Usted está aquí: sábado 17 de noviembre de 2007 Opinión Los de Abajo

Los de Abajo

Gloria Muñoz Ramírez
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Mujeres palestinas

Wafa Khatib es una mujer palestina que, como muchas otras en Cisjordania, se enfrenta todos los días a la ocupación israelí, a los puntos de chequeo, a la discriminación, a la falta de trabajo y al muro que divide familias y vidas. Wafa, sin embargo, resiste, construye y sonríe.

Si para una mujer en cualquier parte del mundo es difícil trabajar y organizarse en condiciones de igualdad y justicia, para las palestinas (como para las indígenas en México) es doble o triplemente difícil. La presión sobre ellas se multiplica. El problema mayor, relata Wafa, es la ocupación israelí (cárcel, torturas, muros, chequeos, detenciones y un largo etcétera de horrores cotidianos). Y, aparte, enfrentan la presión de la sociedad en la que se desenvuelven.

“En estos momentos hay mucha gente que vuelve a la religión. La pobreza fortalece la fe religiosa y eso hace más difícil la situación para las mujeres musulmanas. Si no llevas el velo, es increíble cómo cambia la mirada de los hombres hacia ti, te ven diferente. Mi esposo trabaja en Hebrón. Yo estoy sola y debo ir todos los días a la escuela a recoger a mis hijos, pero, como no llevo el velo, los niños ya no quieren que vaya por ellos, pues sus compañeros les hacen burla. Hay una presión más de la tradición que de la religión misma, aunque a veces son las dos cosas. Después del 2000, con la construcción del muro y la falta de trabajo, la gente empezó a encerrarse en sí misma. Todo esto pasa por la situación que nos han impuesto.”

Wafa cuenta que si las palestinas se organizan con velo y con toda la tradición, es un poco más fácil, pero si se atreven a organizarse de otra manera, sin velo y con mayor libertad, es mucho más difícil. “Hay mucha presión, pero sobrevivimos”, dice, sonriente, mientras se acomoda el pelo rojizo.

“La situación laboral en Palestina es muy mala. No hay trabajo para hombres ni para mujeres. Las mujeres quieren apoyar a sus familias, a sus hijos, pero no hay nada qué hacer. Hace como cinco o seis años yo trabajaba en un hospital, pero desde 2000, con la construcción del muro y los puntos de chequeo, la gente ya no puede salir de Belén para trabajar del otro lado, en Jerusalén, por ejemplo”.

En este contexto, un pequeño grupo de mujeres empezó a organizarse y surgió la idea de conformar una cooperativa productora de jabones elaborados con aceite de olivas, con lo cual, además, podrían trabajar directamente con los campesinos, quienes a su vez enfrentan el problema de la comercialización. Así nació la Cooperativa de Mujeres Aseela que es, más que un lugar de trabajo, un espacio de organización femenina.

Empezaron 12 mujeres de Belén, ahora son 15 y poco a poco van creciendo. Todas pertenecen a la región de Belén y al campamento de refugiados de Dhseisheh. Muchas de ellas nunca habían trabajado fuera de su casa. Este proyecto, señala Wafa, “no es sólo para ganar dinero, sino para darnos el sentimiento de que podemos hacer algo. Esta cooperativa es un modo de resistencia y de lucha contra la situación actual. Trabajar en un proyecto de mujeres te genera, siempre, otra visión del mundo”.

 
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