Usted está aquí: martes 6 de noviembre de 2007 Ciencias Hay menos muertes en el DF por abortos clandestinos: Eugenia Romero

Comienzan las sesiones de noviembre sobre el tema de la despenalización

Hay menos muertes en el DF por abortos clandestinos: Eugenia Romero

En la cuarta edición del foro participan además Mario Bahena, Gabriela Delgado, Susana García Medrano, Rebeca González Rudo y Sylvia Marcos

Amplia participación de los lectores

La sección Ciencias de La Jornada empieza hoy una nueva sesión del Foro sobre la espenalización del aborto en México. Hasta ahora la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha conducido con absoluto silencio en torno al estado del proceso dirigido a resolver sobre los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. En contraste, y de acuerdo con el propósito que nos hemos trazado, mantenemos un espacio abierto en el que especialistas en diferentes campos del conocimiento dan sus puntos de vista sobre un tema que preocupa a la sociedad mexicana.

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Mario Bahena, profesor de la Universidad de Indiana, señala en su intervención que la despenalización del aborto es un paso importante en la desarticulación de diferentes discursos opresivos que existen en México en torno del cuerpo de la mujer. Esta acción rompe con la dicotomía tradicional y abre una posibilidad de libre elección para la mujer sobre su propio cuerpo.

Los discursos y sus preocupaciones por someter el cuerpo femenino pretenden, por medio de la mujer en particular, someter a la sociedad en general, dice Bahena. Al controlar a la mujer se controla la pieza fundamental de la familia mexicana, el eje de la educación de los futuros ciudadanos, futuros fieles, futuros trabajadores y clientes. El autor analiza tres ideologías: el discurso capitalista, el discurso cultural y el discurso religioso.

Añade que el hecho performativo teatral público de tener un hijo no es prueba de que las ideologías estén triunfando ni de que son legítimas, sino que contienen en ellas un defecto que revela su esencia meramente teatral. Por ejemplo, la Iglesia, contenta con la teatralidad del hecho de poder bautizar a miles de indígenas, perdió la esencia del verdadero cristianismo al reducirlo a eso: un simple acto exterior. Por contraposición, la despenalización del aborto no necesita la actuación teatral para tener éxito; éste radica en la posibilidad de que la mujer puede tener su propia elección personal. Hace que el poder de decisión vuelva a estar en las manos de la interesada (y no de grupos ajenos a ella). Permite que la mujer sea sincera consigo misma, sea cual sea su decisión. Concretiza lo que el aborto debe ser: una cuestión entre la mujer y su conciencia, entre la mujer y su ética, entre la mujer y su Dios.

Nueva mirada feminista

Para Gabriela Delgado Ballesteros, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el tema del aborto está cobijado en una atmósfera velada en la que priva una doble moral, que, más que contribuir a entender, confunde y contribuye a la desinformación. Para comprenderlo es necesario conocer las relaciones políticas, sociales, históricas y genéricas que han determinado que resulte un problema de salud pública, de valoración moral y de consecuencias sicológicas.

El significado de la palabra se lo dan los sujetos sociales; el problema en relación con el aborto es que el sujeto, la mujer, no es quien adjudica la significación social y la connotación punitiva que se desprende de él. Como en muchas problemáticas sociales y síquicas, la mujer pasa a ser “la otra”, ciudadana de segunda, subordinada a una ideología patriarcal.

La ponente. también secretaria general de la Facultad de Sicología de la UNAM, añade que se hace necesario que los estados y los gobiernos hagan frente al problema del aborto. Hacer justicia a las mujeres, en especial a aquellas que social y económicamente, y en consecuencia, con menores niveles de educación, están más desprotegidas y que como último recurso practican el aborto, aun a costa de su salud o pérdida de la vida.

Derechos sexuales y reproductivos

Para Susana García Medrano, socióloga y sicoterapeuta, nadie, absolutamente nadie, puede sostener que desea y siente gusto o placer al saber que una mujer se enfrenta a una disyuntiva tan grande: ¿qué hacer ante un embarazo que no estaba planeado? ¿Qué hacer ante una decisión tan determinante en la vida? Nadie podría pensar que hay quienes están en favor de que una mujer se encuentre en dicha situación.

Que una mujer pueda decidir libremente sobre su vida reproductiva, señala la también coordinadora de capacitación en la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México, implica derechos y logros que aún no se han alcanzado. Las feministas han pugnado por tener una sociedad en la que cada mujer pueda decidir sobre el momento en que quiere tener un hijo o hija.

Lo anterior implicaría tener ciertas condiciones cubiertas. La primera, que cada mujer supiera que tiene derecho a pensar y decidir por sí misma, lo cual implicaría ser una mujer informada. En segundo lugar se trataría de una mujer que cuenta con las habilidades y herramientas personales para sostener su decisión, lo cual se traduciría en que es una mujer con un poder y con una autoestima sana. La tercera es que esta mujer tendría que contar con los medios para investigar cuál es su mejor opción para controlar su fertilidad, lo cual requeriría una educación sexual integral y una atención médica cercana, confiable y clara.

Mirada desde el deseo

Rebeca González Rudo, sicoanalista, señala que de los poco más de 200 millones de embarazos que ocurren anualmente en el mundo, 211 para ser más precisos, poco menos de la mitad son embarazos no intencionados. De éstos, alrededor de 46 millones terminan porque la mujer así lo decide. Pero, ¿qué es lo que pasa por la cabeza de cada una de esas 46 millones, qué es lo que la llevó a tomar la decisión de terminar con su proceso de embarazo? Imposible saber las razones particulares de cada una, pero hay por lo menos una base compartida que las lleva a vencer todas las consideraciones adversas a su decisión: el deseo.

Si bien todas las consideraciones del lazo social –sean científicas, religiosas, médicas, morales, éticas, filosóficas, económicas, políticas o judiciales– determinan el destino final de la decisión de cada mujer de practicarse un aborto o no, también es cierto que nada importa al final; se decida lo que sea, sólo se conserva ese núcleo de deseo: se desea ser madre o no se desea.

Conciencia individual

En su intervención Sylvia Marcos, integrante del Seminario Permanente de Antropología y Género del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, señala que la vida de las mujeres es la más afectada por la decisión de hacerse o no un aborto. De la misma manera, su vida es la más afectada por la decisión de tener un hijo. Una postura justa sobre el aborto, añade, debería admitir que las amenazas a la salud emocional y física de una mujer son también una violación a su integridad corporal. La capacidad de una mujer de criar hijos –los hijos existentes y los por venir–, su habilidad de funcionar como integrante plena en nuestra sociedad, su sentido de autoestima y sus proyectos son también valores que una moral social requiere proteger.

La conciencia individual, añade la profesora del posgrado de la Escuela de Religión de la Universidad de Claremont y posdoctorada por la Universidad Harvard, es el máximo dictamen sobre la bondad o el error de nuestros actos ante Dios. No existe, como señalan los teólogos, mediación entre la conciencia y Dios. “La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre (y la mujer) actúe según su conciencia y libre elección. Esta conciencia constituye la capacidad más profunda de reflexionar y discriminar sobre el valor de las situaciones que vivimos, y de evaluar si son buenas o malas para nosotras y para los demás.”

Despenalización y aborto clandestino

María Eugenia Romero, directora de Equidad de Género Ciudadanía Trabajo y Familia AC, señala que según los datos que la Secretaría de Salud del Distrito Federal ha hecho públicos, en los más de 3 mil procedimientos de interrupción legal del embarazo, realizados en casi seis meses desde la aprobación de la ley, no ha habido ninguna complicación, y lo más importante es que ninguna mujer ha llegado a los hospitales con complicaciones por un aborto inseguro, lo cual demuestra que esta ley protege la salud y salva la vida de las mujeres. Ahora ellas acuden a los servicios de salud y han dejado de arriesgar su vida en la clandestinidad. La misma secretaría reportó que el año pasado casi el mismo número de mujeres acudían al sector salud del Distrito Federal con abortos inducidos, incompletos o con complicaciones, lo que hace pensar que no ha aumentado el número de abortos: lo que se ha incrementado es la cifra de mujeres salvadas y con mejor salud.

También consejera secretaria del Consejo Consultivo Ciudadano para la Política de Población del Consejo Nacional de Población, afirma que la reforma legislativa del 24 de abril ha tenido un importante impacto en la sociedad en conjunto.

Participación de lectores

Una de las características del foro es la amplia participación de lectoras y lectores. Alejandro Arbide, escritor, se opone a la despenalización del aborto desde una postura no religiosa y propone 10 puntos para discutir. José Castillo Farreras, profesor de filosofía en la Escuela Nacional Preparatoria, aborda el aborto desde un punto de vista ético. Tania Gómez, lectora de La Jornada, se pronuncia en favor de la despenalización y señala: “Aunque algunos me consideren una asesina, demonio, bruja o yo que sé, les diré que por más que los defensores de la vida hagan manifestaciones, carteles y demás panchos, si yo quiero abortar por las razones que sean, lo haré, aunque a ustedes no les parezca. Porque la dueña de mi cuerpo, mi alma y mi mente soy yo”.Los textos pueden leerse en http://ciencias.jornada.com.mx

 
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