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Museo de formas, de Leonora Carrington, se inauguró en la Estación Indianilla

Un arpista gigante interpreta en la eternidad música para sordos

Las esculturas monumentales de la artista surrealista ocuparon las calles de la colonia Doctores

También se abrieron muestras de Alberto Blanco, Patricia Lagarde, El Fisgón y Ricardo Velazko

Mónica Mateos-Vega

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Ampliar la imagen Dos de las obras del mundo fantástico de Leonora Carrington, que se muestran en el Centro Cultural Estación Indianilla Dos de las obras del mundo fantástico de Leonora Carrington, que se muestran en el Centro Cultural Estación Indianilla Foto: José Carlo González

Al corazón de la colonia Doctores llegaron los personajes fantásticos del mundo mitológico de Leonora Carrington, ocuparon las calles, sorprendieron a los transeúntes, se robaron la noche del jueves, durante la inauguración de un quinteto de exposiciones en el Centro Cultural Estación Indianilla.

Dentro del recinto, las esculturas monumentales de Carrington hicieron magia: de un par de ellas empezó a salir humo de copal. La otras, bastaba con mirarlas para que la imaginación se volviera cómplice de El nahual del mono, de Albino Hogg, o del gigante arpista que interpreta en la eternidad música para sordos.

La colección de la artista británica avecindada en México, titulada Museo de formas, es sólo una parte del collage plástico que se exhibe en la Estación Indianilla (Claudio Bernard, esquina Niños Héroes, colonia Doctores), el cual completa las Imágenes inesperadas del poeta Alberto Blanco, las siete piezas de Xipe-totec, creaciones realizadas en técnica mixta de Rafael Barajas, El Fisgón; la colección K (una reflexión en torno a la vida del escritor Franz Kafka), fotografías de Patricia Lagarde, y el video Prefiero contarlo antes de que me lo pregunten, de Ricardo Velazko.

Se trata de un reunión afortunada de artistas, técnicas y obras que, en conjunto, rinden un homenaje a esa forma de hacer arte que Max Ernst definió así: “El collage es un instrumento hipersensible y escrupulosamente exacto que mide nuestras posibilidades de ser felices en cualquier instante”.

Serie del poeta Alberto Blanco

Imágenes inesperadas está conformada por 108 collages, divididos en dos series, realizadas con imágenes del siglo XIX, explica Alberto Blanco: “la primera parte se llama Un año de bondad, la segunda El sueño de Euclides, cada obra va acompañada de citas que hacen referencia a la historia del collage.

“En realidad cada imagen ilustra las citas y todas ellas se pueden leer en conjunto como un ensayo sobre la historia del collage.

“La primera serie la terminé hace 20 años y la segunda en 2006: esta es la primera vez que se exhiben. Se trata de un trabajo hecho con absoluta tranquilidad, calma y penetración, no está hecho a las carreras, ni para satisfacer un pedido de último momento ni está resuelto sobre las rodillas, ni fue hecho para complacer a una tendencia artística de último momento.

“La primera serie se publicó, completa, hace 20 años, el libro se agotó en cuatro meses. Por esas cosas incomprensibles en el medio editorial mexicano, el premio para esa edición fue no volverse a publicar en dos décadas. La segunda serie es un libro inédito. Pero todo es un solo proyecto y me gustaría verlos publicados juntos.

“Ahora, se ha dado una afortunada coincidencia poética y estética, porque este trabajo no sólo no discute con lo que aquí presenta Leonora Carrington o El Fisgón, que también hace un homenaje a Ernst. Compartimos una zona del quehacer artístico muy significativa, que inevitablemente tiene que ver con el surrealismo.”

El collage penetra todas las artes

“El collage –prosigue Blanco– es un lenguaje quintaescencialmente del siglo XX, una técnica que nace, crece, se desarrolla y llega a su madurez en esta época. Hay muchas razones para ello, la primera, que expresa muy bien el espíritu del tiempo que nos ha tocado vivir.

“El collage ha penetrado todas las artes, está presente en la poesía, desde los cantos de Ezra Pound o en La tierra baldía, de T.S. Elliot, o en el Ulises de James Joyce; en la música el collage se ha hecho desde hace muchísimo, por ejemplo, lo que hizo Satie, un pionero extraordinario. Es una técnica que está bien viva y sus lecciones siguen siendo vigentes”, concluye Blanco.

Xipe-totec II, de El Fisgón, consiste en siete cuadros cuyos dibujos tienen que ver con un personaje mítico que es una suerte de mujer-pájaro, donde algunas de las piezas expresan una denuncia contra la pederastia.

 
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