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Jóvenes negros, presos allí por incidentes tras sentarse debajo de árbol “para blancos”

Decenas de miles de estadunidenses se reúnen en Jena para denunciar la injusticia racial

David Brooks (Corresponsal)

Ampliar la imagen Un manifestante vestido con el traje del Ku Klux Klan ahorca animales de peluche frente a la corte del poblado de Jena Un manifestante vestido con el traje del Ku Klux Klan ahorca animales de peluche frente a la corte del poblado de Jena Foto: Ap

Washington, 20 de septiembre. Decenas de miles de manifestantes procedentes de varios puntos de Estados Unidos se congregaron este jueves en un pueblito de una zona rural de Luisiana para denunciar la injusticia racial en un caso que se ha convertido en epicentro del debate sobre la igualdad, el racismo, y la ley en este país.

El poblado de Jena, con alededor de 3 mil habitantes, fue inundado por decenas de miles de manifestantes que llegaron en cientos de autobuses, caravanas, aviones desde tan lejos como Los Ángeles, Detroit, Filadelfia, Atlanta y de esta capital, en una movilización de protesta que recordó a muchos los tiempos del movimiento de derechos civiles de los años 60.

Entre los manifestantes había veteranos de esas luchas, como también estudiantes y familias enteras, para marcar así lo que algunos consideran el comienzo de un nuevo movimiento nacional.

“Jena se ha convertido en el símbolo de la disparidad en el sistema de justicia criminal”, declaró el reverendo Al Sharpton, quien junto con su colega Jesse Jackson y otras figuras reconocidas participaron en la masiva manifestación popular.

Todo empezó hace poco más de un año cuando unos estudiantes negros de la preparatoria se atrevieron a sentarse debajo de lo que se conocía como el “árbol blanco”, o sea, solamente para los de raza blanca.

Al día siguiente aparecieron tres sogas colgadas del árbol, símbolo de linchamientos de negros por el Ku Klux Klan, relacionadas con una potente carga histórica en la conciencia colectiva del sur. Los estudiantes responsables sólo fueron suspendidos de la escuela durante tres días.

La tensión racial creció y hubo varios incidentes más, incluso golpizas entre estudiantes negros y blancos. En uno de los casos, jóvenes blancos atacaron a un negro, pero nunca fueron sancionados.

Al día siguiente, el mismo estudiante negro y unos amigos vieron a uno de sus atacantes y lo persiguieron. El blanco sacó un rifle no cargado, pero los otros se lo quitaron. El blanco no fue acusado por la policía, en cambio arrestó a los afroamericanos acusándolos de robo (del rifle).

Todo culminó cuando un estudiante blanco fue golpeado por seis estudiantes negros, y aunque el blanco sólo permaneció en un hospital dos horas y no presentó daño permanente –fue a una fiesta esa misma noche–, los seis negros fueron acusados por el fiscal local de intento de homicidio y de ataque físico.

Uno de ellos, Mychal Bell, fue enjuiciado como adulto (aunque tenía 16 años cuando ocurrió el incidente), condenado por ataque físico por un jurado integrado exclusivamente por blancos, y ya ha cumplido nueve meses encarcelado.

La semana pasada, un tribunal de apelaciones desechó el fallo al concluir que debería haber sido enjuiciado como menor de edad. Enfrentaba hasta 15 años más para cumplir su condena; ahora podría ser liberado el próximo el viernes.

Sin embargo, Bell y los otros cinco aún enfrentan cargos, y el fiscal local, de raza blanca, insiste en que no hay aspecto racial alguno en sus acciones legales.

Se enciende la mecha

Aunque durante meses el caso no atrajo la atención de los medios de comunicación nacionales, las noticias sobre lo sucedido en Jena fueron difundidas en Internet y, sobre todo, por radio.

Michael Baisden, un locutor de un programa de radio sindicado a escala nacional, se convirtió en el catalizador de una respuesta nacional a un evento en un pueblito desconocido de Luisiana.

Hoy culminó esta expresión de repudio con la megamarcha en Jena. El pueblo (85 por ciento blanco) se declaró en “estado de emergencia”, las escuelas y los comercios cerraron sus puertas y el gobierno estatal envió policías adicionales para reforzar las fuerzas de seguridad locales. Cundió la tensión y se expresaron preocupaciones por posibles actos de violencia.

Pero la protesta masiva se realizó sin un solo incidente, lo que los organizadores celebraron como “el poder de la protesta no violenta” promovida por el fallecido reverendo Martin Luther King.

Pero no fueron los grandes líderes u organizaciones los que generaron esta respuesta desde el inicio, sino una “nueva red” de actores. Lo ocurrido primero se fue difundiendo desde el ciberespacio y la radio, y continuó atravesando el país.

Ocurrieron protestas en algunas universidades y otros centros comunitarios en varios puntos del país y, de pronto, los “Jena 6” se sucedían por todas partes.

El caso se convirtió en símbolo de un sistema judicial que durante décadas ha sido considerado injusto y ejemplo del “racismo institucionalizado” por la comunidad negra, sobre todo por sus consecuencias devastadoras en los jóvenes.

Desde el abuso policiaco documentado y experimentado por jóvenes negros por todo el país, desde Nueva York a Los Ángeles, todos los días, hasta el hecho de que uno de cada ocho hombres negros en sus 20 se encuentran encarcelados, nutren esta percepción.

Según la organización The Sentencing Project, más de 60 por ciento de la población encarcelada en este país pertenece a minorías raciales o étnicas. La tasa de encarcelamiento de los afroestadunidenses es casi seis veces la de los blancos (la de latinos es casi el doble a la de blancos).

Ahora, y de repente, los candidatos presidenciales se han tenido que pronunciarse sobre el caso de Jena, y hoy hasta el presidente George W. Bush se vio obligado a decir que está “entristecido” por el asunto.

El “árbol blanco” ha sido cortado. Pero de sus raíces podría estar naciendo un nuevo movimiento de justicia social.

 
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