Usted está aquí: viernes 4 de enero de 2008 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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¿Dónde estaban?

Lupe-Reyes, coartada del gobierno para desentenderse del gasolinazo y efectos de la apertura comercial

Pretextarán que no se dieron cuenta por estar inmersos en el puntual cumplimiento del rito conocido como Lupe-Reyes, o que es tal su pasión por la temporada decembrina y el intercambio de regalos que de plano se desconectaron de la realidad, pero resulta que los focos rojos se encendieron no en esta temporada vacacional, tampoco en la anterior, sino 14 años atrás desde el momento mismo en que se firmaron los “acuerdos definitivos” y entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

¿Dónde estaba nuestra heroica clase gobernante?, porque sólo hasta ahora que se cumplió la fecha fatal; que es un hecho la total apertura del sector agropecuario en el marco del referido Tratado; que su efecto negativo es alarmante; que los productores bloquean algunos puentes fronterizos y que, en fin, crecen las manifestaciones de repudio y la movilización social, sólo hasta ahora, pues, esa compacta familia dice “reaccionar” y exige al Ejecutivo” (otro que quién sabe dónde anda) renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN, “impulsar” esa línea de acción, “evitar los riesgos sociales”, las “afectaciones para el campo”, “respaldar” las acciones de protesta y crear un “frente común” para “presionar”, según declaraciones de la siempre ágil Ruth Zavaleta, ahora en funciones de presidenta de la Cámara de Diputados.

Pero Zavaleta no es la única veloz en la materia. En la primera semana de diciembre pasado, a escasas tres de que las puertas agropecuarias mexicanas quedaran abiertas de par en par, en el Senado de la República algunos de sus inquilinos “reaccionaron” ante lo inminente y decidieron instalar un grupo de trabajo que “evaluará la posibilidad” de revisar el referido capítulo del TLCAN, iniciativa que se vio congelada por la entrada en vigor de la apasionante experiencia conocida como Lupe-Reyes.

Y por aquellas fechas en este espacio comentamos que resulta inverosímil que a escasas tres semanas de que el campo mexicano oficialmente reciba su certificado de muerte, el Senado apenas “evalúe la posibilidad” –ni siquiera lo da por hecho- de revisar la citada apertura, en una perspectiva en la que México tiene todo que perder y sus asociados en el TLC, especialmente Estados Unidos, todo que ganar, en un capítulo más donde lo último que se cuida (si es que ello sucede) es la seguridad nacional, porque suponer que el sector alimentario no es estratégico ni forma parte de esa agenda es no tener la menor idea de lo que sucede. ¿Qué harán en 25 días (cinco en realidad, porque ya viene el infranqueable Lupe-Reyes) para articular una política coordinada que evite el colapso? Quién sabe, sobre todo cuando los propios senadores que “evalúan la posibilidad” advierten que “el campo nacional está condenado a desaparecer si no se revisa inmediatamente dicho apartado del TLCAN”, especialmente en su capítulo de maíz, frijol, leche y azúcar.

Desde la firma definitiva del TLCAN, en septiembre de 1993 (con todo y “acuerdos paralelos”), quedó claro que a partir del primer día de 2008 se “liberaría” el sector agropecuario mexicano o, lo que es lo mismo, quedaría abierto de par en par. Más allá de la pésima cuan dañina negociación por él realizada, el gobierno tuvo 14 años de “gracia” para evitar que la bomba estallara en plena cara de la nación, pero no hizo el menor esfuerzo. Catorce largos años sin hacer absolutamente nada para evitar la masacre, pero ayer, a escasos 25 días del estallido, el Senado de la República “reaccionó” y decidió instalar un grupo de trabajo que “evaluará la posibilidad” de revisar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en vigor a partir de enero de 2008.

A punto de concluir el Lupe-Reyes, la clase gobernante apenas si se entera que en catorce años no hizo nada para evitar el daño, y ahora pretende, con la probada tecnología mexicana de las 12:15, revivir al muerto, mientras en la tienda de enfrente, la que supuestamente atiende el Ejecutivo, el ex caballo negro marca Bimbo sigue con sus chistes y frases del corazón para “resolver” los efectos negativos por la apertura agropecuaria en el marco del TLCAN.

Con esta clase gobernante, México no requiere de más enemigos.

Las rebanadas del pastel

De la lectoría y la “curiosa lógica” respecto de la explotación del petróleo: “en la Prospectiva del Mercado del Petróleo Crudo para 2007-2016, publicada recientemente por la Secretaría de Energía, se analizan dos escenarios de producción de Petróleos Mexicanos para la próxima década: El escenario denominado Sobresaliente que implica una producción diaria promedio de 3.2 millones de barriles; y el escenario Bajo que considera una producción diaria de 2.7 millones de barriles. Para aplicar el primero sería necesario invertir en 10 años un monto de 143 mil millones de dólares, tanto para la explotación de los campos actuales como para explorar y desarrollar otros nuevos. Como el negocio del petróleo es muy rentable, ya descontando el costo de operación, Pemex recibiría un remanente de 594 millones de dólares (se considera un remanente de 50 dólares por barril de petróleo). Con este escenario de producción, después de restar el gasto de inversión, en la década se le transferirían al gobierno federal 451 Millones de dólares. El segundo escenario requiere una inversión en 10 años de 91 millones de dólares, fundamentalmente para actividades de explotación; Pemex recibiría un remanente de 489 millones y se transferiría al gobierno federal 398 millones, después de restar el costo de producción. Resulta evidente que el escenario Sobresaliente es el que rentablemente resulta más atractivo para México. Sin embargo, la Sener, refiriéndose al escenario Bajo, declara en el documento de la Prospectiva que “… este escenario se caracteriza por una inversión limitada, ante la ausencia de las reformas estructurales que requiere el país…”. Implícitamente nos informa que de no llevarse a cabo las “reformas estructurales” se ven obligados a optar por el escenario de producción Bajo. ¿Por qué ese empeño en querer privatizar? ¿Por qué tanta urgencia en transferir esos remanentes a los extranjeros? (José Luis Apodaca, [email protected])

 
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