Usted está aquí: lunes 14 de enero de 2008 Economía México SA

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Carlos Fernández-Vega
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Cananea, un siglo después

El conflicto minero confirma quiénes son los que mandan

El caritativo Larrea

Ampliar la imagen Trabajadores de la mina de Cananea afuera de las instalaciones, tras el anuncio de que su huelga fue declarada inexistente Trabajadores de la mina de Cananea afuera de las instalaciones, tras el anuncio de que su huelga fue declarada inexistente Foto: Ap

El espectáculo ofrecido por el gobierno federal en favor del zar del cobre, Germán Larrea, es digno de inicios del siglo pasado. Un conflicto minero en Cananea de nueva cuenta se utiliza para confirmar, por si alguien no estaba enterado, quiénes son los que mandan y al servicio de quién está la “autoridad”.

Es vergonzoso observar cómo un “gobierno” se hinca frente al gran capital, actúa como su cancerbero y procede como rompe huelgas, mientras el gobernador sonorense, Eduardo Bours, por instrucciones del centro, opera la pandilla; el secretario del Trabajo, el pianista Javier Lozano Alarcón, promueve la contratación de esquiroles para “acabar con el conflicto”; la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje da el visto bueno para la irrupción de las policías federal y estatal en la mina de Cananea antes de declarar “inexistente” la huelga y notificar su decisión a la parte sindical, y, en fin, la empresa, Grupo México, pretende “solucionar” el entuerto a golpe de chequera, como lo hizo en Pasta de Conchos.

Germán Larrea y su siempre caritativo Grupo México ordenó a sus operadores (entre ellos una docena de ex funcionarios públicos de primer nivel en gobiernos pasados) ofrecer a los trabajadores en huelga, entre otras cosas, lo siguiente: un bono de 15 mil pesos y otras prestaciones ordinarias y extraordinarias a los trabajadores que se reincorporen a las labores en Mexicana de Cananea antes de 72 horas; los mineros que acepten se sumarán a los trabajos “sin problemas, con prestaciones y sueldo íntegro”; otorgará un subsidio de gas doméstico en enero y febrero, además de 68 por ciento del sueldo, mientras no se tenga producción, ya que en ese periodo se restaurará el equipo; “bono de asistencia perfecta a partir del reinicio de labores (siempre y cuando sea hoy) y una foto a color del patrono Germán Larrea Mota Velasco sobándose las manos y acariciando las testas de Felipe Calderón, Eduardo Bours y Javier Lozano Alarcón.

En vía de mientras, va el siguiente comentario, que al final de cuentas 100 años no han sido nada: “No sabemos si los elocuentes hechos de Cananea habrán convencido al fin a los que, ciegos, no han podido ver el peligro que entraña el fenomenal incremento del capital americano en nuestra patria. Embrutecidos por las mentiras que propalan los periódicos de la dictadura, no reflexionamos, no nos tomamos el trabajo de pensar –puesto que el gobierno piensa por nosotros– lo peligroso que es para una nación débil como la nuestra, situada al alcance de la mano de otra nación poderosa y ambiciosa, esa prodigiosidad de franquicias que, puede decirse, pone nuestros intereses y aun la soberanía nacional a merced de la ambición del coloso americano.

“(El dictador) no ha encontrado otra cosa para hacerse el bombo a que está tan acostumbrado y que tanto necesita para que se le crea necesario por los bobos, que abrir los brazos a los negociantes extranjeros que, agradecidos, propalan en el exterior la grandeza de un gobierno en la que no creen los mexicanos. Bien convencido nuestro dictador de que el pueblo detesta su largo reinado, busca en el exterior el prestigio de que aquí carece, y tanto a eso como a los turbios negocios a que se entregan muchos de sus favoritos con quienes no quiere ni podría reñir, porque son su único apoyo interior, se debe esa invasión espantosa del capital americano que ya preludia el futuro desastre de nuestra nacionalidad.

“Nuestro porvenir, de continuar esa política de servilismo para el yanqui que ha dado tan triste fama a nuestro gobierno entre el pueblo, y ha despreciado tanto a nuestra nación en el exterior, porque las adulaciones interesadas que se hacen de Porfirio Díaz en el extranjero trascienden a mercenarismo, nuestro porvenir es ya bien claro: la esclavitud y la conquista.

“Sigamos fomentando el capital americano, si es que ya no queremos ser mexicanos; veamos impasibles la invasión yanqui a nuestro territorio, si es que nos conformamos con ser vasallos de un soberano extranjero, si en nuestras venas ya no corre aquella sangre con que los héroes escribieron sus nombres en la historia, si estamos tan degradados que poco nos importa vivir como ganado que todos pueden atropellar y del cual todos pueden disponer. Entonces seremos más degradados que las bestias, porque éstas defienden el cubil donde guardan sus cachorros.

“Creemos que todavía es tiempo de volver sobre nuestros pasos hasta el lugar en que dejamos el honor por seguir la senda torcida que nos marcó el despotismo y en la cual ya comenzamos a tropezar con los más serios obstáculos. Si seguimos por el mismo camino, después de andar un poco más ya no podremos buscar el bueno, el camino amplio y limpio que despreciamos por la admiración que nos causaron las lentejuelas del (dictador). Todavía es tiempo, conciudadanos; todavía es tiempo...”

Lo anterior es tan actual como la denuncia misma, hecha por Ricardo Flores Magón, alias Anakreón, quien publicó esos comentarios en el periódico El Colmillo Público (número 146) del 24 de junio de 1906, en el que relata “los hechos acaecidos en el mineral de Cananea en días anteriores”.

Las rebanadas del pastel:

Beneficios, aunque no existan: el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, dependiente del Consejo Coordinador Empresarial, asegura que de 1994 a 2007 “el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha contribuido a crear casi cinco millones de empleos”, lo cual resulta por demás dudoso, por no decir falso. En ese periodo la estadística oficial registra 4 millones 800 mil empleos (eventuales 40 por ciento de ellos) en toda la actividad económica nacional, que incluye a los sectores no relacionados con el TLCAN, es decir, a la mayoría. Ahora resulta que todo es gracias al trilateral. Sí, como no.

 
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