de la “ilusión”, de la ambigüedad y del misterio. Es un artista refinado, sofisticado e inteligente que asombra y sorprende al visitante por la complejidad, ludismo e ironía de su discurso y por su alta calidad poética y estética.

Su trabajo se puede apreciar en el sitio www.lozano-hemmer.com