Usted está aquí: lunes 3 de septiembre de 2007 Deportes Más de medio metro de cornadas ayer en la México

TOROS

Más de medio metro de cornadas ayer en la México

Lumbrera Chico

Verdes como el trigo verde, pero pletóricos de clase, valor y afición, los novilleros Arturo Saldívar, de 18 años, y Jairo Miguel, de 14, conmovieron ayer al público de la Monumental Plaza México al derrochar su arte y su sangre ante un difícil encierro de Javier Garfias que los mandó al hospital con cornadas cuyas trayectorias suman en conjunto más de medio metro de longitud. No menos inmaduro pero carente de los atributos de sus colegas, Jorge Sotelo desperdició al mejor astado del encierro y se llevó una doble paliza con el segundo de su lote, que lo descalabró y le rompió la boca.

Fue en verdad sangrienta la décima función de la temporada veraniega a la que asistieron menos de mil personas y en la que, víctima de todas las limitaciones de la senilidad, el juez Ricardo Balderas volvió a dormirse y ni siquiera se enteró de que debía concederle una muy merecida oreja a Saldívar cuando éste, luego de permanecer en el ruedo toda la tarde con dos heridas en las extremidades inferiores, mató de un estoconazo en todo lo alto al que cerró la plaza.

Todo empezó mal cuando en las corraletas se lastimó una res de Garfias y ésta fue sustituida por un pésimo sobrero de De Haro, visiblemente enfermo, que fue corrido en primer turno con el irónico nombre de Integro, cárdeno nevado de 435, que se caía una y otra vez, y que llegó a la muleta desarrollando sentido y sagacidad cazadora, de modo que se frenaba a media embestida, se quedaba quieto y de repente soltaba el gañafonazo, cáusandole a Saldívar una herida de 15 centímetros en el glúteo derecho y otra de 10 en la parte inferior del muslo izquierdo.

Después de haber sobrevido al espantoso percance en que, apenas en abril, durante la feria de Aguascalientes, un marrajo le atravesó el pecho y se lo llevó de corbata perforado en un pulmón, el ibérico Jairo Miguel, nacido el 5 de marzo de 1993 y vestido ayer con un terno principesco de gris perla y plata, recibió otra dolorosa cornada, ahora de 20 centímetros de profundidad, también en el glúteo izquierdo, que por fortuna pasó a sólo dos centímetros del recto sin dañar ningún órgano vital.

Antes de ser castigado tan severamente, había cuajado una dramática suerte de chicuelinas en los medios, luego de recibir con cuatro verónicas cargando la suerte a Navegante, negro bragado de 459 y muy cómodo de cabeza, al que, en el incio de su trasteo de muleta, consiguió embarcar, templando y mandando de aquí hasta allá, en cuatro derechazos a pies juntos. Porfiaba por la izquierda cuando el bicho en un derrote lo derribó y lo recogió del suelo empitonándolo por debajo de la cintura, mientras su padre, el ex matador Sánchez Cáceres, saltaba la barrera y corría hacia él desencajado.

Al michoacano Sotelo le tocaron en suerte el mejor, Tesorero, cárdeno de 460, al que asesinó de un bajonazo, y el peor, Viajero, negro bragado y cornalón, que le asestó dos horripilantes palizas. El muchacho, sin otro mérito que el de haber seguido la lidia hasta el fin, se robó con descaro una vuelta al ruedo.

 
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