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El músico e investigador zacatecano se presentó en La Habana con su grupo

El jarabe tapatío ni es jarabe ni es tapatío: Nicolás Puentes Macías

El género verdadero se cultivó durante cerca de un siglo en el centro de México y estaba a punto de perderse, afirma

Tiene grabados dos discos y una treintena de números rescatados

Gerardo Arreola (Corresponsal)

Ampliar la imagen Nicolás Puentes, líder de Los Jaraberos de Nochistlán Nicolás Puentes, líder de Los Jaraberos de Nochistlán Foto: Gerardo Arreola

La Habana, 18 de septiembre. “El jarabe tapatío ni es jarabe ni es tapatío”, afirmó el músico e investigador zacatecano Nicolás Puentes Macías. “Ese y otros llamados jarabes son una unión de tonadillas. El verdadero jarabe se cultivó durante cerca de un siglo en el centro de México y estaba a punto de perderse.”

Puentes dirige el grupo Los Jaraberos de Nochistlán y está dedicado a la investigación y rescate del jarabe, género popular que se produjo, según sus estudios, entre los dos siglos anteriores, de 1860 a 1940, aproximadamente. Vino a La Habana como parte de una delegación del estado de Zacatecas a las Jornadas Culturales de México, que se realizan aquí en septiembre.

Músico desde la infancia, por herencia paterna, en su natal Nochistlán, y ejecutante del violín en mariachis de la ciudad de México, Puentes decidió volver a su tierra para investigar, rescatar, difundir y cultivar el jarabe, género festivo dedicado al baile popular.

“Se estructura de tres partes”, explicó Puentes: “una diana, que simboliza un aplauso y luego dos partes, divididas por un verso jocoso, festivo, en el que las parejas cambian de posición y tienen un descanso para tomar un sorbito de tequila”. Una letra típica del jarabe era: “Ya te he dicho que no vayas/ al pozo del agua fría/ porque de ahí se llevaron/ a una prima hermana mía”.

Se ejecutaba en bailes populares, en los que los hombres se sentaban a un lado de una tarima y las mujeres enfrente, generalmente a la sombra de un árbol. El hombre no invitaba a bailar a la mujer. Se levantaba al escuchar la música, hacía una seña con el sombrero y en la pista encontraba su pareja.

El investigador recordó que ya no se produce el género. Cientos de piezas se perdieron irremediablemente. Él trata de rastrear y reconstruir lo que se puede. Como era música que no se escribía, primero exprimió su propia memoria y la de su familia. Luego anduvo de rancho en rancho, hablando con los más viejos. Los Jaraberos ya tienen dos discos y una treintena de números rescatados, aunque Puentes confía en que “van a aparecer más”.

La búsqueda se centra en la zona del jarabe, en la región de los Altos de Jalisco y el área vecina del sur de Zacatecas.

El grupo tiene dos violines, una guitarra quinta (de cinco cuerdas, parecida a la vihuela), guitarrón, arpa y tambora, una dotación similar a la original jarabera, de la cual, dice Puentes, surgió el mariachi.

Errores sobre el mariachi

Puentes rechaza las versiones más difundidas sobre el origen del mariachi. Por ejemplo, que nació cuando las tropas de Maximiliano trajeron las trompetas austriacas a México. “Falso”. La palabra “mariachi” ya existía en 1824. No viene, como se cree, de la palabra francesa mariage (boda) ni de un dialecto de Cocula, Jalisco.

Había un árbol llamado mariachi, apunta el musicólogo, del que se sacaba la madera para fabricar tarimas de baile y las tapas de guitarras, arpas y guitarrones y que ahora se le conoce como tacote.

El conjunto musical con el nombre de mariachi pudo surgir en las dos primeras décadas del siglo XX, dijo Puentes. Primero se llamaban “jaraneros”, “conjuntos de arpa grande” o “músicos de rumbo”, dependiendo de la región. Se inició con la estructura de un grupo jaranero y luego añadió los metales.

El primer lugar donde hubo mariachi con trompetas fue Nochistlán, en 1919. De ahí en adelante se extendió el formato, se conoció en la ciudad de México y se le empezó a llamar con su nombre actual, señala el investigador.

Un mariachi moderno, como el Imperial de Zacatecas, una tambora y la Compañía Estatal de Danza Folclórica de ese estado, protagonizaron con Los Jaraberos el programa musical de las jornadas que culminaron el fin de semana con la celebración del Grito, también con la participación del ensamble de guitarras Kanari de la misma entidad y el grupo músico-vocal Benvenuti, de Querétaro. También se abrió una muestra de fotos de Pedro Valtierra, parte de su serie sobre los zacatecanos.

 
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