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Presenta la exposición Inventario como preludio de la restauración integral del recinto

El museo Carrillo Gil ya puede ampliar sus instalaciones

Adquirió el predio colindante, sobre avenida Revolución, por el que se pagaron $7 millones

Todavía no hay un proyecto para el nuevo edificio, pero se destinará un piso para exhibición, anuncia su directora

La muestra refleja una investigación sobre su acervo en las bodegas

Merry MacMasters

Ampliar la imagen Parte del acervo documental del Museo de Arte Carrillo Gil, que se muestra tal como quedó a raíz de la inundación que sufrió el recinto, la madrugada del 5 de septiembre de 1988, como documentó La Jornada, cuya portada en gran formato aparece a la izquierda Parte del acervo documental del Museo de Arte Carrillo Gil, que se muestra tal como quedó a raíz de la inundación que sufrió el recinto, la madrugada del 5 de septiembre de 1988, como documentó La Jornada, cuya portada en gran formato aparece a la izquierda Foto: Carlos Ramos Mamahua

El Museo de Arte Carrillo Gil (MACG) cumple una vieja fantasía. El gobierno federal acaba de comprar el terreno contiguo, sobre la avenida Revolución, en 7 millones de pesos.

Con superficie de 452 metros cuadrados, el predio –que alguna vez fue propiedad del matrimonio Carrillo Gil– ahora se incorpora al recinto para la construcción de un edificio, donde se reubicarán las bodegas y las oficinas; inclusive, la idea es que disponga de estacionamiento.

Aunque todavía no existe un proyecto, contar con un segundo inmueble permitirá al museo recuperar un piso entero para áreas de exhibición y la biblioteca.

Como anticipo de los cambios por venir, el Carrillo Gil ha montado la exposición Inventario, con material salido de sus bodegas.

“Una mañana llegamos”, relata Itala Schmelz, directora del MACG, “y vimos un letrero que decía ‘Se vende’. De inmediato se movilizó la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes, contactamos con los dueños y finalmente se pudo adquirir el terreno.”

Resguardo profesional

Para Schmelz la posibilidad que esto abre al Carrillo Gil es enorme, porque se podrán solventar muchas de las limitaciones que siempre ha tenido el museo.

En primer lugar, generar unas bodegas realmente adecuadas de resguardo para la colección. En 1988, debido a una inundación que dañó a mil 560 obras de diferentes artistas, las bodegas fueron removidas del sótano y reubicadas en la planta alta.

Las oficinas del museo también han sido nómadas. El problema más grave es la falta de contacto con la luz natural.

Lo óptimo, expresa la entrevistada, sería hacer un concurso para el diseño arquitectónico, independientemente de quién lo realice. Tendría que ser un proyecto que, aparte de “práctico, útil y efectivo, también sea estético, y que respete la arquitectura del inmueble”.

Agrega que “de postre, si se puede, me gustaría, además de las bodegas y las oficinas, contar con una nueva sala de exhibición que tenga lo que a este museo le falta: techos más altos”.

Como ejemplo, Inventario incluye una escultura de Gabriel Macotela, cuyo remate yace en el piso, porque no cabe. Schmelz no se explica en qué parte del museo se exhibió originalmente.

De acuerdo con la funcionaria, la compra del terreno “va de maravilla con los propósitos del llamado proyecto de restauración integral del MACG”.

Este año el recinto también contó con un presupuesto adicional de 2.5 millones de pesos para el arreglo de la fachada, baños e instalaciones eléctricas; además se pintó por dentro y por fuera. Ahora se trabaja en el área del vestíbulo.

La idea de Inventario nació de dicho proyecto: “No trabajábamos una exposición de quién sabe qué artista, o tema, totalmente ajeno al Carrillo Gil. Como equipo curatorial, nos estábamos metiendo hasta adentro del museo, a todos sus acervos, resguardos, pero también a la historia, para hacer una investigación de fondo y realmente conocer las condiciones, necesidades y virtudes del recinto.

Inventario es una palabra que además remite a la institución, a la burocracia y el modo de cuantificar los bienes. Entonces, consideramos que metafóricamente era el momento de que el museo cuantificara sus bienes.

“Al inventariar uno conoce lo que tiene, en qué estado está, qué falta, qué se necesita dar de baja. Entonces, a la par de los arquitectos y maestros de obras que se ponían a trabajar en la restructuración del inmueble, y se hacía toda esta negociación para la compra del terreno, el nuevo equipo del MACG trabajaba en ese inventario.”

Medio millar de obras maestras

Itala Schmelz relata que cuando tomó posesión como directora del Carrillo Gil, le dijeron que éste resguardaba mil 775 obras de arte. Y, “me pregunto, ¡guau!, pero, ¿dónde están? Porque siempre que había venido al museo veía más o menos los mismos Siqueiros, Orozco, Paalen y Gerszo. Éstos hacen, si nos va bien, alrededor de 500 obras. ¿Dónde está el resto de ese gran acervo?

“Al empezar a conocer me doy cuenta de que en la colección del MACG hay 200 Paul Klee, 60 Auguste Rodin y 80 Pablo Picasso, pero son reproducciones fotográficas.”

Al aclarar números, “tengo a mi resguardo medio millar de obras maestras, claves para entender la historia del arte moderno mexicano, como son los retratos cubistas de Diego Rivera, 30 magníficos Siqueiros y la cantidad impresionante de 160 Orozcos, pero también había que separar y revisar cuál era el valor de otras piezas que se fueron acumulando a lo largo de los 33 años del museo”.

 
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