Usted está aquí: domingo 9 de diciembre de 2007 Espectáculos 4ª Muestra de mujeres en el cine

Carlos Bonfil
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4ª Muestra de mujeres en el cine

Ampliar la imagen Fotograma de Los demonios del Edén Fotograma de Los demonios del Edén

Una vez más la Cineteca Nacional es el foro de la Muestra Internacional de Mujeres en el Cine y la Televisión, que desde hace cuatro años ha difundido en nuestra ciudad los trabajos de realizadoras mexicanas y extranjeras, algunos de los cuales tienen pocas oportunidades, no digamos ya de una distribución comercial, sino siquiera de una presencia sostenida en los circuitos capitalinos de cine de arte. La muestra se presenta del 6 al 9 de diciembre y coincide esta vez con los 16 días de activismo internacional por la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Es notable constatar de nuevo que buena parte de la buena salud del cine documental en México se debe en gran medida al trabajo de mujeres cineastas empeñadas en abordar temas y problemas sociales soslayados por el cine de ficción, desde la violencia doméstica hasta la represión política, todo con una clara perspectiva de género. De los 14 largometrajes presentados, sólo dos son ficciones (La misma luna, de Patricia Riggen, y El brassier de Emma, de Maryse Sistach), mientras los otros 12 incluyen muestras muy destacadas en el campo del cine de denuncia: Atenco, un crimen de estado, del colectivo Klamve; Los demonios del Edén, de Alejandra Islas; Mi vida dentro, de Lucia Gajá, y Bajo Juárez, la ciudad devorando a sus hijas, de Alejandra Sánchez y José Antonio Cordero. Hay también las crónicas urbanas y las aproximaciones a mitologías y creencias populares: La santa muerte, de Eva Aridjis, un documental que muestra la proliferación en México de un culto condenado por la Iglesia católica, reconocido recientemente, y practicado por un número creciente de personas marginadas, que en él descubren una alternativa a la institución religiosa que las ignora. También ¿Más vale maña que fuerza?, de Maricarmen de Lara, incursión lúdica en el mundo de las boxeadoras y futbolistas, deportes y oficios tradicionalmente masculinos, que al ser practicados por mujeres se vuelven una sorprendente afirmación de identidades.

Otra perspectiva cultural la ofrece el trabajo de la joven de origen coreano Eun-Hee Ihm, del Centro de Capacitación Cinematográfica, quien aborda en Ser isla la vida cotidiana de enfermos de lepra en una isla refugio coreana, donde se ensayan formas de resistencia moral efectiva frente a la discriminación y el prejuicio. Women behind the camera, producción estadunidense de Alexis Krasilovsky, propone un recorrido por la experiencia de cinefotógrafas de diversos países, contrastando sus formas de capturar la realidad social, sus dificultades de inserción profesional, y su sensibilidad para el registro de paisajes y estados de ánimo. Los laberintos de la memoria, de Guita Schyfter, elige por su lado una exploración más íntima: la búsqueda de la identidad en dos culturas muy distintas, y sólo aparentemente opuestas, la de los mayas en México y la de los judíos en Europa del este.

Como en las ediciones anteriores, la muestra tiene como preocupación primordial reflejar la diversidad de puntos de vista de las mujeres cineastas, en particular su compromiso con el señalamiento oportuno de las injusticias de género. Al respecto, la cinta de Alejandra Islas, Los demonios del Edén, es la ilustración de un episodio harto conocido –el ensañamiento oficial contra la periodista Lydia Cacho por su denuncia de la existencia de redes de pederastia en México–, que cada día revela mezquindades nuevas: un emblema de la impunidad institucional y de la misoginia.

Mi vida dentro es una mirada implacable a la manera en que se legitima otra arbitrariedad en Estados Unidos, con la denuncia de un sistema jurídico permeado por el prejuicio racial. Como ya es una tradición en este encuentro fílmico, las organizadoras han propiciado una discusión, por medio de un seminario, en torno a problemas de producción, distribución y exhibición cinematográficas, que siendo ya endémicos en México, constituyen un escollo todavía mayor para las realizadoras de cine que deben además soportar el desdén y ninguneo de muchos de sus colegas masculinos.

 
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