Usted está aquí: martes 15 de enero de 2008 Opinión En el valle de las sombras

Carlos Bonfil
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En el valle de las sombras

Cuando el veterano de la guerra de Vietnam, Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) descubre que el cuerpo de su hijo Mike, combatiente en Irak (declarado desertor o ausente sin permiso –AWOL, absent without leave) ha sido misteriosamente mutilado y carbonizado en un terreno baldío en Nuevo México, sus certidumbres morales y su confianza en las instituciones militares se derrumban por completo. En el valle de las sombras (In the valley of Elah), de Paul Haggis (Alto impacto/Crash, 2004), es el recuento minucioso de la investigación que inician Hank y la detective Emily Sanders (Charlize Theron) para desentrañar el misterio que envuelve la ejecución brutal del joven soldado. El empeño combinado de estos dos personajes se ve continuamente obstaculizado por las autoridades policiacas que deciden remitir a las fuerzas militares la responsabilidad de la pesquisa (con un argumento de jurisdicción territorial), con la finalidad de protegerse y dar por cerrado un caso en definitiva incómodo.

La cinta describe el empecinamiento de Hank Deerfield en vencer las trabas de la burocracia institucional y su afán por conocer los motivos de la posible deserción de su hijo, sus vivencias en el terreno de combate (registradas en imágenes violentas en su teléfono celular), y recabar paralelamente los testimonios de los compañeros de Mike, lo que constituye en poco tiempo una suma de evidencias sobre la deshumanización de los jóvenes soldados en una guerra considerada absurda.

Haggis, también guionista de varias películas recientes de Clint Eastwood, acomete una cinta ambiciosa y plagada de escollos. El tratamiento del tema difícilmente podría considerarse novedoso, y la deshumanización castrense y los efectos traumáticos de la participación en un conflicto infortunado tiene antecedentes notables en los trabajos de Coppola (Apocalipsis ahora) y Stanley Kubrick (Cara de guerra/Full Metal Jacket), entre muchos otros.

En el valle de las sombras elige, sin embargo, combinar con astucia un alegato claramente antibélico con una trama de misterio en la que se revela la complejidad anímica de quienes participan hoy en la guerra, de la generación que les precedió en un esfuerzo igualmente vano y de una opinión pública crecientemente inconforme con una noción de honor militar desacreditada. Este desencanto lo encarna de modo soberbio Tommy Lee Jones (director y protagonista de Los tres entierros de Melquíades), quien domina toda la cinta con un juego histriónico deliberadamente lacónico y contenido.

En una escena el viejo Hank explica a un empleado militar de origen salvadoreño, encargado de izar todas las mañanas la bandera estadunidense, el significado de un lábaro invertido. Cuando la bandera se presenta así –dice– esto significa que la nación está en crisis. Y es de esta forma, como toda la película, presenta este símbolo de naufragio moral y desencanto.

Haggis captura con acierto el clima melancólico y pesimista, desde la manera en que Hank Deerfield escucha el relato de las torturas y atrocidades de los compañeros de su hijo (“Todos fuimos estúpidos”, admite uno de ellos con una pequeña risa no menos estúpida), hasta la aceptación estoica de la muerte sucesiva de dos hijos reflejada en el rostro vencido de la esposa Joan (Susan Sarandon), e incluso en esa sucesión de imágenes entrecortadas en el video amateur del hijo fallecido, apodado Doc por la precisión quirúrgica con que torturaba a los combatientes capturados metiendo una y otra vez la mano en sus heridas abiertas. Un pequeño diario audiovisual de la infamia en manos ahora del padre sin sosiego que progresivamente asiste a las metamorfosis de su hijo víctima y victimario.

Este clima moral tiene su reflejo idóneo en las imágenes que propone el fotógrafo Roger Deakins de las regiones desérticas de Nuevo México. Si las encuestas más recientes señalan la progresión del desencanto de la opinión pública estadunidense ante la guerra, la cinta de Paul Haggis ofrece de este desánimo una ilustración oportuna y contundente. Y si a algunos esto les parece un señalamiento reiterativo, a muchos más apenas se les antojará suficiente.

 
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