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Penultimátum

Sacra belleza

¿Discriminación? ¿La forma italiana de definir lo que es bello? He aquí dos preguntas todavía sin respuesta satisfactoria luego de conocerse el reciente contenido del calendario que desde hace cuatro años confecciona el fotógrafo romano Piero Pazzi. Nada tendría de novedad un calendario más si no fuera porque éste nos entrega a los 12 religiosos más atractivos del Vaticano. En el de este año incluye a sacerdotes y seminaristas que, en algunos casos, podrían engalanar las páginas de algunas revistas para damas, siempre y cuando se despojaran de sus negras vestimentas. Aclaramos: ninguno de los incluidos es metrosexual, categoría que manejan en exclusiva las dos principales cadenas de televisión de México.

Pero extraña que entre los elegidos no figure ningún mexicano, pese a que organizaciones vinculadas con la Iglesia propusieron oportunamente a varios de ellos. Que sepamos, a los cardenales Rivera Carrera y Sandoval Íñiguez, al obispo Onésimo Cepeda y a Álvaro Corcuera, sucesor del padre Marcial Maciel Degollado al frente de los Legionarios de Cristo. De haber incluido a alguno de ellos seguramente el tiraje del calendario (40 mil ejemplares, a 15 dólares cada uno) hubiera sido muchísimo mayor, habida cuenta del carisma que despiertan los cuatro mencionados entre la feligresía. Y porque en el caso del cardenal Sandoval Íñiguez, el gobierno de Jalisco, de reconocida tradición laica, hubiera hecho una compra masiva para adornar las oficinas públicas y los sitios turísticos de dicha entidad.

En cuanto a don Álvaro Corcuera, que goza de todas las confianzas de los creyentes, su política del silencio como homenaje a las virtudes del más allá le ha acarreado un cúmulo de simpatías al punto de que, con tal de respetarlo, nadie habla de él. ¿Para qué mencionar a un apóstol de la sonrisa sin palabras? Don Álvaro pasa por la vida con noble transparencia, razón por la cual si va a un coctel los periodistas no lo mencionan, si asiste a un moribundo, la familia no lo agradece, si reparte bendiciones, la gente se queda con la conciencia de antes. Nunca el silencio había sido un homenaje tan fervoroso como en el caso de don Álvaro Corcuera. Si usted lo ve, no le permita a su conciencia onomástica darse por enterada. A un bendito del silencio el carisma le parecería una fiesta en el Zócalo. Él nació para que el registro de su existencia se confunda con el olvido.

¡Qué diferencia con el padre Maciel!, que hasta hoy sigue siendo recordado por creyentes y no creyentes, que incluso lo dibujan como un hombre sin límite de edades.

El consejo del nuevo año: “Yo tengo una suerte y se lo agradezco mucho a Dios, porque luego de mi problema con el cáncer veo la vida de otra manera y la vivo de otra manera (…) realmente gozarla porque nada más hay una. Es importante que las mujeres sepan que el cáncer es curable si se detecta a tiempo. Hay que aprender a conocer nuestro cuerpo y explorarnos sin pena ni prejuicios; y si en esa exploración encuentras algo anormal, hay que ir de inmediato al médico”. Alejandra Guzmán, roquera.

 
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