Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 4 de noviembre de 2007 Num: 661

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El verdadero humor
es cosa seria

RODOLFO ALONSO

Sensación académica
KIKÍ DIMOULÁ

Max Aub: juegos narrativos en Juego de cartas
JOSÉ R. VALLES CALATRAVA

La flor de fuego: Leonora Carrington 90 aniversario
ELENA PONIATOWSKA

Entre Rembrandt
y Van Gogh

RICARDO BADAB

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Manuel Stephens

Emio Greco/PC

Emio Greco/ PC (EG/PC) es hasta el momento la presencia dancística extranjera más significativa en los escenarios mexicanos en lo que va del año. Esta compañía tuvo un periplo que inició en Guanajuato dentro del XXXV Festival Internacional Cervantino, para después clausurar el XVII Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López en San Luis Potosí; de ahí viajó al Fórum Universal de las Culturas en Monterrey y cerró su gira en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, cubriendo así cuatro magnos foros.

El coreógrafo Emio Greco y el director de teatro Pieter C. Scholten fundan en Amsterdam la compañía que codirigen desde 1996, compartiendo el interés por encontrar nuevas formas de representación cimentadas en el cuerpo. La obra que presentaron ante el público mexicano fue Conjunto Di- nero, estrenada en 2001, un depurado espectáculo en el que el movimiento y el espacio se funden para profundizar en las posibilidades estéticas y expresivas del claroscuro.

Greco reelabora el vocabulario de la danza clásica para acceder a estados en que el cuerpo es significante por el propio movimiento, sin necesidad de recurrir a otro tipo recursos para la representación. La función se inicia desde que el público va entrando a la sala. El escenario está iluminado por contraluces que marcan la silueta de una bailarina en el centro y, al fondo, fantasmalmente, se vislumbra la presencia de un varón. La bailarina, con zapatillas de punta, ejecuta secuencias en que retoman pasos del ballet, como los pas courus (aunque cerrados), algunos port de bras, así como la postura en el piso que remite a la firme codificación del cisne; sin embargo, sus connotaciones históricas son eliminadas. Las frases aluden a la contención y explosión del movimiento únicamente. La presencia especular del bailarín que permanece en la sombra, en contraste con la que se desenvuelve bajo la luz –circunstancia que será repetida en un par de escenas posteriores–, sugiere un doppelgänger , y se insinúa una lectura psicoanalítica que habrá de abandonar conforme avanza la obra. Los bailarines portan uniformemente una especie de vestido que vanamente pudiera conectarse con el esoticismo conventual, a través del cual se neutralizará incluso su género. A lo largo de la obra, y con la insistencia de unísonos y repeticiones con trayectorias y frentes diferentes, se van reduciendo asideros para llegar a una máxima abstracción y dejar al cuerpo como línea, volumen y forma.

La iluminación de Henk Danner, quien es miembro de EG/PC desde su fundación, y quien merecería que se incluyera su nombre en el de la compañía, transforma el espacio y establece un diálogo constante con las dinámicas de los cuerpos, obligándolos a someterse a sus propias reglas. La luz es indispensable para el espectáculo. Con el uso casi exclusivo de luz blanca, Danner consigue modificar el espacio y da el tono frío y apabullante de distanciamiento que la coreografía necesita. Hay abruptos cortes lumínicos en que el sonido se interrumpe sorprendiendo al público, para luego hacer reaparecer los cuerpos-siluetas en un nuevo comienzo que retoma la sola y peligrosa exploración de la oposición entre la luz y la oscuridad… pero sin aventurar exégesis alguna.


Fotos:
Fernando López

Greco aporta elementos que podrían volver su espectáculo algún tipo de glosa cuando cambia el tono de la obra por breves instantes, en los cuales sentimentaliza el discurso con música con referentes emotivos ligados al jazz o a lo español, pero su trabajo de deconstrucción de las codificaciones de la danza y de recursos escénicos –como el vestuario, la musicalización y, sobre todo, la iluminación– no señala otra vía que no sea el sólo presenciar las imágenes y los espacios que inexorablemente se ostentan.

La narcisista desnudez de Greco como bailarín en las últimas escenas no modifica el sentido del espectáculo, que podría seguir indefinidamente, no hay conclusión en él. Si se aventurara cualquier interpretación de Conjunto Di- nero, seguramente ésta resultaría desproporcionada, porque desde el interior del propio discurso no hay contundencia al respecto. Greco es glacial y, si acaso, hermético.

Incuestionablemente poderosa al nivel de las imágenes que imprime en el espectador una producción impecable, EG/PC es una compañía que enarbola un proyecto dancístico de excepción, pero que podría ser un espejismo con el que no habría que deslumbrarse sin tener la experiencia directa con el resto de sus obras, sobre todo las más recientes.