Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de noviembre de 2007 Num: 662

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Una polémica con
Ortega y Gasset

ARTURO SOUTO ALABARCE

Sánchez Mejías: las tablas, el ruedo y la vida
OCTAVIO OLVERA

Mujeres poetas del ’27:
un olvido que no cesa

CARLOS PINEDA

Breve antología

La danza de los quarks
NORMA ÁVILA

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGUELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

¿PEMEX en mi cocina? ¡Líbrenme los dioses!

De los muchos dislates de la propaganda gubernamental que satura los televisores de las familias mexicanas, dos son de llamar la atención: los de la Comisión Federal de Electricidad y los de PEMEX. Hace poco pudimos gozar una de esas exhibiciones de esquizofrenia televisiva cuando, en corte comercial durante un noticiero matutino de Televisa, obsequiaba la pantalla un bien producido anuncio de Petróleos Mexicanos: lentas tomas aéreas de pulquérrimas plataformas de extracción en alta mar (en ese momento uno hubiera podido lamer cualquiera de los pasillos de esas plataformas sin recoger una sola bacteria); allá debajo, imponente, el berilo turquesa del mar deliciosamente encrespado, que hasta se antoja aventarse un clavado desde el helicóptero… Una grave voz de hombre narraba que la empresa petrolera no es de unos cuantos contratistas lacayunos y traficantes de influencias, ni de una cáfila de lidercillos charros dizque sindicales, de ésos que financian fraudes electorales y fiestas privadas en hoteles de lujo cerrados al público para el solaz de los tales charritos nalgones y sus parentelas y amistades, no: PEMEX es de todos los mexicanos (órale, PEMEX sí, pero por lo visto y padecido los muchos miles de millones de pesos que produce, no). Después de poéticos encuadres de aguerridos obreros petroleros enfundados en sus uniformes padrísimos –casi que pintados por Rivera, por O'Gorman, Siqueiros, Orozco– y de tomas enternecedoras de una niña evidentemente indígena abrazando a su madre –no hay mexicano que no sucumba, Germán Dehesa dixit cuando hizo de terapeuta de lo familiar en la ya añeja Cilantro y perejil, ante el muégano edípico de la familia– ambas impolutas, purísimas, vírgenes morenas vestidas de un blanco que parece sacado de un anuncio de detergentes o lavadoras (que no serán jamás cosa común en las casitas de nuestros indígenas, si se me permite acotarme amargamente a mí mismo)… y luego de otras escenas en que vemos recias instalaciones fabriles de igualmente albas, resplandecientes tuberías y de que la voz en off nos sigue recordando que somos colegatarios todos de la riqueza de los veneros del diablo, cierra el espacio comercial, vuelve el noticiero con un resumen que emite cada media hora y prácticamente todas las notas del resumen (que en información nacional suele ser una media docena) son dedicadas a las consecuencias fatales de un accidente en una plataforma de la Sonda de Campeche, en cómo los equipos de salvamento resultaron una macabra broma que hace evidente esa corrupción tan nuestra, o de que en otro accidente –uno más de tantos, de demasiados ya– PEMEX provocó otro derrame de veneno en un río del sureste, y de cómo ya se emponzoñaron sus afluentes, las desembocaduras y por ende las playas; de cómo los pescadores ya no pueden pescar y de cómo gordos grumos de chapopote decoran otra vez una buena parte de nuestros litorales. Si en el mundo imaginario del anuncio pemex es casi una sucursal del paraíso, en la realidad terciada del noticiero no es más que lo que ya sabemos: una enorme productora de corrupción y mucha, muchísima mierda. Dan ganas de sacar de la cárcel a Caletri, al Mochaorejas, al Caníbal de la Guerrero y a la Mataviejitas, y meterlos en la misma oficina donde trabajen, si es que hacen algo parecido a trabajar, los directivos de la paraestatal, los secretarios del ramo y, en fin, cualquiera de esos papanatas tan duchos para vivir bien pero más duchos para escurrir bultos.

Y qué decir de la excelsa y benemérita CFE … ésa cuyos anuncios nos machacan que es una “empresa de clase mundial”… será que debemos entender “mundial” en el concierto de Togo, Namibia, Honduras, El Chamizal, porque lo que es que pague uno lo que se les pega la gana para que con un airecito nos quedemos sin luz por treinta y seis horas corridas, luego venga doce minutos y se vuelva a ir, luego (de tres o cuatro horas más) vuelva de nuevo por cuarenta preciosos minutos y luego se vuelva a cortar el suministro por otras doce horitas de jobiano mentar madres, toda vez que las encargadas de tomar los reportes, a pregunta de incauto y desesperado usuario sobre si ya mero va a llegar la luz, rompen a reír de cristalina manera. Mejor no decir nada y aquí le paramos. No vaya a ser que luego se me acuse y castigue, con toda razón, por procaz, obsceno, lesivo a la persona y buena imagen de alguna burocrática corbata, y por tanto injuriador, mala leche y proclive a sedición. Con eso de que el Cisen es celoso guardián de sus deberes…