Usted está aquí: domingo 16 de diciembre de 2007 Cultura Vicente Guerrero fue un héroe de acción: autora

Raquel Huerta-Nava escribió El guerrero del alba

Vicente Guerrero fue un héroe de acción: autora

Arturo García Hernández

Vicente Guerrero fue como un héroe de aventuras, personaje de película de acción, o de plano superhéroe. Al principio eso fue lo que atrajo a la historiadora Raquel Huerta-Nava: “Parecía el gato de las siete vidas”. Después se adentró en los mitos y leyendas que se tejieron alrededor del prócer insurgente. El reto fue descubrir al hombre de carne y hueso que había detrás.

Así, durante 15 años de investigación y escritura, Huerta-Nava fue conformando la novela histórica de reciente publicación El guerrero del alba, donde cuenta la vida de quien, tras la muerte de Hidalgo y de Morelos, se entregó en “cuerpo y alma” a mantener viva la lucha independentista.

La mañana del 4 de abril de 1782, en la ciudad de Tixtla, el armero Juan Pedro Guerrero y su segunda esposa, María Saldaña, tuvieron su primer hijo. Siguiendo la costumbre de la época, lo bautizaron al año siguiente, el 9 de agosto. Lo llamaron Vicente Ramón Guerrero Saldaña.

El guerrero del alba –publicada por el sello Grijalbo, del consorcio editorial Random House– se remonta a la infancia del héroe, su ajetreada juventud hasta llegar a los años de su desempeño como presidente de la República, hecho trascendental para la consolidación de la independencia.

La mayor dificultad de la autora –también poeta y editora– fue enfrentarse, por un lado, a la idealización del personaje y, por el otro, a los prejuicios tanto ajenos como propios hacia él.

–¿Qué considera que aporta su libro al conocimiento de Vicente Guerrero y al de ese periodo histórico?

–El descubrimiento de quién fue ese personaje. Lo escribí con mucha honestidad. Yo misma me fui asombrando conforme lo llevaba a cabo. Intenté darle una estructura de biografía novelada para hacerlo más accesible y aportar un mayor conocimiento. La historia nos enseña a analizarnos como país, como nación. Estudiar este momento de México me parece apasionante porque entiende uno de dónde vienen muchas cosas que suceden actualmente. Pienso que al comprender el origen y los matices de un fenómeno se pueden hallar soluciones más viables.

–¿Cómo se novela la historia sin traicionarla, sin alterar los hechos?

–Apegándose a lo que los documentos nos dan. Fundamentar todo. Por ejemplo, si se va a recrear una comida, en una fiesta o en una boda, pues se investiga qué es lo que se comía en la región en esa época. Si reproduzco una conversación entre Galeana, Morelos y Guerrero, tengo que hacerlo según lo que conocemos de esos personajes y su sicología. También es cuestión de aplicar “mucha intuición y sentido común”.

–¿Qué licencias se permitió?

–Básicamente, incorporar mitos y leyendas, creencias populares alrededor de Guerrero: las noticias falsas sobre su muerte, la gente creía que tenía unas minas de esmeraldas ocultas en la sierra, de donde sacaba el dinero para financiar el movimiento. También meto, por ejemplo, un sueño, un delirio que tuvo una vez que fue gravemente herido.

–¿Entonces fue más un héroe de acción que un ideólogo de la de independencia?

–Más que de acción, fue de resistencia. Lo hirieron varias veces y no se rendía; tantas veces los derrotaron y no se cansaba. Una y otra vez volvía a armar su ejército. Obviamente no fue un pensador de primer nivel como Fray Servando Teresa de Mier. Ni un literato como Joaquín Fernández de Lizardi, o un político, economista e ideólogo como Lucas Alamán. Fue un militar, con educación media, toda su vida al servicio del ejército, de las armas, de la insurgencia. Llegó a desarrollar toda una postura ideológica y política que se percibe en sus manifiestos y en su correspondencia privada.

–¿Es importante una prosa ágil para escribir novela histórica?

–Pienso que sí, que hay que trabajar con las herramientas de la narrativa, Este libro tiene una primera versión que resultó ser una cosa muy aburrida. Le di un descanso de ocho años antes de volverlo a leer. Elegí en la escritura una velocidad acorde con los tiempos que vivimos, con tanto bombardeo de información, para atraer a los lectores más jóvenes, que son los más difíciles de conquistar para la lectura.

 
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