Usted está aquí: domingo 18 de noviembre de 2007 Política Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

¿Pakistán: hacia la balcanización?

Ampliar la imagen Benazir Bhutto, durante su arribo, ayer, al aeropuerto internacional de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán Benazir Bhutto, durante su arribo, ayer, al aeropuerto internacional de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán Foto: Ap

Llama la atención la multifocalidad geopolítica de los grandes actores mundiales, quienes libran la tercera guerra mundial en “proceso” en Eurasia a partir del montaje hollywoodense del 11/9 y su aparentemente fracasada guerra contra el terrorismo global, que parece resguardar las muy conspicuas agendas ocultas para capturar los recursos petroleros y gaseros de la región y, de paso, poner en jaque en sus fronteras islámicas al RIC (Rusia, India y China) que el año pasado generó asombrosamente más de 50 por ciento del PIB mundial.

Para Baby Bush, Irak sigue siendo el foco de su atención militar; para Gordon Brown, el primer ministro laborista británico humillado en Basora, Afganistán se volvió el objeto principal de sus preocupaciones geopolíticas, y para el Estado hebreo de Israel, dotado con 400 bombas nucleares “clandestinas”, según la excelsa Federación de Científicos Estadunidenses, la teocracia chiíta de Irán, que aún no posee un arsenal nuclear demostrable, constituye la “peor amenaza a la seguridad mundial”.

¿Por qué tres aliados inextricables como Estados Unidos (EU), Gran Bretaña e Israel difieren en su focalidad geopolítica, al menos que se trate del mismo “corredor de la muerte” que abarcaría a Irak, Irán y Afganistán?

A diferencia de los tres aliados citados, para el geoestratega y ex primer ministro ruso Evgeny Primakov, Pakistán epitomiza el mayor peligro mundial, un aserto más cercano a la realidad.

Pero todavía más impactante es el silencio ensordecedor de Israel sobre la dotación clandestina de 100 bombas sunnitas de la dictadura militar de Pakistán, en contraste con la alharaca que ha vociferado en referencia al proyecto civil atómico de Irán.

Si la civilización comenzó en la cuenca del río Indo, específicamente en los asentamientos de Mohenjodaro y Harappa, es probable que 7 mil años más tarde en sus dos bordes se haya gestado el cáncer balcanizador cuyas metástasis afectarían la región del subcontinente indio y de Asia Central, lo cual reconfiguraría una nueva geopolítica, donde juegan un gran papel la posesión del petróleo y el gas, sus oleoductos y su transporte marítimo en el mar Arábigo y el océano Índico.

El ominoso proceso de balcanización de Pakistán parece asentarse a los dos lados del río Indo: en su parte occidental, toda la franja de Baluchistán, el califato Waziristán (Kaedastán) y las regiones pashtunes (Pashtunistán), donde se han coaligado los talibanes y los jihadistas-salafistas de Osama Bin Laden, y la parte oriental del Sindh (de donde es oriunda la amazona pro britática Benazir Bhutto), la riquísima región agrícola del Punjab, colindante con India (de donde proviene la mayor parte de la casta militar), y la región de Cachemira, frontera con China, controlada por Islamabad.

La balcanización de Pakistán sería lo de menos (ver Bajo la Lupa, 11/11/07) de no ser por el destino de sus 100 bombas nucleares “clandestinas” (nota: Pakistán no es firmante, con la tácita y farisea aprobación de EU y la Unión Europea, del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares) que podrían caer en manos de los presuntos responsables de los atentados del 11/9 (según la propaganda hollywoodense israelí-anglosajona), y/o los integristas talibanes de Afganistán y Pakistán: ayer, aliados de EU y Gran Bretaña contra la antigua URSS, y hoy, enemigos convenientes en el marco de la guerra contra el terrorismo global que ha implementado Baby Bush en sus siete años de gobierno.

A nuestro humilde entender, a los gobiernos quienes más afectaría la metástasis del cáncer balcanizador del río Indo en las entrañas del moderno Pakistán, que hemos bautizado el “país del 11/9” en CNN en Español, serían: India, China, Rusia –que alebrestaría a sus relevantes minorías étnicas islámicas– y, sobre todo, a la teocracia chiíta de Irán que colisionaría frontalmente con la coalición sunnita de los talibanes afgano-pakistaníes y los jihadistas-salafistas de Al Qaeda (Al CIA, para los amigos); además que la importante minoría chiíta de Pakistán (22 por ciento de la población) quedaría peligrosamente secuestrada.

Sería un grave error de juicio deslindar el montaje hollywoodense del 11/9 de los eventos sucesivos que han proliferado en Pakistán: el “país del 11/9”. Porque tampoco se puede desechar toda la operatividad de los legendarios servicios de inteligencia paquistaníes (ISI, por sus siglas en inglés) tanto en el reclutamiento de los supuestos terroristas del 11/9 como en la instalación en el poder mediante un golpe militar tácitamente aprobado por EU y la Unión Europea del general Pervez Musharraf.

El 11/9 propulsó al proescenio de la geopolítica en Asia Central y el subcontinente indio a la súper estratégica provincia paquistaní de Baluchistán con una superficie de 350 mil kilómetros cuadrados, es decir, casi 50% del país entero y donde habita un magro 8 por ciento de la población total de 165 millones de habitantes (el segundo país islámico más numeroso del planeta de tras Indonesia).

A nuestro juicio, la joya estratégica de la corona que está en juego detrás del montaje hollywoodense del 11/9 y la guerra contra el terrorismo global lo constituye la balcanización de Baluchistán, pletórica en uranio, oro, petróleo y gas, y esto lo sabía hasta el genio militar de Alejandro el Magno antes de que apareciera el Nazareno en la antigua Palestina.

La súper estratégica Baluchistán, que colinda con el golfo de Omán a la salida del golfo Pérsico, abarca la parte sudoccidental tanto de Pakistán como de Afganistán, así como la parte sud-oriental de Irán.

China ha efectuado fuertes inversiones en el puerto de Gwadar (Baluchistán), con el objetivo de tener una salida vital al mar Arábigo, y supera el monto total de la (ayuda militar) de EU en todo Pakistán.

La dotación “clandestina” de 100 bombas nucleares por la dictadura militar paquistaní, de mayoría sunnita, se conecta con las seis petromonarquías (Arabia Saudita, Kuwait, Bahrain, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán) del Consejo de Cooperación del Golfo, poderosas desde el punto de vista pecuniario, pero muy vulnerables militarmente, a quienes les brinda su paraguas atómico en forma tácita.

De hecho, existe un eje sunnita Islamabad-Karachi-Dubai-Riad que no se atreve a pronunciar abiertamente su nombre, lo cual pone de nuevo de relieve la fractura tectónica geopolítica del golfo Pérsico, donde EU e Israel (con sus submarinos atómicos posicionados en el estrecho de Ormuz) luchan por su control contra la teocracia chiíta de Irán.

La dupla anglosajona e Israel apuestan en forma simplona, maniquea y lineal, para no decir daltónicamente cíclope, a la fractura inevitable entre sunnitas y chiítas alrededor del golfo Pérsico, mientras Irán y el RIC (Rusia, India, China), juegan en forma multidimensional y no lineal, justamente para evitar la “tercera guerra mundial de cinco minutos” que pregona sin desparpajo la dupla Bush-Podhoretz.

Es evidente que uno de los nuevos capítulos del gran juego en el tablero de ajedrez y sus “Balcanes Euroasiáticos”, en la óptica ¿geoestratégica de Zbigniew Brzezinski (ex asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter) se define exquisitamente en Baluchistán, lo cual pasaría por la balcanización de Pakistán.

En tal ominoso escenario, ¿en manos de quién quedarían sus 100 bombas nucleares?

 
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