Usted está aquí: domingo 28 de octubre de 2007 Deportes ¿La fiesta en paz?

¿La fiesta en paz?

Leonardo Páez
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Mano a mano confirmador

Ampliar la imagen Montoyita en difícil trance. Imagen de archivo Montoyita en difícil trance. Imagen de archivo Foto: Notimex

Ayer en la Plaza Antonio Velázquez se dio el cerrojazo a la temporada de novilladas con un mano a mano confirmador más que justificado, habida cuenta de que la comparecencia de los dos alternantes careció de un ingrediente: la falta de rivalidad natural entre aquéllos, y de que el serial de 17 festejos no arrojó más toreros interesantes para ofrecer un cartel de clausura con cuatro o siquiera tres jóvenes que hubiesen calado en el público.

Hicieron el paseíllo el elegante Manuel González Montoyita y el temerario Luis Conrado, con dos y cuatro tardes respectivamente y un rabo cada uno en la temporada, para lidiar un bien presentado encierro de Marco Garfias, que cumplió en varas y llegó con buen estilo a la muleta pero acusando sosería, a excepción del tercero de la tarde.

A lo anterior hay que añadir las mermadas condiciones físicas en que venía Luis Conrado luego de sufrir un puntazo en la barbilla el pasado miércoles en la novillada de Mérida y de los golpes recibidos en Monterrey el viernes, donde cortó la única oreja, por lo que fue increíble que no resultara herido en este festejo, si bien por los fuertes dolores en la cadera izquierda hubo de ser infiltrado en la enfermería luego de que dobló su primer novillo.

Montoyita, quien acabó cortando la única oreja y que bien pudieron ser dos si no pincha a su segundo, reúne las cualidades suficientes para destacar en esta profesión: buena presencia, valor sereno, conocimiento de la técnica, calidad en sus procedimientos y expresión interior, capacidad para conectar consigo mismo y enseguida con el público.

A su primero, castaño y con trapío, lo recibió con suaves verónicas y precisa revolera. Luego de que el astado se escupió de la suerte de varas hasta en tres ocasiones, Manuel, quieto y erguido le recetó tres gaoneras jugando muy bien los brazos, acariciando, que dijera El Gallo. Con la muleta anduvo desahogado por el derecho y no insistió por el izquierdo. Tras una tanda con la diestra que remató con el cambiado por la espalda, dejó tres cuartos en todo lo alto y se llevó una merecida oreja.

Pero lo importante vino con su segundo, bravo, alegre y con más “cara” que sus hermanos, al que el subalterno Diego Martínez banderilleó muy bien. Fue una faena estructurada y elegante con tandas por ambos lados finamente rematadas, sin que faltara algún desarme, y la confirmación de que en Montoyita hay un buen torero en cierne. Si no falla con la espada aún lo traerían en hombros. Pundonoroso y contrariado se negó a dar la vuelta.

Luis Conrado no tiene toro aborrecido y como con todos se queda igual de quieto, su limitada técnica y poco rodaje lo tienen a merced de los achuchones, golpes y puntazos... hasta ahora. Ya desde su soso primero se le vio adolorido, pálido y escaso de facultades, que no de ánimo y entrega. Consiguió buenos naturales y escuchó dos avisos. Con el que cerró plaza Conrado salió infiltrado, sobre todo de afición y deseos, para ejecutar dos largas cambiadas de hinojos en los medios y bellos lances a pies juntos.

Para colmo, el novillo, encastado y repetidor, lo prendió en un muletazo y Luis cayó pesadamente sobre la lastimada cadera izquierda. Con el rostro desencajado por el dolor, todavía tuvo arrestos para torear por manoletinas ¡de rodillas! Tras un pinchazo dejó una entera y cuando lo querían sacar al tercio con trabajos pudo encaminarse de nuevo a la enfermería.

 
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