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Javier Aranda Luna

Santa: el origen de un mito

En diciembre de 1930 la actriz Lupita Tovar quiso conocer al escritor Federico Gamboa. Tenía 19 años y ya había trabajado para dos grandes compañías estadunidenses: Fox y Universal. Federico Gamboa contaba con 66 años de edad y Santa, su célebre novela, hacía 17 años había sido publicada por primera vez.

La actriz oaxaqueña había leído la novela y le interesaba. Quería saber cómo Gamboa había creado el mito de Santa.

El novelista estuvo dispuesto a platicar con la actriz, pero no en su casa, sino en un lugar entonces alejado de la ciudad: Chimalistac. Pese a que la invitación a plena luz parecía más un día de campo que otra cosa, Lupita Tovar acudió con guantes largos a la cita.

En Chimalistac, el propio Federico Gamboa le mostró la placa que justificaba el nombre de la plaza donde se encuentra la famosa iglesia de San Sebastián y en la que Lupita Tovar leyó lo siguiente: “don Federico Gamboa, que con muy noble y alto ingenio dio vida a Santa, fundiéndolas a la poesía de Chimalistac y a las miserias de la gran ciudad, su nombre perdurará en esta plaza”.

Gamboa tenía razón de orgullo: Santa había sido el primer best seller mexicano (a la muerte del novelista llevaba vendidos 60 mil ejemplares en un país analfabeto) y el escritor contaba no con un busto, sino con toda una plaza a manera de homenaje.

Según El Universal Ilustrado, después de mostrarle la placa, Gamboa invitó a Lupita Tovar a conocer a Santa. “Claro que existe y con una vida muy distinta a la de Santa… Aquí, en Chimalistac, venía a pasar mi familia la temporada de verano. Excuso decirles que una buena parte de mis recuerdos de infancia están en este pintoresco lugar. Una compañera buena de mi niñez lo fue la hoy señora Emeteria. Con ella jugaba, con ella leía yo cuentos e historias. Emeteria, bonita, sensitiva y buena, era la hija de la lavandera de mi casa”.

Y Emeteria, ya lo adivinó, era Santa, el personaje de la primera parte de la novela. Para no dejar lugar a dudas, el fotógrafo de El Universal Ilustrado imprimió una placa memorable en la que aparecen Lupita Tovar, Emeteria y Federico Gamboa. Santa, en esa fotografía de hace 77 años, es una campesina de vestido y cabellos blancos.

La Tovar no fue la primera que descubrió la identidad de Santa. En el diario del novelista, que rescató para nosotros José Emilio Pacheco y que es un documento insuperable sobre el porfiriato, Gamboa escribe el 21 de mayo de 1926: “en Chimalistac me llego hasta la casa de Emeteria, mujer en quien me inspiré para realizar el personaje Santa provinciana. Me retratan con ella… me insisten en que les narre yo, en breves palabras, la historia de mi novela más popular. Me excuso de ello por la brevedad del tiempo de que dispongo”.

Con Lupita Tovar el novelista sí tuvo tiempo suficiente para contarle los entretelones de la novela. La llevó incluso al cementerio de Chimalistac, donde se supone habían quedado los restos de la protagonista. Y allí, frente a la tumba, Lupita Tovar no perdió la oportunidad para decir una oración por la heroína. Naturalmente tuvo que justificarse ante los reporteros: “será una tontería… pero yo no pude evitarlo. Para mí, Santa es una mujer que vivió y allí está”.

De las cuatro películas que se filmaron basadas en la novela, dos se hicieron en vida del escritor. Del estupendo prólogo con el que José Emilio Pacheco presenta el voluminoso Diario de Federico Gamboa, rescato estas líneas, cuya vigencia permanece: “se diría que la novelística mexicana ha producido grandes personajes y un solo mito: Santa”. Quien lo dude, escuche la canción del mismo nombre escrita por Agustín Lara.

 
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