Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 13 de enero de 2008 Num: 671

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La ciudad y las bicicletas
RICARDO GUZMÁN WOLFFER

La desaparición
YORGOS YERALÍS

Diplomacia cultural: elementos para la reflexión
ANDRÉS ORDÓÑEZ

Santa María, California
AGUSTÍN ESCOBAR LEDESMA

Un paso adelante hacia
El Paso

FRANCISCO CALVO SERRALLER

Cincuenta años del grupo El Paso
MIGUEL ANGEL MUÑOZ

La otra Frida
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Mínima postal cinematográfica habanera (V y última)

El segundo largometraje de la venezolana Mariana Rondón, Postales de Leningrado (2007), llegó al vigesimonoveno Festival de la Habana habiendo obtenido el Gran Premio en Biarritz, el reconocimiento del Público Joven, así como el Premio Revelación en la Mostra de San Pablo, entre otros galardones. Asimismo, es la candidata venezolana este año tanto para los Goyas como para los mercadotécnicos Oscares.

La de Rondón, en primer y último términos, es una búsqueda de la belleza, y también una construcción de la misma, cuando aquélla se muestra renuente a mostrar su necesaria imagen. El origen de dicha búsqueda-construcción, al mismo tiempo que el entorno en el que tiene lugar, es la realidad venezolana de la década de los años sesenta, en muchos sentidos emparentada e inclusive idéntica a la que se vivió en prácticamente todo el resto de Latinoamérica: gobiernos aferrados al poder por medio de las armas y su uso represivo, persecución política, levantamientos armados que corrieron mejor o peor suerte, aniquilación sangrienta del adversario disidente, manipulación mediática y noticiosa, maquillaje de la realidad, etcétera.

Nada más fácil, como bien se sabe, que tratándose de temas así se incurra ya por voluntad, ya por impericia, en el panfleto, el esquematismo y en un ejercicio de denuncia desvalorizado por su propia superficialidad. En evitar ese gran riesgo consiste el mayor acierto de Rondón, también guionista, para lo cual apeló, como arriba se apunta, a construir buscándola o buscar construyéndola, una delicada forma de belleza en medio de tanto horror como se vivió hace unos lustros –y que de hecho sigue viviéndose en más de un país.


Escena de Postales de Leningrado Foto: reindertot.com

Entrevistada para el Diario del Festival, Rondón dice que “ Postales de Leningrado habla de algo que, en definitiva, me ocurrió a mí y a otros niños quienes, como yo, aprendimos a vivir en silencio”. Esa experiencia directa fue extrapolada para la construcción de un personaje-narrador en el que descansa tanto el hilo narrativo como la mayor parte del peso dramático de la cinta: una niña que fue la primera en nacer precisamente el día de las madres, por lo cual progenitora y recién nacida aparecen fotografiadas en los diarios. Pero lo que podría ser un trivial asunto de nota periodística de relleno es muy otra cosa, si se considera que la madre es una joven guerrillera, cuya condición clandestina ha sido así puesta en riesgo.

Desde un silencio que lo observa todo, esa niña conduce la trama desde adentro , incluso antes de ser dada a luz, y al hacerlo va revelando los estados de ánimo, las necesidades básicas, los propósitos últimos, así como un modo de ser y pensar que para muchos hoy parecería anquilosado, demodé , pero que da raíz, ya sea que uno se dé cuenta o no, a los ejercicios actuales de resistencia contra un modelo político-económico que sigue siendo el mismo, sólo que gatopardeado. Contra toda lógica, esta niña de múltiples nombres –uno por cada estación de su vida clandestina-- sostiene, con su simple mirada y sus palabras simples para describir lo que ve, lo que hay de bello en el hecho de ser consecuente con las propias ideas.

DE PILÓN

Sobre el mismo tema y con un tratamiento cercano en forma y con similar buena fortuna, en La Habana fue exhibido El año que mis padres salieron de vacaciones , filme brasileño de 2006 que ya se había presentado en Guadalajara y en otros festivales. Dirigido por Cao Hamburger , se ubica cronológicamente en 1970, es decir, a seis años de instaurada la dictadura militar en Brasil. Más precisamente, la trama se desarrolla mientras tiene lugar el campeonato mundial de futbol en México, cuando la selección brasileña tenía –se supone, cualquiera da por hecho--, a todos sus connacionales pendientes de la tercera obtención de la Copa Jules Rimet. Así fue para Mauro, un adolescente sólo capaz de pensar en Garrincha, Pelé y compañía; no así para sus padres, cuyas vacaciones son en realidad la obligada huida para escapar de los mílites a punto de caerles encima con el garrote. La de Mauro es una transición, involuntaria e inesperada, de su joven inconsciencia anestesiada a fuerza de goles y gambetas para pasar a darse cuenta de que ni todo era gloria futbolera e incipientes voyeurismos sexuales, ni todo era verdeamarelho en un país victimizado por la represión.

De México, entre otras, fue presentada Cobrador; in god we trust, el retorno de Paul Leduc a la realización cinematográfica, de lo cual se hablará aquí dentro de siete días.