Número 136 | Jueves 1 de noviembre de 2007
Director fundador: CARLOS PAYAN VELVER
Directora general: CARMEN LIRA SAADE
Director: Alejandro Brito Lemus



Por mi salud, alzo la voz
Fernando Mino El acceso a atención médica de calidad sigue siendo, en muchos casos, una meta a alcanzar. Las personas con VIH/sida saben que las deficiencias —al igual que la falta de seguimiento a las indicaciones del médico— pueden costarles la vida, por eso se movilizan. Gustavo pudo salvar sus ojos gracias a eso y a la respuesta que obtuvo en el Centro de Investigación en Enfermedades Infecciosas, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

“Me detectaron el VIH en diciembre de 1992. Al principio, como no presentaba ningún problema fuerte, suspendía los medicamentos. Me sentía bien y como el tratamiento me provocaba problemas, como vómito, diarrea o mucho cansancio, lo dejaba. Pensaba: ‘en lugar de sentirme mejor, me siento peor y, además, no tengo ninguna enfermedad fuerte’. No tenía toda la información.

“Pronto me dio neumonía y más tarde tuberculosis. Ahí me di cuenta de que sí era necesario el medicamento.

“Hace como tres años me dio citomegalovirus. Pero en la Clínica Condesa del gobierno del DF no tenían servicio de oftalmología, por lo que me recibieron en el INER, en un programa para nosotros, que se llama CIENI.

“La infección por citomegalovirus fue derivada de la tuberculosis. Me trataron también en el INER, pero me tuvieron que suspender los antirretrovirales, lo que provocó que mis defensas súper bajaran y yo me pusiera muy vulnerable a cualquier infección oportunista.

“El citomegalovirus me provocó la enfermedad de los ojos. Amanecí un día con una mancha en un ojo, pensé que era normal, que se me iba a quitar, pero en la consulta en el CIENI me explicaron qué era. Por fortuna me la diagnosticaron a tiempo, pues es degenerativa. Si hubiera esperado más, habría perdido la vista. Iniciaron mi tratamiento con un medicamento que tenían que inyectarme a diario, pero muy pronto se terminó en el CIENI. Y hablo de una medicina muy cara, imposible de pagar así nada más en la farmacia. Por eso regresamos a la Condesa para pedir que nos lo siguieran suministrando, pues allí es donde nosotros somos pacientes y donde nos dan todos los medicamentos para evitar el sida.

“Varios pacientes con el mismo problema pasamos, todavía, entre dos o tres meses buscando ayuda para tener el medicamento para nuestros ojos. En la Clínica Condesa no lo tenían; incluso tuvimos un problema con la directora de la clínica, la que estaba en ese entonces, y metimos una demanda ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, apoyados por activistas.

“Fue una situación muy difícil de afrontar. Quedé muy mal de la tuberculosis, me veía mal, me sentía mal. Y la noticia de que podía quedar ciego lo empeoró todo. Era muy angustioso.

“Finalmente, el CIENI volvió a conseguir donaciones del medicamento. En ese entonces iba a consulta cada semana. Hoy voy a consulta cada dos meses y dice la doctora Matilde Ruiz, la oftalmóloga que me atiende, que estoy muy bien, aunque todavía tengo riesgo de tener retinitis.

“Sólo perdí un poco de visión en mi ojo izquierdo, pero tengo compañeros que sí perdieron la vista de un ojo. Ya estoy curado del citomegalovirus y me estoy cuidando para que no vuelva a aparecer. Estoy muy agradecido con toda la gente del CIENI —con la doctora Ruiz, con el director del centro, Gustavo Reyes Terán. Yo soy la prueba de que ellos están haciendo las cosas bien.

“Ahora necesito un nuevo medicamento, porque mi cuerpo ya ha creado resistencia al tratamiento que estoy tomando ahora, en parte por no haber tomado los fármacos como debía. Tengo varios meses pidiendo el nuevo fármaco a la Condesa. Escuché que en el programa de sida del estado de México sí lo tienen. Lo he platicado con la directora actual, quien me dijo que están haciendo todo lo posible para conseguirlo, que aguante. Mientras, sigo con el esquema anterior. Es muy desesperante, pero todavía me resisto a armar relajo, pues luego lo señalan a uno como rijoso. Aunque sé que protestar y moverse funciona. Gracias a eso, ahora tengo mi vista”.