Usted está aquí: martes 23 de octubre de 2007 Economía Celulares: amenaza oculta

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Tecnología

Celulares: amenaza oculta

Utilizar un celular durante más de 10 años aumenta el riesgo de contraer cáncer cerebral, de acuerdo con un exhaustivo estudio recién publicado. El estudio –que contradice los pronunciamientos oficiales de que no hay ningún peligro de contraer la enfermedad– descubrió que las personas que han tenido celulares durante una década o más tienen el doble de probabilidades de desarrollar un tumor maligno del lado del cerebro donde sostienen el teléfono.

Los científicos que encabezaron la investigación dicen que usar celulares durante una hora cada día hábil a lo largo de ese periodo es suficiente para aumentar el riesgo, y concluyeron que la norma internacional utilizada para proteger a los usuarios de la radiación no es segura, por lo que tiene que revisarse.

Su conclusión es que “los teléfonos celulares deben usarse con cuidado” y que los niños, que son especialmente vulnerables, no deben usarlos en absoluto.

El estudio, publicado en la última emisión del reputado diario Occupational Environmental Medicine, es importante porque reúne investigaciones sobre personas que han usado celulares durante el tiempo suficiente para contraer la enfermedad.

El cáncer necesita al menos 10 años –y a veces mucho más– para desarrollarse; sin embargo, como los teléfonos celulares se han propagado de manera tan reciente y veloz, relativamente pocas personas los han usado durante ese lapso.

Las versiones oficiales de que los teléfonos son seguros se han basado en investigaciones que, cuando mucho, han incluido unas cuantas personas expuestas a la radiación durante el tiempo suficiente para contraer la enfermedad y, por tanto, son de poco o nulo valor en la evaluación del verdadero riesgo.

El mes pasado, la mayor investigación británica sobre posibles problemas de salud debido al uso de tecnología móvil, el Programa de Telecomunicaciones Móviles e Investigación de la Salud (MTHR, por sus siglas en inglés), con un costo de 12 millones de dólares –financiado por “el gobierno y fuentes de la industria”– reveló que los “teléfonos celulares no se han asociado a ningún efecto adverso biológico o de salud”.

Pero su presidente, el profesor Lawrie Challis, admitió que sólo una pequeña parte de la investigación incluyó sujetos que habían usado teléfonos durante más de una década. Challis advirtió: “En esta etapa no podemos descartar la posibilidad de que el cáncer pueda aparecer en unos años”. Además, expresó que la investigación había descubierto “un indicio muy leve” de incremento en el número de tumores cerebrales entre quienes estuvieron expuestos más de 10 años, y exigió más investigación.

El nuevo estudio –encabezado por dos suecos, Lennart Hardell, del Hospital de la Universidad de Orebro, y Kjell Hansson Mild, de la Universidad de Umea, quien también es miembro del comité directivo del programa MTRH– de alguna manera trata de satisfacer esa deficiencia.

Los científicos reunieron los resultados de 11 estudios que hasta ahora han investigado ocurrencia de tumores en personas que han usado teléfonos durante más de una década en Suecia, Dinamarca Finlandia, Japón, Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña. Y encontraron que casi todos habían descubierto un aumento del riesgo, sobre todo en el lado de la cabeza donde las personas escuchan sus microteléfonos.

Cinco de los seis estudios sobre gliomas malignos, un tipo de cáncer que ataca a las células gliales que protegen a las neuronas, encontraron aumento del riesgo. En el único donde no sucedió eso, de todos modos se determinó un aumento de gliomas benignos. Cuatro de los cinco estudios que buscaban neuromas acústicos –tumores benignos que, sin embargo, inutilizan el nervio auditivo, lo cual por lo general causa sordera– los encontraron. La excepción ocurrió en dos casos, pero aun así se descubrió que usuarios de mucho tiempo tenían tumores más grandes que otras personas.

Los científicos agruparon las conclusiones de todos los estudios para analizarlas en conjunto. Encontraron que las personas que han usado celulares durante una década o más son 20% más susceptibles de desarrollar neuromas acústicos, y 30% más probabilidades de presentar gliomas malignos.

La conclusión de los científicos es: “el resultado de los nuevos estudios sobre empleo de celulares durante más de 10 años proporciona un modelo constante en el incremento del riesgo de neuroma acústico y glioma”. Agrega: “no puede descartarse un aumento del riesgo en otros tipos de tumores cerebrales”.

Los mismos Hardell y Mild realizaron una parte de un trabajo más profundo sobre tumores entre usuarios consuetudinarios de celulares y obtuvieron resultados aún más alarmantes. Su investigación sugiere que esos usuarios son más de tres veces susceptibles a desarrollar gliomas malignos que otras personas, y casi cinco veces más susceptibles de hacerlo en el lado de la cabeza donde sostienen el teléfono. En neuromas acústicos encontraron que el riesgo aumentaba tres y tres veces y media, respectivamente.

Realizaron también el único estudio sobre efectos del empleo a largo plazo de teléfonos inalámbricos y descubrieron que también aumentaba ambas clases de tumores. Su investigación sugiere que usar celular o teléfono inalámbrico durante sólo 2 mil horas –menos de una hora cada día hábil durante 10 años– es suficiente para aumentar el riesgo.

Mild expresó al diario The Independent: “me parece muy extraño que la propaganda oficial diga que no hay ningún riesgo. Hay fuertes indicios de que algo sucede después de 10 años”. Hizo hincapié en que los cánceres cerebrales son raros: representan menos de 2 por ciento de los tumores primarios en Gran Bretaña, aunque son desproporcionadamente mortales: causan 7 por ciento de la pérdida de años de vida debido a esa enfermedad. “un solo cáncer es demasiado cáncer”, expuso.

Mild declaró que él utiliza el celular lo menos posible y promueve que los demás usen manos libres y sólo hagan llamadas cortas, utilizando líneas fijas para las más largas. También dijo que no deben darse celulares a los niños, cuyos cráneos más delgados y sistemas nerviosos en desarrollo los hacen particularmente vulnerables.

El peligro podría ser aún mayor de lo que el nuevo estudio sugiere ya que, como dice el profesor Mild, 10 años son el periodo “mínimo” necesario para que se desarrolle algún cáncer. Pero ciertos tipos tardan mucho más tiempo, por lo que varios de ellos podrían afectar a usuarios consuetudinarios después de 15, 20 o 30 años, lo cual despierta el temor de que se desarrolle una epidemia de la enfermedad en las décadas siguientes, en particular entre los jóvenes.

Por otra parte, el investigador señala que la cantidad de radiación emitida por los teléfonos ha disminuido enormemente, ya que los primeros salieron al mercado hace más de una década, lo cual sugiere que la exposición y el riesgo descenderán también. Pero aun así recomendó escoger celulares que despidan la menos radiación posible (ver abajo), y enfatizó que las personas se exponen a muchas otras fuentes de radiación, como antenas transmisoras y sistemas Wi-Fi, aunque estos dispositivos emiten mucho menos radiación que los celulares.

La Agencia Británica de Protección de la Salud –que ha adoptado una posición cautelosa respecto a si la radiación de teléfonos celulares, antenas transmisoras e instalaciones Wi-Fi pueden dañar la salud– admite que el estudio “puede ser indicativo” de un riesgo, pero sostiene que “esos análisis no pueden ser concluyentes”.

La Asociación de Operadores de Celulares declaró: “Esta información no es nueva para la Organización Mundial de la Salud y para muchos comités de expertos científicos independientes que afirman que no se ha determinado ningún peligro para la salud si se utilizan celulares que cumplan con las directrices internacionales”.

Ambas partes están de acuerdo en que es necesario hacer más investigación. El profesor Mild considera que debe examinarse también un posible vínculo entre celulares y la enfermedad de Alzheimer, porque “tenemos indicios de que ahí habría un problema, así que la posibilidad de vincularlos también con la enfermedad de Parkinson no debe eliminarse”.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya

 
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