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León Bendesky

Más tropiezos financieros

La semana pasada los índices que miden el desempeño de los mercados financieros en Estados Unidos se fueron para abajo. En el caso de las bolsas de valores, el índice S&P 500 cayó 3.7 por ciento, el menor desde principios de septiembre; el Dow Jones se precipitó en 4.1 por ciento, el más bajo desde julio, y el Nasdaq se redujo 6.5 por ciento, siendo su menor valor desde abril de 2002.

La Reserva Federal (FED), el banco central de aquel país, estimó en un comunicado del 5 de noviembre que hay un total de un billón de dólares (un trillón según se mide allá) colocado en hipotecas de calidad subprime, es decir, de alto riesgo, y que forman parte de bonos y otros títulos que se transan en el mercado y que están pendientes de cobro. Esto lleva a que la FED calcule que el sector financiero en conjunto pueda registrar pérdidas de cuando menos 100 mil millones de dólares.

En la pasada quincena los directores de dos de las más grandes corporaciones financieras del mundo, Merrill Lynch en el campo de las inversiones, y Citibank en la banca comercial, fueron despedidos luego de que reportaron grandes pérdidas en el tercer trimestre del año. Merrill tuvo que asumir pérdidas por 8.4 mil millones de dólares asociadas con las operaciones hipotecarias de alto riesgo, y Citi 11 mil millones. Éste no es un caso común en el principesco mundo de las altas finanzas; es, más bien, una señal del mal estado en el que están las cosas.

Así que sólo esas dos empresas perdieron 20 mil millones. Esto ocurrió en el contexto de un proceso cada vez más especulativo de concesión de créditos que hacía que bajara la calidad de los préstamos hasta que, como sucede en este tipo de situaciones, estalló la burbuja. Estas pérdidas serán absorbidas, primero, por los accionistas de esas empresas y luego por sus clientes, que tendrán menos acceso al crédito, que será ahora más caro.

Los costos de las crisis financieras suelen trasladarse del terreno privado en el que se generan al social, pues provocan una contracción del crédito que afecta negativamente a los productores y los consumidores: se reducen las ventas, los volúmenes de producción y el empleo.

No obstante esta socialización de las pérdidas privadas, las compensaciones que al renunciar a sus cargos se llevaron los señores Stan O’Neal, de Merrill Lynch, y Charles Prince, de Citibank, sumaron más de 360 millones de dólares. Entre tanto, en los años recientes 24 mil empleados fueron despedidos de Merrill y se calcula que unos 17 mil podrán ser cesados de Citibank.

En el ámbito de los negocios se discute mucho sobre la responsabilidad de los administradores y de los dueños. Esto fue ya puesto al debate por John K. Galbraith y otros desde la década de 1960, pero ahora se ha vuelto ya parte de la sabiduría convencional en los business bajo la forma del “gobierno corporativo” y de la rendición de cuentas. Sin embargo, no se advierte que se aplique de modo apreciable, cuando menos en el caso actual de las corporaciones financieras que pierden dinero a raudales.

Aparte de las millonarias pérdidas de esos dos grandes se suman las de otros, como Morgan Stanley, con 3.7 mil millones de dólares, y apenas hace unos días Wachovia, fuerte banco con sede en Carolina del Norte, anunció 1.7 mil millones. La agencia hipotecaria con licencia federal Fannie Mae, que juega un papel central en el mercado crediticio para la vivienda, reportó pérdidas por casi 1.4 mil millones. Incluso General Motors informó que perdió 39 mil millones, debido a su participación en los créditos hipotecarios mediante su empresa financiera GMAC. Y la cuenta no acaba, mientras los efectos del colapso de las hipotecas siguen transmitiéndose por los mercados financieros a través de los bonos que consolidan distintos tipos de deudas hipotecarias, y que se venden en los mercados secundarios con instrumentos llamados derivados.

Eso produce que se estén secando los mercados de crédito y que empiece a afectarse el desempeño de la economía. Así lo advirtió el presidente de la FED en una comparecencia ante el Congreso el 8 de noviembre. Dijo: “Aunque el problema de las hipotecas subprime inició la turbulencia financiera, las preocupaciones acerca de los créditos se han desbordado hacia otras áreas… Algunos grandes bancos, preocupados por las posibles grandes reducciones de liquidez que son difíciles de predecir… están menos dispuestos a prestar a sus clientes y aun a otros bancos”. Esto es una restricción de créditos que constituye un aspecto esencial de las crisis financieras.

Los inversionistas están ajustando sus expectativas a una nueva disminución de la tasa de interés de los fondos federales que fija la Fed. Pero esto ocurre en el marco de una fuerte y continua depreciación del dólar frente al euro y el yen, lo que provoca ajustes diversos que pueden impactar de modo adverso la ya débil capacidad de expansión del producto y el empleo en las economías más grandes. A eso hay que sumarle que el barril de petróleo ronda los 100 dólares y se aproxima ya a su precio real de principios de la década de 1980, siendo otro factor de presión para el alza de los precios y un menor nivel de actividad productiva.

 
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