Usted está aquí: domingo 13 de enero de 2008 Opinión Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

Detrás del ginocidio de Benazir: ¿el petróleo de Baluchistán?

Ampliar la imagen Benazir Bhutto, poco antes de ser asesinada, el 27 de diciembre pasado Benazir Bhutto, poco antes de ser asesinada, el 27 de diciembre pasado Foto: Ap

La serie de cinco artículos premonitorios que abordamos sobre Pakistán (“Pakistán: ¿Qaedastán y talibanización benditas por Baby Bush?”, 11/11/07; “¿Pakistán: hacia la balcanización?”, 18/11/07); “¿Se le revirtió a Baby Bush el añejo arco de la crisis?”, 21/11/07; “Nuevo dilema bushiano: ¿invadir Irán o Pakistán?”, 25/11/07, y “¿Será Pakistán escenario de la tercera guerra mundial?”, 28/11/07) arrojan luz sobre los intereses que se encuentran detrás del ginocidio (asesinato de mujeres) de Benazir Bhutto, inmolada en el altar de la hipócrita “democracia” por sus controladores de la banca israelí-anglosajona (Bajo la Lupa, 30/12/07).

La revista neoliberal británica The Economist (4/1/08) sabe lo que dice cuando cataloga a Pakistán como “el punto más peligroso del mundo”. En efecto, la perversidad del MI6, los célebres servicios de espionaje británicos, quedó manifiesta dos días antes del ginocidio de Benazir, cuando dos de sus agentes fueron atrapados en sus conversaciones secretas con los talibanes (The Daily Telegraph, 26/12/07): ese rotativo británico revela con inclemente cinismo que el “mayor objetivo británico es crear un país separado a lo largo de la transfrontera de Pakistán y Afganistán para socavar tanto a Islamabad como a Kabul”.

The Independent (27/12/07) explaya con lujo de detalle el “nuevo gran juego” británico en el subcontinente indio.

Es nuestra hipótesis que detrás de la desintegración de Pakistán la banca israelí-anglosajona desarrolla una triple estrategia geoenergética: 1. Contener la salida de China (con la que comparte Pakistán una frontera de 523 kilómetros) al puerto de Gwadar (que por cierto financia) en la provincia de Baluchistán y en colindancia con el mar Arábigo para abastecerse del petróleo en el contiguo golfo Pérsico; 2. Impedir el proyecto del oleoducto Irán-Pakistán-India cuando Nueva Delhi se retractó de su acuerdo de aprovisionamiento de combustible nuclear con el régimen torturador bushiano, y 3. Controlar los pletóricos yacimientos energéticos de la provincia paquistaní de Baluchistán (frontera con Irán y Afganistán).

El feroz Michel Chossudovsky, profesor de economía en la Universidad de Ottawa (Global Research, 30/12/07), expone que detrás de la desestabilización programada de Pakistán (v. gr. el reporte del Consejo de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Energy Compass 2/3/05) subyace la captura de las “pletóricas reservas de petróleo y gas, ampliamente localizadas en la provincia de Baluchistán, así como los corredores de oleoductos considerados estratégicos por la alianza anglosajona, que requieren la concurrente militarización del territorio paquistaní”.

Chossudovsky pone de relieve la inmensidad de la provincia de Baluchistán, casi la mitad territorial de Pakistán, que posee cuantiosas reservas de oro y gas natural, “así como extensos recursos minerales”: ¡la dosis perfecta para una balcanización anglosajona!

No se le escapa que el proyecto del corredor del oleoducto entre Irán e India atraviesa Baluchistán, que también posee “un puerto profundo ampliamente financiado por China localizado en Gwadar, en el mar Arábigo, no lejos del estrecho de Ormuz, donde fluye 30 por ciento del petróleo mundial”.

No suelta prenda y desmenuza a sus contratistas foráneos (entre los que se encuentra la gasera estadunidense Pennsylania Power & Light): “Pakistán posee 25.1 millones de millones de pies cúbicos de reservas probadas de gas localizadas en Baluchistán”, con mayor especificidad en los yacimientos petroleros de Sui, bajo la sabia supervisión de la dupla agónica Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial.

Las previsiones sobre las reservas probadas de petróleo en Baluchistán van de un mínimo de 300 millones de barriles hasta unos azorantes 6 millones de millones (billones, otrillones en anglosajón), por lo que no es de asombrarse que la “mano invisible” de la balcanización anglosajona promueva el separatismo de la insurgencia baluchi “apuntalada por Estados Unidos y Gran Bretaña”.

Acusa que los “servicios de inteligencia británicos” proveen presuntamente apoyo encubierto a los separatistas de Baluchistán (quienes desde el inicio han sido reprimidos por los militares de Pakistán)”. La acusación es extensiva a la CIA y al Mossad israelí, los cuales también “apoyan a los separatistas baluchis en la transfrontera de Irán y el sur de Afganistán”.

Sin tapujos, Chossudovsky acusa que “Washington favorece la creación de una Gran Baluchistán que integraría las áreas baluchi de Pakistán con las de Irán y posiblemente con la parte sur de Afganistán, lo cual desembocaría por consiguiente en un proceso de fractura política tanto de Irán como de Pakistán”. Cita al académico militar estadunidense teniente coronel Ralph Peters, quien en un artículo reciente sugiere que “Pakistán debe ser descuartizado, para desembocar en la formación de un país separado: el Gran Baluchistán o el Baluchistán Libre, que deberá incorporar las provincias baluchis de Pakistán e Irán en una sola entidad política”.

Según Peters, “la provincia de la frontera noroccidental (NWFP, por sus siglas en inglés) deberá ser incorporada a Afganistán debido a su afinidad étnica y lingüística”. No lo dice, pero se trata ni más ni menos que de la creación de un nuevo califato: el Pashtunistán, donde se recrean las entidades jihadistas-salafistas de los talibanes y Al Qaeda, quienes buscan adueñarse de la dotación de 100 armas nucleares del ejército paquistaní para aterrorizar a sus vecinos.

Las tendencias separatistas no se limitan a Baluchistán, refiere Chossudovsky, y han infectado extensos sectores de la provincia del Sind (de donde era oriunda Benazir), que “se basan en su oposición a la dominación militar de la provincia del Punjab (nota: el lado paquistaní) del régimen del general Pervez Musharraf”. Así que el nuclearizado Pakistán podría volar en por lo menos cinco nuevos pedazos, perdón, países: Baluchistán, Sind, Punjab, Cachemira y NWFP, lo cual pondría en ascuas a sus cuatro vecinos (Irán, India, China y Afganistán) y de plácemes a la banca israelí-anglosajona.

Sobre el ginocidio de Benazir, inmolada en Rawalpindi, guarnición militar inexpugnable controlada por sus célebres servicios de inteligencia (ISI, por sus siglas en inglés) en las afueras de Islamabad, Chossudovsky concluye los vínculos inextricables entre el “ISI y Al Qaeda en representación de los servicios de espionaje estadunidense”, como se ha reportado en “dos importantes hechos documentados: 1. ISI mantiene lazos estrechos con la CIA y es virtualmente un apéndice de la CIA; 2. Al Qaeda es una creación de la CIA. ISI provee apoyo encubierto a Al Qaeda, que actúa en representación del espionaje estadunidense. El involucramiento de Al Qaeda y/o ISI sugeriría que el espionaje de Washington estaba al tanto y/o se encuentra implicado”. ¡Pues sí!

El portal Debka, presuntamente vinculado a los servicios secretos israelíes del Mossad y al partido fundamentalista hebreo Likud (4/1/08), coincide en que la CIA fue la creadora de Al Qaeda y maneja como una de las teorías detrás del ginocidio de Benazir la probable balcanización de Pakistán, específicamente de Baluchistán, con sus pletóricos recursos naturales y, sobre todo, como una “cuña estratégicamente situada entre Irán y Afganistán”.

Como que el ginocidio de Benazir huele a gas proveniente de Baluchistán.

 
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