Usted está aquí: viernes 14 de diciembre de 2007 Gastronomía Antrobiótica

Antrobiótica

Alonso Ruvalcaba
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Una página para la historia del grafiti

Ampliar la imagen El tambo –físico o mental– es un gran surtidor de grafitis. Probablemente, el primero documentado en español en la historia de México, es este hermoso y tristísimo: "Aquí estuvo preso Juan Yuste con muchos otros que traía en mi compañía" El tambo –físico o mental– es un gran surtidor de grafitis. Probablemente, el primero documentado en español en la historia de México, es este hermoso y tristísimo: “Aquí estuvo preso Juan Yuste con muchos otros que traía en mi compañía” Foto: Eva Villaseñor

I

En el precioso envío del no tan precioso poema La vida sencilla, Paz asimila la escritura de sus versos con la de un graffiti extremo: “Tal sobre el muro rotas uñas graban/ un nombre, una esperanza, una blasfemia,/ sobre el papel, sobre la arena, escribo/ estas palabras mal encadenadas”; en Madrugada Alejandra Pizarnik asimila al hablante con un grafiti más sereno: “Desnudo soñando una noche solar./ He yacido días animales./ El viento y la lluvia me borraron/ como a un fuego, como a un poema/ escrito en un muro”. Inversamente, hay poemas que de hecho son grafitis. Existen varios ejemplos chinos, en muros de monasterios, como aquel “en primavera”, que empieza más o menos así: “ayer llovió/ pero ha vuelto el buen clima/ esta mañana”, y termina: “cómo viven las cosas:/ y yo en la balaustrada/ sin hacer cosa alguna/ salvo contar los llanos,/ las montañas, los valles,/ los ríos que me apartan/ de la primavera”. Creo que Li Po tiene otro, escrito en una pared del monasterio Hsiu-Ching en Wu Ch’ang, en que pondera a un pariente suyo: “vivió con sencillez, plantó el ciruelo,/ pero no hay primavera en el Nirvana”. En una abadía de Escocia, al final del siglo XV, solo, buscando un consuelo en la adversidad, Robert Henrysoun leyó un graffiti en verso que lo invitaba a obediencia y gratitud: “Of what estate, Man, that thou be,/ Obey, and thank thy God for all”. Rayoneados en una pierna del Coloso de Memnón hay cinco poemas en griego –no sé qué dicen– de Julia Balbilla, que vivió en el tiempo de Adriano; también esta frase: ego Julia Balbilla Memnonem audivi, yo escuché a Memnón: se supone que el coloso hablaba. (Quién sabe qué pensará Botero de ese grafiti en una escultura; hace poco, en Milán, le profanaron una gorda con una “w” en el pubis: vio, se ofendió y dijo fresísimamente que el grafiti era “una desgracia para la humanidad”.) Cuando lo liberaron, en diciembre de 1576, fray Luis grafiteó legendariamente en un muro de la cárcel: “Aquí la envidia y mentira/ me tuvieron encerrado./ Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado,/ y, con pobre mesa y casa,/ en el campo deleitoso,/ con sólo dios se compasa/ y a solas su vida pasa,/ ni envidiado, ni envidioso”. Ese güey sí era un chingón.

II

El tambo –físico o mental– es un gran surtidor de grafitis; también los baños públicos. En los del Bar Vert, en Saint-Germain-des-Prés, en un antro favorito de los chavitos “existencialistas” tras la ocupación de París, un reportero del Samedi-Soir encontró estos (después recogidos por Boris Vian): “l’homme, cet animal que chante la marseillaise”; contra la sed de eternidad, arsénico: “demandez un arsenic-menthe pour apaiser votre soif d’éternité”; quiero rencarnar en desastre ferroviario: “tel est mon ressentiment contre les hommes que je voudrais renaître en catastrophe de chemin de fer” ... En los del bar La Bota (Regina y callejón de Mesones) están escritos algunos de elevada pretensión: “por qué pensar en ayer o mañana si lo que tengo que respirar es este instante”, “yo dependo del aire mientras alla (sic) aire estaré aquí representado”, “voy en busca de ti para encontrarme”, que le salió endecasílabo a su autor. The Merry Thought (1731) es una antología de rayones en baños, bog-houses, y otros sitios londinenses; ahí aparecen estos versos: “If Smell of Turd makes Wit to flow,/ Laud! what would eating of it do”, y estos otros: “If you design to shite at Ease,/ Pray rest your Hands upon your Knees/ And only give a gentle squeeze”. La verdad es que yo prefiero la utilidad de este, que está en el baño de Los Portales de Tlaquepaque: “Si kieres cogerte a una puta llama al 5514733778”.

III

Encerrado en un apando mental, un extranjero en Pompeya escribió en el muro de una hostería: “Aquí durmió Vibio Restituto, solo, con el corazón lleno de nostalgia de su Urbana”. (Son famosos los grafitis pompeyanos; el que más me gusta es este, que anuncia el nacimiento de unos puercos o unos perros: “El 17 de octubre Puteolana tuvo una camada de tres machos y dos hembras”.) Peter Ackroyd refiere que en la cárcel de la torre de Londres está este rayón: “Kept close by those whom he did no wrong. May 8th, 1666”; y este otro, esperanzador: “Hope to the end and have patience”; y este, reflejo de la ciudad o del mundo: “I cant breathe”. La víspera de su muerte, Hidalgo grafiteó unas décimas en su cárcel de Chihuahua; y en otro muro de la prisión, antes, esta frase: “La lengua guarda el pescuezo”. Al principio de 1521, Cortés preparaba el sitio de Tenochtitlán; para esto, mandó por madera tlaxcalteca a Gonzalo de Sandoval y a que, de paso, se detuviera en el pueblo –“que en nuestra lengua le pusimos Morisco”, dice Bernal– donde los indios habían matado a 40 y tantos españoles y que no “dexase aquel pueblo sin buen castigo”. Gracias a un tip, los indígenas abandonan el pueblo, que ya está desolado cuando llega Sandoval. El paisaje de Morisco es pestilente: ídolos rociados con sangre española, “dos caras que habían desollado, y adobado los cueros como de guantes, y las tenian con sus barbas puestas, y ofrecidas en unos de sus altares”, caballos en cueros, con pelos y herraduras, ofrendados en el cu mayor y, escrito con carbones en una casa, este hermoso, tristísimo grafiti que es, probablemente, el primero documentado en español en la historia de México: “Aquí estuvo preso el sin ventura de Juan Yuste con otros muchos que traía en mi compañía”. Yo espero que, cuando sintió el cuchillo de obsidiana en la cara o un poquito después, cuando llegó al cielo o al infierno o a la eternidad o a la nada, Juan Yuste se haya consolado con esta verdad: españoles, mexicanos, tlaxcaltecas, da igual: todos estamos apandados.

 
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