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María Luisa de la Garza analizó más de 500 temas para su libro Ni aquí ni allá

Con el corrido, los migrantes fijan su postura ante la vida: investigadora

Los temas han evolucionado, ahora se canta el temor a la migra, asegura la experta

Fernando Camacho Servín

Por medio del corrido, género musical no siempre bien valorado, los migrantes mexicanos en Estados Unidos definen su visión de la justicia y la vida, y fijan su postura ante una realidad difícil que los juzga por partida doble. Con él, dicen, no somos traidores a nuestra patria, ni tampoco delincuentes o “invasores”.

Esa es la conclusión a la que llega la investigadora guanajuatense María Luisa de la Garza en su libro Ni aquí ni allá. El emigrante en los corridos y en otras canciones populares (editado por el ayuntamiento de la ciudad española de Cádiz).

En entrevista con La Jornada, la autora cuenta que el proyecto surgió gracias al azar, buscando un tema concreto donde aplicar las teorías de Foucault o Ricoeur sobre el poder, la identidad y la construcción de la subjetividad.

Fue la cuestión de los migrantes mexicanos y sus formas de expresión musical lo que más captó la atención de la académica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, quien sabe lo que es tener amigos o familiares trabajando “del otro lado”.

Aunque no hizo investigación de campo, De la Garza analizó más de 500 corridos de diversas fonotecas oficiales, tiendas de discos y trabajos de otros musicólogos, con canciones provenientes, sobre todo, del centro y norte de México, y el sur de Estados Unidos.

“El corrido es un género muy vivo y muy importante para gran parte de la sociedad mexicana, sobre todo de clase económica baja, que plasma en él sus preocupaciones sobre temas diversos. Por medio de él define su identidad nacional y al mismo tiempo vemos la condición humana viva”, explica la investigadora.

Pero el corrido también cumple una función “defensiva”. No todas las composiciones enaltecen a quien cruza la frontera, también hay algunas que los critican por ser “traidores, aculturizados, pochos”.

El lado complementario de esa espada es el muro de prejuicios de los sectores estadunidenses más conservadores, que ven en los mexicanos indocumentados una amenaza a sus empleos y a la esencia misma de su estilo de vida.

Al cantar y bailar sus corridos, los migrantes se desmarcan de ese estigma doble y construyen una identidad más digna. “Ellos expresan que no se olvidan de su tierra ni se asimilan a Estados Unidos, ni tampoco son parásitos de esa sociedad. El mensaje es que ‘somos personas buenas, nos sacrificamos por nuestros hijos. No tienes por qué criticarnos’”, señala De la Garza.

Aunque el corrido no ha cambiado mucho en sus aspectos formales, los temas sí han ido evolucionando. Si en los años 30 la preocupación era que la crisis los había dejado sin trabajo en el país vecino, ahora el leitmotiv de las canciones es la nostalgia por la tierra y la familia, y el temor a la persecución de la migra.

Pese a su relevancia cultural y social, este género es visto con un doble rasero lleno de hipocresía. Si habla del narcotráfico, es “pervertido”, pero si habla de migración, entonces es una “herramienta de resistencia y libertad”.

“Somos una sociedad racista y clasista. En general, lo popular es tomado como folclor, pero si está vivo y nos tenemos que rozar con gente de la clase baja, ya nos gusta menos. El indígena está bien, pintado en un cuadro, pero si reclama salud y educación, ya no lo está tanto”, define la investigadora.

En resumen, puede decirse que los corridos “son una forma de intervenir en el debate público sobre nuestra sociedad, en donde las vías formales están muy restringidas”. Pero el pueblo que se manifiesta mediante ese género lírico no es tampoco un solo bloque, ni tiene los mismos objetivos.

Esa “mitologización” se topa de bruces con la realidad, “porque queremos hacer del corrido algo que no es. En las clases populares también hay conflictos y pareceres diversos. Por eso el corrido está vivo y es más rico de lo que se pudiera pensar. Hay que escucharlo con oídos humildes, no con oídos críticos o sancionadores”, afirma.

 
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