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Javier Aranda Luna

Los otros evangelios apócrifos

Algo debe estar ocurriendo en la Iglesia católica de estos tiempos que hasta a la Biblia combate. Al alto clero parece no importarle que los evangelios nos inviten a ser como los niños para alcanzar el reino de los cielos y, más aún, los hombres de púrpura nos han alertado sobre el peligroso mundo infantil.

El primero en lanzar esta advertencia los últimos días de 2008 y contraviniendo las palabras del Mesías histórico (“dejad que los niños vengan a mí y no los estorbéis, porque de tales es el reino de los cielos”) fue Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, quien, al referirse a las al parecer cada vez más comunes tendencias pedófilas de los sacerdotes, dijo de los pequeños:

“Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan.”

¿El obispo hizo tal advertencia para vacunarnos contra el escándalo de nuevos casos de pederastia entre las huestes eclesiales, o simplemente como un acto de buena fe para prevenirnos de la perversidad infantil?

Pero Álvarez no ha sido el único que en estos días le ha corregido la plana a los evangelios. Poco antes del Día de Reyes, el sacerdote Sergio Román, del secretariado para el ministerio ordenado de la Arquidiócesis de México, comentó a representantes de la prensa:

“Los niños mismos tienen que aprender a reconocer su gran dignidad, no sólo para exigir, como lo hacen, el respeto a sus conocidos derechos, sino para comportarse de una forma más digna…”

Si para el cura Sergio Román los niños son indignos o no suficientemente dignos, ¿para qué asemejarse a ellos? ¿Por qué imaginar que el reino de los cielos les pertenece?

La beligerancia de los jerarcas católicos vive un clima de efervescencia como no había ocurrido en tiempos recientes. Otro obispo, Carlos Briceño, aseguró, por ejemplo, que las mujeres que trabajan “desprecian” a los hijos y esposos, y el semanario oficial de la Arquidiócesis de México, Desde la fe, arremetió contra la industria del vestido y los dueños de viñedos y distribuidores de escobas, porque “magia es comer 12 uvas al ritmo de las campanadas de la medianoche, es magia ponerse ropa interior roja para conseguir amor y amarilla para conseguir dinero, es magia barrer hacia fuera para echar de casa todos los males…”

La lucha contra la magia ¿incluye o incluirá en un próximo futuro a los Reyes Magos, por ser magos, al mismísimo Chen Kai y a David Copperfield? La lucha contra las saturnalias ¿desbancará al famosísimo árbol de Navidad? ¿Por eso echaron de Castelgandolfo a los astrónomos del Vaticano?

Envalentonada por los gobiernos panistas, la jerarquía católica seguirá luchando contra la educación laica y por mayor participación política de sus representantes, financiado todo, claro, con las arcas de la nación. Por lo pronto, ya logró que el gobierno panista de Guanajuato comprara la teleserie católica Vida mía, para transmitirla en el canal local del estado, el mismo canal público que transmite las misas dominicales contraviniendo la ley.

Algo debe estar ocurriendo en esa Iglesia porque su actividad reciente es incesante, aunque muchas veces resulte absolutamente inútil: para los ciudadanos de buena fe, de los niños seguirá siendo el reino de los cielos, continuarán reprobando la pederastia, dirán, como dijeron sí a la píldora de un día después, sí al aborto y a la eutanasia, sí a las sociedades de convivencia, sí a la magia de Harry Potter con todo y su Dumbledore gay y a todas esa cosas que aún pueden congraciarnos con el género humano, aunque no sigamos los preceptos de esos otros novísimos evangelios apócrifos que el alto clero nos ofrece cada día.

 
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