Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 23 de septiembre de 2007 Num: 655

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HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Fontanarrosa: mucho más que un humorista
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TAKIS VARVITSIOTIS

El otro regreso de José Gorostiza
EVODIO ESCALANTE

Michelangelo Antonioni: Blow Up de ida y vuelta
RICARDO BADA

Actualidad de Antonioni
CARLOS BONFIL

Antonioni-Hancock. ’66 Blowup Jazz
ROBERTO GARZA ITURBIDE

Los idiomas del poema
RICARDO VENEGAS Entrevista con EDUARDO CASAR

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Antonioni-Hancock . '66 Blowup Jazz

Roberto Garza Iturbide

En diciembre de 1966, horas después de la première mundial de Blow-Up en Nueva York, Herbie Hancock llamó por teléfono a Michelangelo Antonioni para expresarle su desilusión por la manera como el italiano había utilizado su música. “Sólo se escuchan fragmentos”, se quejó el compositor, miembro del Quinteto de Miles Davis desde 1963 y que a sus veintiséis años había sido requerido por uno de los cineastas de mayor renombre en el mundo.

La respuesta del director fue contundente: “La usé como sentí que era correcto.” El pianista, según la entrevista publicada en la edición del treinta aniversario (Turner, 1996), colgó el teléfono, durante un instante se quedó inmóvil y sin poder decir palabra, hasta que se dio cuenta del error: había ido a la première de Blow-Up a escuchar su música y no a ver la película de Antonioni.

Al cabo de unos días, Hancock se sacudió el ego, vio de nuevo la película y quedó maravillado. Esa misma noche se comunicó con el cineasta: “Lo siento, tienes razón: ¡Es cine! Esta es una lección que nunca voy a olvidar.” En el cine –comprendió Hancock– la música siempre está al servicio de la historia y el director hace con ella lo que mejor considere.

En aquellos años, Hancock ya era considerado una de las mayores promesas del jazz. Además de figurar en la selecta alineación del Quinteto de Miles, tenía un contrato como solista con el prestigiado sello Blue Note, con el que publicó piezas del nivel de “Watermelon Man”, “Maiden Voyage” y “Cantaloupe Island”. Pero el joven Hancock nunca había compuesto música para un largometraje y –según lo aceptó años después–, no tenía mucha idea que cuál era la función de un músico en el cine, y menos en las películas de un autor tan exigente como Michelangelo Antonioni.

Blow-Up está inspirada en el cuento “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar. A diferencia del relato original, la anécdota no ocurre en París sino en el Londres de mediados de los sesenta, en tiempos de la revolución cultural, cuando la fusión de modernismo y psicodelia abrió una serie de umbrales en el mundo de la música: jazz y funk se volvieron una palabra; el blues se acopló con el rock; Bob Dylan se colgó una guitarra eléctrica y popularizó el folk rock . Todo se mezclaba en la lisérgica olla de la contracultura, mientras el Revolver , de los Beatles, expandía las conciencias de millones de jóvenes en todo el mundo.

En el '66, Londres brillaba en glorioso technicolor y por sus venas corrían todo tipo de sustancias psicotrópicas. Ese año, el llamado swinging London abrió las puertas a la flexibilidad del movimiento hippie . En las calles rugían las motonetas scooters de los Mods, quienes ese verano pasaron de la rebeldía individual a la revuelta social e hicieron del disco My Generation , de The Who, la banda sonora de sus desmanes. En los clubes se podía viajar con la música de Pink Floyd (recuerden que el psiconauta Syd Barrett pisó la Luna antes que Neil Armstrong), o escuchar el jazz más cool de todos los tiempos. Miles Davis y Herbie Hancock podían estar tocando juntos en un club, mientras Jeff Beck y Jimmy Page revolucionaban el sonido del rock en otro local de la misma calle.

Antonioni se apropió el relato de Cortázar y lo ubicó en esta bulliciosa Londres sesentera. La historia es básicamente la misma: un fotógrafo se obsesiona con la idea de haber captado un asesinato con su cámara, luego asume el papel de artista-detective pero nunca logra resolver el misterio. El personaje busca las claves del crimen en pequeñísimos detalles de una secuencia que registra la discusión de una pareja en un jardín solitario. El título Blow-Up se refiere a “reventar el grano de la foto” mediante la ampliación de la imagen, técnica utilizada por el fotógrafo en su afán por comprobar la hipótesis del homicidio.

¿Por qué Antonioni decidió llamar a Herbie Hancock para musicalizar Blow-Up ? Hay una explicación lógica: el personaje principal del filme, Thomas (David Hemmings), es un fotógrafo especializado en moda y de gustos sofisticados. No es un Mod común y corriente, un rebelde callejero (como el personaje de Quadrophenia ), sino un artista interesado en las corrientes de vanguardia. En lugar de una scooter , Thomas se mueve en un convertible, y en lugar del acelerado álbum de The Who, en su estudio suenan finas piezas de jazz.

Antonioni, apasionado de la música y en particular del jazz, intuyó bien que Hancock era el músico indicado para crear los sonidos que fusionaran la energía de la movilización juvenil con la elegancia del jazz. El cineasta tomó la decisión correcta: Hancock invitó al bajista Ron Carter y al baterista Jack DeJohnette, y al poco tiempo entregó una docena de piezas extraordinarias, la mayoría pensadas para ambientar escenas específicas, como una sesión fotográfica con una supermodelo o un ameno encuentro sexual de Thomas con dos locuaces admiradoras. Hancock aceleró los ritmos de la batería, dilató las líneas del bajo y se dio vuelo con el piano electrónico.

El músico construyó la atmósfera sonora que le encargó Antonioni, y de paso compuso un álbum que hoy es considerado una obra fundamental del jazz de los sesenta. Y precisamente por eso, por haber creado un disco tan excelso, Hancock se contrarió el día de la première . Su música no era la protagonista de la noche, sino un elemento más del filme, que de hecho Antonioni utilizó como source music , es decir, la que se escucha cuando, por ejemplo, alguien prende el radio o pone un disco en una película.

Como contrapunto a los ritmos sincopados de Hancock, Antonioni invitó a la banda de rock The Yardbirds, con la que filmó una secuencia delirante de una tocada en vivo: el público se mantiene inmóvil, como idiotizado, mientras Jimmy Page se avienta un solo desenfrenado y Jeff Beck destruye su guitarra como lo hacía Pete Townshend de The Who en aquellos años. La cámara sigue el movimiento de Thomas mientras se escabulle entre la concurrencia estática, al tiempo que Beck destroza el escenario a guitarrazos. A esta memorable actuación de los Yardbirds hay que agregar dos canciones que Antonioni encargó al grupo seminal del rock progre-psicodélico Tomorrow, en el que tocaba el guitarrista Steve Howe antes de formar parte de Yes.


Escenas de Blow Up

Hancock debió sentirse muy desilusionado a la salida del cine, con el ego hecho pedazos. Pero días después, el pianista captó que el cine es mucho más complejo de lo que creía, un lenguaje que integra a varias expresiones artísticas, y por ello se disculpó con Antonioni.

A la fecha, Hancock ha musicalizado una decena de largometrajes, entre ellos una delicia del cine-jazz dirigida por Bertrand Tavernier: Round Midnight , aunque su mayor aportación al séptimo arte sigue siendo la música que compuso para Blow-Up , un filme que a sus cuarenta y un años se mantiene inquietante, vigoroso, cool y sin una sola arruga.