Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 23 de diciembre de 2007 Num: 668

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

De Cervantes a Gelman
RODOLFO ALONSO

El peligro de la noche
KOSTAS STERIÓPOULOS

Noticias de Mittelamérica
CLAUDIO MAGRIS

Horacio Quiroga: a setenta años de su muerte
ALEJANDRO MICHELENA

Las Malvinas y la pretensión polar
GABRIEL COCIMANO

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Columnas:
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Ha muerto Stockhausen

In memoriam “Patato” Valdés

Cumplamos con el rito necesario. Karlheinz Stockhausen murió el pasado 5 de diciembre en su casa de Kürten, en Alemania. Perfilemos su vida como homenaje en esta cortinilla de letras dominical. Recordemos por qué fue tan importante en la historia de la música y por qué la sola mención de su poderoso apellido, Stockhausen, provocaba admiración, críticas, vergüenza y silencios, tal como si se tratara de un personaje divino, inalcanzable.

Nacido el 22 de agosto de 1928 en Alemania, su infancia fue económicamente fácil aunque anímicamente complicada. Habitantes del castillo Burg en la villa de Mödrath, sus padres fueron gente sensible y culta, pero con grandes demonios interiores. Su papá daba clases en escuelas y su mamá era una pianista y cantante amateur que, tras el nacimiento de su tercer hijo, Hermann, debió ser internada en una institución mental donde moriría de leucemia o, como se especula, a manos de los nazis y su política de “eutanasia para los inútiles”, experiencia plasmada años después por Karlheinz en la ópera Donnerstag aus Lucht.

A la edad de siete años, en Altenberg, Stockhausen recibió sus primeras lecciones de piano del organista Franz-Josef Kloth. Luego, tras las segundas nupcias de su padre, continuó su aprendizaje musical en Xanten, ampliando sus intereses al oboe y el violín. Por un tiempo y paralelamente, se hizo zapatero, hasta que tuvo que servir de camillero en el frente de Bedburg durante la guerra.

Pasada la crisis política, Stockhausen estudió pedagogía musical y piano en el conservatorio de Colonia, y musicología y filosofía en la universidad de la misma ciudad. Desarrollando a la vez su entrenamiento en armonía y contrapunto, fue hasta 1952 que viajó a París para tomar los cursos de Olivier Messiaen (análisis) y Darius Milhaud (composición). Después regresaría a Colonia para trabajar con Hebert Eimert en el nuevo Estudio de Música Electrónica nwdr .

Viaja más tarde a Bonn y continúa sus investigaciones en fonética, acústica e información de la teoría para entonces volver y convertirse en el director del mencionado nwdr , en 1962. Así, con experiencias previas dando conferencias y clases en Europa, Estados Unidos y Asia, Karlheinz se hace profesor invitado de las universidades de Pennsylvania y California, dirige cursos de Nueva música en Alemania y es nombrado profesor de composición en el Conservatorio Nacional, en donde permanece hasta 1977.

Líder del serialismo electrónico y aleatorio (de posibilidades controladas), Stockhausen se muda y establece en Kürten, donde mucho tiempo después funda sus legendarios cursos anuales (1998). Casado dos veces, procrea seis hijos y, convertido en celebridad de culto durante la mitad del siglo xx, se dedica a componer y enseñar alejado de las críticas y del periodismo. Sin embargo, cuando decide aparecer lo hace controversialmente, como el 16 de septiembre de 2001, momento en el que dijo que el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York había sido la mayor obra de arte de la historia firmada por Lucifer.

Tales comentarios –incluso con las explicaciones que ulteriormente dio al mundo– valieron para cancelar un festival con su música en Hamburgo y para que una de sus hijas renunciara a su apellido. Hoy, a siete años de esos dichos desafortunados, podemos decir que su obra mantuvo alturas indiscutibles a lo largo y ancho del mundo, ejemplificando lo que un artista puede llegar a componer dejando en segundo plano a la inspiración. Esto es: valiéndose de la teoría y el laboratorio para la formulación de su obra.

Camino difícil por encima de quienes apuestan al lirismo y la invisibilidad de un sentimiento casi bucólico, el que tomó Karlheinz Stockhausen se asemeja al de quien llega a Dios por el abismo irresoluble de los agujeros negros, mas no por un acto de fe en una mañana de acongojo. Origen de la música electrónica actual, del paso de lo análogo a lo digital y de lo clásico a lo experimental, su trabajo y el de quienes lo rodearon en los años cincuenta vive hoy en los músicos que sueñan territorios por descubrir.

Así las cosas, la Fundación Stockhausen anunció el 7 de diciembre pasado que el compositor había muerto dos días antes por una falla cardíaca, justo cuando acababa de terminar un par de obras comisionadas para presentarse en Boloña y Ámsterdam durante 2008, lo que sin duda sucederá aunque sin su presencia física. Sirvan entonces estas líneas para darle la bienvenida a su mito e internarnos en su música (en cualquiera que consiga el lector), a pesar de la desconfianza del propio Sotckhausen ante quienes se atrevían a bosquejar su vida: “A veces reconozco la verdad acerca de mi vida y obras, a veces para nada… la mayoría de los escritores escriben acerca de sí mismos. ¡Pero siempre habrá esperanza!”