Usted está aquí: lunes 14 de enero de 2008 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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Año decisivo para el Distrito Federal

Fundamental, el equilibrio político y económico

Al rescate de derechos ciudadanos conculcados

El año que comienza nos dice, sin tener que acudir a los adivinos, que en la ciudad está por empezar una larga caminata por el estrecho filo de una navaja, y que será el equilibrio de las mediciones políticas, y económicas, el que configurará el horizonte de la ciudad capital para lo que resta del sexenio.

El gobierno de la ciudad tendrá más dinero que nunca, pero nunca, tal vez, se había visto tan apremiado por las necesidades de una población que creció, y se aglomeró, sin que sus gobiernos tuvieran en consideración los ajustes necesarios para ofrecerle los mínimos de bienestar requeridos para su sobrevivencia.

El Distrito Federal padece por los males que le provocaron los 15 años recientes, cuando menos, de olvido institucional. Las calles, ya angostas, se hicieron cada vez más estrechas a la llegada de una ola interminable de nuevos automóviles; los servicios de salud se convirtieron en centros de tortura moral y física, para todos los que tenían la desgracia de caer en ellos; la educación, pública y laica, rompió sus lazos con la sociedad y se la dejó caer en manos de negociantes, la mayoría inescrupulosos, o se le ató a prejuicios religiosos que han ido destrozando, poco a poco, los principios de convivencia social que daban sustento al pacto de civilidad que hacía posible la paz social.

En fin, no quedó rastro de los derechos que merecía el ciudadano del Distrito Federal, por los que paga buena parte de su salario en impuestos. Esa etapa negra terminó, o casi, con la elección de un gobierno de izquierda que, continuado ya por una década, tuvo como primera tarea enderezar los renglones torcidos del neoliberalismo.

Eso nos da la idea de hasta dónde tendrán que redoblarse esfuerzos para hacer de esta ciudad un lugar donde se pueda vivir con la dignidad que merece un ciudadano que cumple, por ejemplo, con el pago de impuestos y que demanda los servicios que implican esas contribuciones, y que apenas ahora se empiezan a ver reflejadas en su vida cotidiana.

Por eso este año tiene una importancia vital: el proseguir en tareas fundamentales como las ayudas a los más necesitados, o la construcción de nuevas y mejores vías de comunicación, o las formas que ha encontrado el gobierno para brindar esparcimiento a sus ciudadanos.

Pero además, el factor de lo político interno de muchas maneras agita el agua entre los ríos del PRD que no fluyen, como muchos quisieran, hacia el interés de alguna corriente en particular, ni supone favoritismos que mal obren en la idea de hacer del PRD en el Distrito Federal la entidad política que complete la labor del gobierno.

Cárdenas decidió por Carlos Imaz como presidente de ese partido en la ciudad; López Obrador fue con Agustín Guerrero, y ahora las diferentes corrientes, casi todas, están de acuerdo en que sea Marcelo Ebrard quien tenga el voto de calidad para elegir al nuevo presidente del PRD en el DF.

Esas mismas corrientes han anticipado un veto a quien se dice “el candidato de Marcelo”, pero aceptan que la mejor decisión puede llegar de la jefatura de Gobierno, siempre que no sea la que, por el momento, cuando menos, ellos han descartado.

Hay muchos nombres en la mesa, pero antes de que se tome una decisión se habrá de operar algunos cambios en el gabinete de Marcelo Ebrard, mismos que podrán dar una idea de por dónde va a transitar el jefe de Gobierno en este año trascendental.

De pasadita

Lo que dentro y fuera de ese partido ha sido severamente censurado es el nombramiento de Porfirio Muñoz Ledo, el mismo que levantó la mano a Fox en la columna de la Independencia, el mismo que fue abucheado en el Zócalo y a quien hoy se pretende como representante de los mismos a los que ofendió. Eso, dicen, no se vale.

 
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