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Teresa del Conde

La mesa herida

Independientemente de cualquier aniversario de Frida Kahlo, lo más aportativo consistiría en la localización de esta pintura, única junto a Las dos fridas de dimensiones amplias. De existir mide 1.20 x 2.45 metros. Se sabe que fue exhibida el año de 1955 en la exposición de artes plásticas de México en Polonia, de la que se publicó un catálogo cuya presentación estuvo a cargo de Karol Wende, secretario general del Comité de Relaciones Culturales con el extranjero, un texto más es de Julius Starynski, profesor en la Universidad de Varsovia y director allí del Instituto Nacional de Arte. Por parte de México el historiador Ignacio Márquez Rodiles fue el primer comisario y colaboró en el catálogo del que tuve noticias, gracias a documentos del entonces Frente Nacional de Artes Plásticas, organismo que presentó ante los espectadores polacos las corrientes básicas que desde 1921 perfilaban la plástica mexicana.

Se exhibieron 102 cuadros y dibujos, además de 300 gráficas, entre linóleos y grabados, algunos en color, aparte de una sección de fotografías. En la portada del catálogo polaco se reprodujo Tata Jesucristo, de Goitia. El local de exhibición fue el edificio Zacheta, itinerando después a otras sedes: Checoeslovaquia, Bulgaria y Pekín, pero de La mesa herida no volvió a saberse nada con todo y las pesquisas que Helga Prignitz Poda lleva a cabo y que algunos otros, principalmente Blanca Garduño Pulido, hemos intentado realizar sin obtener frutos. Al igual que Christina Burrus (especialista en Kahlo), tuve la oportunidad de buscar en el Museo Pushkin, de Moscú, durante la única visita que he realizado a esa ciudad, todavía en el contexto de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Pero de ese tipo de pesquisas es imposible fiarse, a menos que se realicen con asistencia de un equipo calificado y con la total anuencia de las autoridades de un museo cuyas bodegas no se alojan todas en el propio recinto.

Entre los documentos ya catalogados en la Casa Azul, encontré lo que sigue. Diez años antes de la exposición inaugurada en Polonia, Frida accedió a donar un cuadro al Museo de Arte Occidental Moderno de Moscú, donde habría de inaugurarse una sala especial que se denominaría sala México. Desconozco ese museo, a menos que se trate del Pushkin.

El documento firmado por Samuel Vasconcelos, fue dirigido a Frida Kahlo a través del Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Ruso el 16 de agosto de 1945. Allí se habla del regocijo con el que ella acogió la propuesta de donación. ¿Por qué decidió donar precisamente ese cuadro que participó en la muestra surrealista de la Galería de Arte Mexicano y en el que además están representados sus queridos sobrinos Isolda y Antonio Pineda Kahlo? Ella está al centro de la mesa tipo “última cena”, de extremidades hmanizadas, como si la escena fuera espectáculo de teatro.

El 13 de septiembre del mismo año, el propio Samuel Vasconcelos acusa recibo del cuadro que según el documento mide 2.45 x 1.20” (invirtió las medidas), añadiendo que sería enviado a la URSS por conducto de la representación en México de la VOKS y destinado a la sala México. “Si por cualquiera circunstancia dicha pintura no fuera enviada a su sitio de destino, será devuelta a su donadora en perfectas condiciones”. Es posible preguntarse, ¿cuáles pudieron haber sido los motivos aducidos? ¿Se canceló lo de la sala México? ¿gustó o no el cuadro a quienes lo recibieron en donación?

El 29 de enero de 1946 el primer secretario de la embajada de la URSS en México, Andrei Glebsky, agradeció el obsequio del cuadro, sin mencionar el título, pero ya no habla de museo alguno, sino de su integración a una colección de pintura mexicana “que ha de exhibirse en la Unión Soviética”.

El presidente del Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Ruso en 1945 era Luis Chávez Orozco y los vicepresidentes nada menos que Alfonso Reyes y Eduardo Villaseñor.

La aludida exposición polaca tuvo lugar 10 años después. Por tanto, la participación de La mesa herida debe haber tenido lugar desde Moscú, donde se encontraba la pintura, arrumbada en alguna bodega, y la instrucción sobre su inclusión en la muestra probablemente fue gestionada por Diego Rivera.

Ignacio Márquez Rodiles asistió a la inauguración en Polonia, pero luego actuaron otros comisarios: Ignacio Aguirre y Antonio Rodríguez, quienes terminaron por responsabilizar al primero de la repatriación de las obras.

No fue esta pieza la única que no regresó, hubo otras, entre ellas dos de Diego Rivera (la famosísima Pesadilla de guerra y sueño de paz) que tampoco volvió, aunque no se sabe si el propio Diego la vendió, o si fue destruida, así como algunas obras de Pablo O’Higgins et al.

Márquez Rodiles falleció a los 90 años el 2 de enero de 2001, en Puebla, donde fungía como investigador en la BUAP. Helga Prignitz continúa las pesquisas.

 
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