Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 9 de septiembre de 2007 Num: 653

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Cuatro décadas del Premio de Poesía Aguascalientes
Introducción de
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Aguascalientes:
ciudad de poesía

CLAUDIA SANTA-ANA

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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Hugo Gutiérrez Vega

RODILLERO REVISTADO (JOSÉ, DE PALACIO VALDÉS)(II Y ÚLTIMA)

Uno de los aspectos esenciales de la novelística de nuestro autor es la precisa elaboración de sus personajes, todos ellos desbordantes de vida, de verdad humana: José, honrado, marinero de alma y vocación cumplida, generoso y tímido; Teresa, mujer iracunda, endurecida por los trabajos para vivir y las vejaciones de lo cotidiano; la terrible Isabel, compendio de maldades y de suspicacias, avariciosa e hiriente; el patético hidalgo, Fernando de Meira, hundido en la miseria, manteniendo la pureza de sus decadentes blasones, candoroso y lleno de bondad; la prudente Elisa, sabia en amores, defensora de su hombre, y los marineros de Rodillero, alegres en tiempos de fortuna, resignados y fuertes ante los golpes del mar.

Una nueva edición de José serviría para actualizar los estudios sobre la obra de Palacio Valdés, autor considerado en su tiempo como el patriarca de las letras españolas y ahora un poco olvidado o colocado detrás de Pérez Galdós, doña Emilia Pardo Bazán o el Clarín de La regenta , sin duda una de las más altas cumbres de la novelística universal. Don Armando, hombre tranquilo y señorial, ocupa sin estridencias su lugar en la historia de la literatura. Los críticos lo ubican en las escuelas realista o naturalista y siempre tienen dificultades para elaborar su ficha y encasillarlo en los rígidos archivos. Don Armando dio a cada novela el tratamiento que el tema le exigía y, a veces, utilizó los procedimientos propios del realismo o del naturalismo. Fue, en suma, un ecléctico prudente y evitó los compromisos con las distintas estéticas o ideologías.

Espero, amigo lector, que José te lleve de la mano a otras novelas de Palacio Valdés: tal vez la madrileña Riverita o la andaluza La hermana san Sulpicio ; las asturianas La aldea perdida , Santa Rogelia , o la magistral Sinfonía pastoral o Tristán o el pesimismo que, junto con La alegría del capitán Ribot y Los papeles del doctor Angélico , constituyen los momentos estelares de una novelística que es universal gracias a su conocimiento y a su amor por las cosas cercanas.

La vida de don Armando fue apacible y elegante por su discreción y su desprecio por las rencillas y miseriucas del llamado “poder literario”. Nacido en el Valle de Laviana, entre los frutales y la grama verde de la casa paterna transcurrieron su infancia y su adolescencia, etapa en la que nació su vocación literaria. Avilés y Oviedo fueron escenarios de sus años escolares y, en la capital del principado, la casa del abuelo, ejemplo de respetabilidad burguesa, de prudencia y de bondad bien dirigida, dio a don Armando el clima espiritual que campea en la mayor parte de sus novelas, cuentos y ensayos. En esas épocas devora libros, se acerca a los románticos, incursiona en los clásicos y empieza a escribir sus primeros textos. Más tarde vendrían Madrid, la carrera de derecho, las inquietudes políticas, los misterios de la capital del reino y los apasionantes laberintos del periodismo y de la crítica, empresas que compartió con su amigo Clarín. El resto de su vida es la literatura, vocación poderosa a la que se entregó con su ánimo sereno y enemigo de las actitudes aparatosas. Su credo literario y su posición ante la vida se hacen patentes en La novela de un novelista , Álbum de un viejo , Testamento literario y otros ensayos o memorias en los que recoge sus experiencias y, lejos de todo didactismo, proporciona sus puntos de vista sobre el quehacer literario y la inteligencia para vivir propia de un buen burgués incapaz de hacer daño y siempre dispuesto a dar con la mano izquierda sin que se enterara la derecha. Don Armando murió en Madrid en 1938. Mientras agonizaba, en torno a su casa estallaban los horribles ruidos de la Guerra civil.

Las olas del mar –esa movible llanura de múltiples rostros– llegan a Rodillero y con ellas se acerca la súbita y precaria fortuna o la pálida muerte por agua. Ahora, en medio de la sociedad industrial y escuchando los prodigios cibernéticos, la lectura de José nos regresa a una época no necesariamente mejor que la nuestra, pero sí todavía hecha a la medida de lo humano. Ojalá que la humanidad siga su camino enarbolando por su orden las cuatro primeras velas de las lanchas asturianas; ojalá que la tontería o la maldad no nos obliguen a izar la unción ante el peligro de que perezca la raza humana.

jornadasem@jornada.com.mx